Pagan migrantes festejo de López Obrador

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  • Quienes pagaban la fiesta por el cumpleaños 68 del Presidente Andrés Manuel López Obrador eran los mexicanos que viven en Estados Unidos.

JESÚS LEÓN / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Por música no paró la fiesta. Hubo mariachi, hubo norteño, blues, incluso ópera con el Ensamble Coral Vocalis.

Había dinero, quienes pagaban la fiesta por el cumpleaños 68 del Presidente Andrés Manuel López Obrador eran los mexicanos que viven en Estados Unidos, aquellos a quienes el Mandatario llama héroes porque envían dinero para que el País no se hunda en la crisis.

“El año pasado sí nos costó mucho pagar el mariachi, pedimos entre los conocidos de Morena y con trabajos alcanzamos, pero ahora los migrantes mandaron el dinero”, decía muy temprano la señora Cristina Zamudio, con una hilera de muñecos del Presidente colgándole en el cuello, del colectivo de admiradoras “Las Adelitas de AMLO”.

Clareaba en el Zócalo y a esa hora el Mariachi Internacional Alma de México, de 3 mil 400 pesos la hora, ya había cantado las primeras mañanitas a cobro remitido al Colectivo de Migrantes Placita Olvera, de Los Ángeles, California.

Habían entonado las mañanitas muy temprano para una veintena de fanáticos obradoristas que temblaban de frío bajo el Palacio Nacional, en la esquina de Zócalo y Pino Suárez, aunque fue hasta que cantaron “El Rey”, cuando entraron en calor.

“Con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley”, entonó el coro y claro, decía Julia Klug, una güera de aretes gigantes con la foto de Lopez Obrador y enagua mexicana: “Chinguen a su madre pinches panistas y priistas, su palabra es la ley, ¿como la ven?”.

Luego fue a pagarle al mariachi y les pidió que firmaran una hoja arrugada por 6 mil 800 en total y propina de 500. Le tomó foto y la mandó a Los Ángeles.

Había fe, certeza de que “como AMLO, no hay dos”. La certeza de que el Presidente los miraba por algún balcón de su Palacio. Si creían que existía “La Cuarta Transformación del País”, no había por qué desconfiar de nada.

“Él es Escorpión, igual que yo: yo soy del 7 de noviembre y el es del 13. Para mi él es un angelote, es un enviado del Señor, cuando lo saludo, hasta siento que me da energía”, decía Zamudio.

“Ha hecho cosas maravillosas. ¿Quién ha hecho lo que él ha hecho? Nadie, ningún Presidente ratero, como Calderón, ¿por qué no apoyar a un hombre como Andrés Manuel?”, agregaba, sin detenerse en algún logro concreto.

Corearon que es “un honor estar con Obrador” y “que valiente, honesto, así es mi Presidente”, partieron un pastel con los colores de Morena y cantaron el Cielito Lindo, bailaron el Jarabe Tapatío, gritaron “AMLO, mi amor, asómate al balcón” y repartieron 100 tamales y 100 cafés de parte de los que se han ido expulsados de México.

La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos reportó 283 mil 965 mexicano detenidos entre enero y mayo al sur de su frontera, 194 por ciento más respecto a 2020.

“Vamos a llegar a 50 mil millones de dólares en noviembre, imagínese eso, un abrazo para nuestros paisanos migrantes, por eso le llamamos héroes, heroínas”, dijo López Obrador dos días antes en Colima.

Así que por remesas no había de qué preocuparse, apenas pasaban las nueve de la mañana y la fiesta iniciaba. Llegó la Banda Rancho Nuevo de Duranguense y abrió el AMLOfest frente a la puerta principal de Palacio Nacional, junto al campamento de maestros de Guerrero que desde hace dos meses piden plazas de trabajo.

“Si lo tuviera de frente le diría ‘Te AMLO'”, dijo el cantante Carlos Martínez, que fue confundido con El Komander, pero no por eso dejó de cobrar a 5 mil pesos la hora.

El AMLOFest fue patrocinado por los colectivos Morena New York y el Obradorista de Migrantes, de Santa Bárbara, California, con los grupos Street Blues, de 6 mil por dos horas; y los mariachis Tamazula, de 3 mil la hora, y Juvenil Corona, de 5 mil, más otros grupos no identificados que reunieron a tanta gente frente al Palacio, que parecía un 15 de septiembre.

En una esquina los obradoristas montaron una carpa para recabar firmas para la “ratificación” del Presidente.

Unas 200 personas cantaron de nuevo las mañanitas y el Cielito Lindo cerca de las cinco de la tarde. Hubo tacos de canasta y confeti. Flores y matracas. Globos metálicos. Serpentinas y besos y abrazos sin temor al coronavirus.

Gritos de rencor, pasión y furia: “No que no, derechangos culeros”, gritaban en una fiesta a la que no se asomó el Presidente, pero que duró hasta pasadas las 19:00 horas.

“No salió, de seguro está trabajando porque nunca nunca descansa”, declaró agarrado a las vallas que protegen el palacio virreinal un tabasqueño de Huimanguillo.

Llevaba gorra de la Virgen de Juquila y se decía desempleado, pero con planes de irse “para el otro lado”.

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