NIDO DE VÍBORAS

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NIDO-ROMPEN-PÉNDULO-P

POR KUKULKÁN

AUNQUE faltan 23 semanas y media para conocer el nombre de quién se convertirá en la próxima gobernadora o gobernador de Quintana Roo, lo que está claro en el horizonte electoral es que quien triunfe vendrá a romper el esquema de repartición del poder estatal imperante durante más de cuatro décadas al que sólo estuvieron convidados —no podía ser de otra forma por la incipiente fundación del estado— los nacidos en la entidad y muy particularmente de las familias políticas de Cozumel (con cinco) y Chetumal (con tres). 

POR PRIMERA VEZ en 47 años de fundación del estado durante los que ha habido ocho gobernadores oriundos, está más cerca que nunca la posibilidad de que la silla del Palacio de Chetumal sea ocupada por una ‘fuereña’ o ‘fuereño’, como se refieren a los quintanarroenses avecindados que migraron libremente a este estado de oportunidades para apostar y arriesgar su trabajo o inversión al desarrollo de los principales centros turísticos (Cancún, Playa del Carmen y Tulum) provenientes del norte, centro y sur del país que, hoy por hoy, podrían ser favorecidos por un electorado cada vez más multicultural donde convergen habitantes de 122 nacionalidades, que igualmente han venido a contribuir en este esfuerzo.

DE LA LISTA de los cinco aspirantes con posibilidades reales para ser sometidos al escrutinio de una encuesta de donde saldrán ya con los nombres de los ganadores de la contienda interna de los diferentes partidos políticos y coaliciones, a excepción de la senadora panista Mayuli Martínez Simón que es oriunda de Chetumal, el resto nació en otros estados de la república: Mara Lezama Espinosa, la favorita de las encuestas, es de la Ciudad de México, tiene más de 30 años viviendo en Cancún; Marybel Villegas Canché, nació en Mérida, Yucatán, cuenta con una carrera política de 25 años radicando en Cancún; la diputada federal Laura Fernández Piña, de Torreón, Coahuila, también con más de 20 años en la política estatal igualmente avecindada en Cancún; y Roberto Palazuelos, nacido en Acapulco, Guerrero, hace más de tres décadas llegó como empresario hotelero a invertir en Tulum. 

EL ESQUEMA de sucesión tradicional, una especie de péndulo entre cozumeleños y chetumaleños, se agotó debido al desgaste a que lo sometieron los dos últimos gobiernos priistas que encabezaron Félix González Canto y Roberto Borge Angulo, oriundos de la Isla de las Golondrinas, cuya ambición desmedida por controlar también el poder económico de la entidad los llevó a desintegrar a la clase política que tocó construir a sus antecesores del dominante PRI, en cuestión de estructuras y organización, como fueron Pedro Joaquín Coldwell, Miguel Borge Marín o Mario Villanueva Madrid, a quienes más recuerdan los priistas de hueso colorado que hoy sobreviven en la orfandad.

EL ROMPIMIENTO de este esquema lo vino a propiciar una sociedad quintanarroense cada vez más despierta, atenta y exigente para involucrarse cada vez más en lo que pasa con los gobiernos municipales y el estatal, aderezada en 2016 con la candidatura de Carlos Joaquín González, vetado por González Canto desde 2011 cuando intentó competir por primera vez (entonces el elegido fue Borge Angulo), quien pretendió extender un maximato de tres sexenios del que todavía presume nostálgicamente que ha sido el único gobernador que impuso sucesor y al sucesor de este, Mauricio Góngora Escalante derrotado por Carlos Joaquín a través de la alianza PAN-PRD.

‘PARA que la cuña apriete debe ser del mismo palo’, reza el proverbio popular que seguidores de Carlos Joaquín citan para interpretar este rompimiento histórico como un acto democrático que abre la puerta a los “fuereños” para aspirar al máximo cargo del estatal, lo que en otras épocas propició la organización de las fuerzas políticas locales para evitar la llegada de dos contendientes que pagaron con cárcel su osadía de conquistar la gubernatura, Juan Ignacio García Zalvidea “El Chacho” y Gregorio Sánchez Martínez. 

EN ESTA etapa de transición, de cambio, fue vital la figura de un político con raíces en las poderosas familias quintanarroenses —hijo del padre de la política en Quintana Roo Don Nassim Joaquín Ibarra y hermano de Pedro Joaquín Codwell—, al que el priismo le echó en cara su crianza en la ciudad de Mérida, Yucatán, por razones de estudio, pero al que no pudieron impedir sentarse en la silla del Palacio de Chetumal, a pesar de la resistencia de los detentadores del poder estatal.   

HABRÁ quienes no estén de acuerdo que una de las aportaciones de Carlos Joaquín a la democracia estatal es esta apertura a la pluralidad política, desde luego empujado por las circunstancias sociales que se fueron dando, pero como dictan las reglas no escritas de la política, “los héroes de un grupo suelen ser los villanos de otro grupo”.

@Nido_DeViboras