Del tostón al QR… aunque no todos

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  • La ola digital en la Ciudad de México, originada principalmente por la pandemia, no beneficia a todos por igual.
EDUARDO CEDILLO MARTÍNEZ / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- La ola digital en la Ciudad de México, originada principalmente por la pandemia, no beneficia a todos por igual.

Mientras los organilleros ya pueden recibir donativos vía aplicación o código QR, los dueños y encargados de puestos ambulantes de comida, ropa, frutas y accesorios ignoran métodos de pago diferentes al efectivo.

Incluso, quienes aceptan en la calle vales de Gobierno o de despensa solo los reciben en papel, no en tarjetas. Lo más cerca que los negocios de banqueta llegan a estar de los pagos digitales es aceptar transferencias bancarias.

“Aquí puro efectivo, si quieres pagar con tarjeta sólo en establecimientos, en las tiendas. Pero aquí afuera está muy cab…, bueno yo no sé usar la tarjeta”, dijo un vendedor de artículos navideños en el Centro Histórico.

“¿QR? No, aquí todavía no llega la tecnología, yo llevo 30 años aquí y siempre se ha pagado con efectivo”, señaló un bolero de zapatos frente a Palacio Nacional.

Los carritos de hamburguesas, hot dogs, elotes, chicharrones, quesadillas, puestos de pilas, memorias, bolsas, cinturones, de revistas, ni siquiera conocen las terminales de pago móviles.

El problema de raíz es el desconocimiento que hay sobre el sistema financiero, la variedad de opciones que ya hay en el mercado y el hecho de que los comercios informales no quieren que las instituciones gubernamentales conozcan sus ingresos, explicó Abraham Garza, Head of Marketing de NetPay.

“Muchos de estos negocios trabajan bajo un flujo de efectivo al día, ellos necesitan el efectivo para ir a comprar materia prima en la tarde, preparar en la noche y vender en la mañana. Entonces, trabajan bajo la idea de que una comisión (por aceptar tarjeta) le va quitar un gran porcentaje de su ganancia al día y la realidad es otra”.

En contraste, desde hace unos días, organilleros de la CDMX aceptan pagos con código QR y terminal bancaria. La pandemia despertó esa idea, pues dejo ver que los capitalinos no portaran dinero en efectivo, explicó el organillero, Adair Vázquez.

Con risas y asombro es como reaccionan las personas cuando se enteran de la iniciativa.

“Buscamos la forma que nos cayera un poquito más de ingresos porque en la pandemia no había gente en la calle. Salíamos a trabajar y a veces nada más sacábamos lo del camión, pero también nos dimos cuenta que la gente ya no cargaba dinero en efectivo.

“Ha sido bien aceptado, de repente la gente te dice ‘¿a poco sí?, no es broma?'”, explicó Adair.

 Junto con su papá, Juan Vázquez, y su amigo, Víctor Maya, camina durante ocho horas al día las calles para amenizar con el organillo.

Víctor es el encargado de cargar en la espalda el instrumento que pesa 35 kilos.

Piezas como “Feliz Navidad” y “El Tamborilero” suenan desde los cilindros en zonas como Avenida Reforma, la Roma y Condesa.

Adair y Juan, con sombrero en mano, entran a cafeterías y restaurantes para lograr que los comensales revisen en sus bolsillos o mochilas el dinero con el que les pueden retribuir el esfuerzo.

“Eso no sabía, es la primera noticia que sé, eso está mejor. No sé cómo le van a hacer, pero también por tarjeta se les puede apoyar más porque uno no siempre trae efectivo, me parece muy bien.

“Toda la vida me han encantado (los organilleros) y los admiro por andar cargando la caja. Es una tradición mexicana que a muchos no nos gustaría que se perdiera, por eso tenemos que apoyarlos siempre”, comentó la vecina Ana María Espinoza, quien no dudó en cooperar, en una próxima ocasión, con tarjeta de crédito o con el Código QR.

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