Feminismos en corto y sin tanto rollo

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A las mamás no nos gustan las vacaciones

Por Haidé Serrano

A las mamás no nos gustan las vacaciones. Especialmente a las mamás que trabajamos. Menos a las mamás que trabajan y no tienen ayuda. Mucho menos si trabajan, sin ayuda y con el padre de l@s hij@s ausente. Mucho, mucho, menos si ganan el salario mínimo.

Las vacaciones, así como las tardes al salir los hij@s de la escuela, siguen siendo la gran preocupación de millones de madres mexicanas. Una tarea que se les ha asignado a las mujeres como parte de su rol y no así a los hombres, que convenientemente han ignorado, y de la que se han desentendido; el trabajo de cuidar de sus hijas e hijos que también es su obligación y responsabilidad.

Las mujeres juntas (muy vivas y nada difuntas) han construido redes de apoyo. Hilos que han tejido con las abuelas, tías, hermanas, primas, amigas, vecinas, colegas de trabajo. Tejidos de sororidad que han procurado a la infancia seguridad, amor, protección, educación y diversión. En los mejores casos ha sido así. Y muchas de nosotras nos hemos sentido orgullosas de esas redes de apoyo. Subrayamos la importancia del trabajo y el tiempo que otras personas han dado para la crianza de nuestros hijos e hijas. Un trabajo que la mayor parte de las veces ha sido gratuito. O bien, porque no se han tenido los recursos para pagarlo o porque se hizo por el gusto de servir y la solidaridad.

Pero el cuidado de las niñas, niños y adolescentes es obligación del Estado. Las niñas, niños y adolescentes tienen derechos. Y quien debe velar por estos y que sean cumplidos y respetados es el Estado. Las niñas, niños y adolescentes tienen, entre otros, derecho a la vida, a la supervivencia y al desarrollo; a vivir una vida libre de violencia, y a la integridad personal; a vivir en condiciones de bienestar y a un sano desarrollo integral.

Estos derechos se vulneran todos los días. Miles de niñas y niños se quedan solos en sus casas sin su madre y sin su padre, como es el caso de los sitios donde predomina la industria turística, como Quintana Roo; donde las jornadas laborales alcanzan las 14 horas.

Así, niñas y niños se quedan a merced de depredadores sexuales, violadores, acosadores y tratantes. El maltrato infantil ha ido aumentando. Podríamos ir agregando agravantes, como la pandemia, que evidenció una vez más que la mayor parte de las violencias que se comenten son en el entorno familiar. Según datos del propio gobierno federal, la violencia familiar aumentó en un 24% en el 2021, alcanzando máximos históricos. De 2018 a 2021, la autoridad registró 4 mil 401 homicidios de niñas, niños y adolescentes. El aumento de desapariciones de adolescentes, posiblemente con fines de trata, también registra picos alarmantes. Más las cifras negras, es decir, todos los casos que no son reportados a las autoridades.

Aunque la actual administración pública federal da un apoyo a madres trabajadoras, este es insuficiente y no necesariamente se aplica en la atención, cuidado y bienestar general de la infancia. Este apoyo es un monto económico ($1,600 pesos bimestrales por infante, de 1 año hasta un día antes de cumplir 4 años) que se deposita directamente a las cuentas bancarias de las madres trabajadoras.

¿Estos pesos son suficientes? ¿Cubren el pago a un/a cuidador/a profesional? ¿Alcanzan para una “guardería”? ¿Las madres trabajadoras utilizarán ese dinero para “el bienestar de los niños y niñas del país” como refiere el programa de la Secretaría del Bienestar? ¿Quién supervisará que las niñas y los niños del país estén recibiendo ese “bienestar” a través de sus madres, padres o tutores?

La realidad de millones de niñas y de niños es gravísima. ¿Quién les está cuidando? ¿Quién o quiénes están/estamos fallando? La responsabilidad primero es del Estado, pero mientras siga siendo un Estado machista, que delega sus obligaciones a las mujeres, el maltrato infantil continuará aumentando. Más la apatía de los hombres (ya sabemos que no todos) que siguen pensando que esa es una tarea de “viejas”.

@HaideSerrano es conductora del programa Feminismos en Corto sin Tanto Rollo. Está dedicada a la comunicación sobre feminismo, perspectiva de género, desigualdad y violencia. Ha trabajado en diversos medios de comunicación, entre los que destacan Reforma y Excélsior. Ahora columnista de Luces del Siglo. Es licenciada en Comunicación por la UNAM, maestrante en Administración Pública; en Género, Derecho y Proceso Penal.