‘Debemos mantener nuestros protocolos’

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Debemos mantener nuestros protocolos enfermera
  • La enfermera relata que hubo casos de pacientes que le consternaron, que se le clavaron e incluso trascendieron hasta sus sueños.
NATALIA VITELA / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- El 24 de diciembre de 2020, la enfermera Irene Ramírez se convirtió en una de las primeras personas vacunadas en el país contra Covid-19.

El 14 de enero de 2021 recibió su segunda dosis y el pasado 16 de diciembre su refuerzo, pero al virus lo respeta, y dice que sobre Ómicron tiene sus reservas.

“Van a venir tantas variantes que no sabemos si ahorita está Ómicron y al rato va a venir qué… todo el abecedario”, señala.

Y es que la exjefa de enfermeras de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital General Dr. Rubén Leñero está consciente de que las vacunas no la protegen al 100 por ciento, es decir, no la dejan completamente libre de padecer esta enfermedad.

Sin embargo, también tiene claro que implementar todas las medidas no farmacológicas, como la sana distancia y el uso de cubrebocas, refuerzan la protección, por lo que pide extremar cuidados.

“Entonces lo que no debemos de perder de vista es que debemos mantener nuestros protocolos de cuidado, como la sana distancia, el uso de cubrebocas y vacunarnos. Y al menor síntoma o signo de malestar, acudir con el médico y no dejar que pasen tantos días para que no se agudice la situación.

“No sé después de Ómicron qué va a venir, todo mundo estamos esperando a ver con qué sale este virus”, reitera.

Para Irene ser de las primeras vacunadas contra Covid-19 en el país representó un privilegio, pero también una responsabilidad.

En entrevista, cuenta que desafortunadamente con la inmunización no se desvanecieron los recuerdos dolorosos y aún se le hace un nudo en la garganta al hablar de compañeros que perdieron la batalla contra el coronavirus en su propia unidad, o de pacientes que estaban esperanzados de volver a ver sus familias y les llegó la muerte antes de que eso fuera posible.

Jubilada el pasado 1 de diciembre, recuerda que, en los momentos más complejos de la pandemia, la unidad de terapia intensiva estaba saturada con siete pacientes y la mortalidad era muy alta, de dos pacientes al día.

“No es cierto que te acostumbras al dolor y a la muerte”, dice.

La enfermera relata que hubo casos de pacientes que le consternaron, que se le clavaron e incluso trascendieron hasta sus sueños.

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