Tu momento «¡Ajá!»

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Tu momento «¡Ajá!»
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Es importante a quien le dices qué y cuándo

XAVIER “XAVI” FLORES

¿Cuándo fue la última vez que tuviste una gran idea? Piénsalo. No. No pienses en la idea. Olvídate de cuál era la idea. Recuerda aquel momento «¡Ajá!». Concéntrate en lo que te pasó, lo que pasó por tu mente.

Piensa a quién le dijiste primero. ¿Quién fue la persona a la que primero le confiaste esa idea y por qué?

Después de un tiempo, si echaste en marcha la idea, probablemente también acudiste a alguien en busca de apoyo. ¿Quién era ese? ¿Por qué esa persona?

Por último, ¿qué hiciste con esa idea? Recuerda quién se convirtió en parte de esa idea y cómo te cambió.

Cuando era niño, cada vez que tenía una idea, un juguete nuevo o incluso un problema que resolver, casi invariablemente recurría a uno de mis padres. Luego, iba con mis amigos o compañeros de juegos. Necesitaba que fueran parte de lo que fuera que estaba inventando en mi mente infantil. Luego, finalmente, haríamos algo… muy inofensivo, pero muy importante para mí y para ellos en ese momento. Incluso muchos años después, como adulto, uno de mis padres suele estar en mi lista principal de primeras llamadas, seguido por colegas de confianza que pueden ayudarme a llevar la idea a alguna parte. No me di cuenta hasta hace poco de que en quién confiaba predecía mis éxitos y fracasos. No estaba yo solo en esa mi ignorancia de los pronósticos.

EL PRIMERO EN SABER

Cuando mi equipo evalúa una presentación comercial sobre un nuevo emprendimiento, siempre preguntamos sobre este proceso de comunicación. Rara vez se documenta y tomamos a los presentadores con la guardia baja. Sin embargo, hemos descubierto que cada vez que un emprendedor tiene una nueva idea de negocio, suele compartirla con alguien de su confianza. Lo hacen tanto para la validación como para el apoyo. Acude gente a quien valora emocionalmente como una primera vez.

Por mi parte, yo no lo sabía en ese momento, era un niño, pero me acercaba a mis padres porque confiaba en que escucharían lo que fuera que tenía que decir. A medida que crecí y la vida me arrojaba dilemas cada vez más complejos sobre los que decidir, por lo general me encontraba todavía llamándolos primero para preguntas personales. Muchos adultos se acercarán a su pareja cuando se trata de una promoción laboral o un evento importante que cambia la vida. Las ideas de negocios también se comparten primero en función de la confianza y luego del talento.

VE A BUSCAR AYUDA

La segunda tendencia que observamos es que una vez que la idea ha encontrado comodidad moral, la gente busca una verdadera guía técnica. En esta segunda etapa, los fundadores van más allá de las emociones y comienzan a calibrar la solidez de su idea a través de sus redes sociales y profesionales. Coincidentemente, la «primera» segunda opción que tienen los fundadores exitosos para compartir su idea es con alguien que luego se convierte en cofundador. Una especie de copiloto. Entonces, es natural suponer que la afinidad y el apoyo juegan un papel en las asociaciones exitosas desde el principio. Una vez más, los equipos exitosos se elevan por encima de las amistades y se acercan a aquellos cuyo aporte contribuirá a la meta.

Una de mis empresas fallidas al principio de mi carrera fue una plataforma de co-living anterior a Airbnb y a la mayoría de las empresas modernas de co-living. En ese momento, me había percatado de la necesidad del mercado, y tenía acceso a recursos similares a los que tienen los titulares ahora ya establecidos de hoy, como una capacidad extra de oferta (cuartos en mi departamento que podía alquilar), una computadora (para codificar la plataforma inicial), y tiempo para hacer marketing. Mi error no fue sobre a quién le dije a continuación; fue que pensé que podía hacerlo solo y no se lo dije a nadie. No pedí ayuda y, por lo tanto, la idea murió en el papel.

Para aquellas empresas que logran ir más allá del papel, es en esta etapa cuando el equipo más grande comienza a tomar forma. Por lo tanto, la elección del copiloto es tan crítica como parece. Los fundadores que eligieron mal, motivados simplemente por la amistad o la proximidad social, es poco probable que prosperen. Aquellos que intentan hacerlo completamente solos, invariablemente fracasan. No sirve de mucho tener un socio comercial inicial cuyos objetivos no están alineados o no está tan motivado con el concepto, ya que no dedicará el esfuerzo necesario para que la idea florezca. Porque las ideas son sólo eso, hasta que se forjan con sudor en una realidad útil de un negocio.

¿AHORA QUÉ?

Esta tercera etapa general es cómo el equipo fundador asigna recursos iniciales y cruciales, y construye esa idea en una realidad. Aquí es cuando el concepto pasa del pensamiento al plan de negocios a algo real. Puede ser una pieza de software, un bien consumible, un servicio. El trabajo duro acaba de comenzar. Se producen múltiples intentos de perfeccionar ese «algo». Esto generalmente se conoce como ajuste producto-mercado («product-market fit», en inglés). Se dedicarán incontables horas a esto, con fuertes dosis de estrés y horas extras. Los primeros patrocinadores financieros, asesores y creyentes serán puestos a prueba. Una asociación sólida se vuelve esencial para soportar las dificultades del proceso inicial.

Estos días escuché una entrevista hecha a Brian Chesky, uno de los fundadores de Airbnb, en la que enfatizaba la importancia que ha tenido este tema de saber escoger socios para el éxito de su empresa. Los tres fundadores continúan al mando de la empresa desde el principio, lo que les ha permitido una constancia estratégica y visión compartida. Brian también recalcó que la clave del éxito es que saben comunicarse entre ellos, y que los tres han aprendido que apoyarse por el bien de la empresa es mucho mejor que tener siempre la razón. En otras palabras, hay que saber que a veces se gana perdiendo. Lograron esto habiendo aprendido a confiarse entre ellos y sus respectivas capacidades.

Para mi equipo, evaluar este proceso y estas dinámicas entre fundadores es mucho más que óptica. Demuestra la capacidad real subyacente de cualquier idea para seguir adelante. Porque una buena idea, en los negocios o en la vida personal, depende de las personas que elegimos a nuestro alrededor, como aprendemos a confiar en nuestros socios, y a escoger por el bien común. A quién le decimos primero no sólo es clave para el éxito, sino que también nos habla de nosotros mismos, ¿cómo y en quién confiamos en última instancia? También puede servir como predictor de cuales momentos de chispa y lucidez, esos momentos «¡Ajá!», se convierten en realidades y cuáles se disipan con el viento por no saber a quién contárselo.

Xavier «Xavi» Flores es un ejecutivo hotelero y de finanzas inmobiliarias, y actualmente es socio y asesor de SevenTrainVentures, una empresa de inversión y desarrollo a startups y micro-emprendedores con enfoque en tecnologías aplicadas, con sede en Nueva York. Xavi es Licenciado en administración de empresas turísticas por la Universidad de Houston, en Texas, y obtuvo un MBA de ESADE Business School en Barcelona, España. Él es originario de Chetumal, Quintana Roo y reside en Estados Unidos.