El don de la paternidad – La Alegría de Vivir

1871
El don de la paternidad - La Alegría de Vivir

OMAR CERVANTES

Aunque no tiene el peso emocional, cultural y social que el Día de las Madres, celebrar al padre es motivo también de reflexión, en un momento en el que existen esfuerzos legítimos para erradicar el patriarcado y nivelar el papel de ambos progenitores a través del desarrollo de nuevas masculinidades, entre otras ideas y acciones, cuya implementación estamos observando.

Sin entrar en el tema de los nuevos roles en la familia, bajo la perspectiva de género, que podría ser motivo de otra colaboración, vamos a enfocarnos en algunas características de sistemas familiares en los que existe adicción o alguna otra disfunción, que nos revela con mucha claridad cómo se integran las estructuras ante estas circunstancias.

El sábado en la noche que comenzaban a circular mensajes de felicitación por redes sociales y grupos de telefonía, me llamó mucho la atención un video que decía que ser padre no es sólo tener (procrear) un hijo, sino que hay que educarlos con el ejemplo y, sobre todo, saber ponerle límites. Esto me llevó a la reflexión, seguramente subjetiva y llena de mi bagaje personal, incluyendo la historia propia con mi padre, del rol que llega a jugar la figura paterna en nuestras vidas.

Recordé cuando realicé mis estudios de la especialidad en adicciones y el maestro de psicoterapia refería los modelos basados en los conceptos de Freud sobre el desarrollo de las personas, dejando bien claro que la relación madre e hijo es, desde esa perspectiva, una de las influencias mayores de los individuos, dejando como figura satélite al padre. En ese modelo, el padre tiene un papel emocionalmente secundario en la vida de los hijos y básicamente solía jugar un rol de proveedor y autoridad en el hogar, en la época en la que se desarrolló la teoría psicoanalítica de Freud (finales del siglo XIX).

Con el paso de los años y la evolución histórica, en algunos casos ese sigue siendo el concepto en el que se tiene ubicado el papel del padre que, en materia de adicciones, tiene algunos otros estigmas adicionales. Cuando se fundó alcohólicos anónimos, por ejemplo, en la década de los 30, se consideraba que el alcoholismo era un problema exclusivo de los hombres e incluso en el libro grande o libro azul de la agrupación, se le dedica un capítulo completo a la familia (Capítulo 9, La familia después), en el que se ofrece una guía para que los familiares sepan cómo deben tratar al padre que está en recuperación. Bajo esa visión, sin quererlo, se daba un estigma ligado al rol del hombre que deseaba salir adelante de la enfermedad y en el que se le trataba con las recomendaciones de la agrupación para aquellas esposas o hijos que acudían a pedir ayuda porque “papá tiene problemas con la bebida”, es decir, es el centro del problema.

Con el tiempo fueron estudiándose otras adicciones y se registró el hecho de que la enfermedad se desarrolla en hombres y mujeres, por lo que entonces se logró entender que en algunos casos el padre podría ser parte de la solución y no del problema. Aun así, la realidad es que, con algunas excepciones, cuando una familia decide buscar ayuda para alguno de los miembros, es la madre la que se involucra y asume un rol mucho más activo, a pesar de que desde el principio se les orienta de cuál es el papel que cada uno de los miembros del sistema debe jugar en la recuperación del enfermo, además de que se les puntualiza que cada uno debe hacer su trabajo personal y dejar que los demás hagan el suyo.

Afortunadamente, hoy es mayor el número de padres que se involucran en el tratamiento familiar y logran jugar un papel importante, predicando con el ejemplo y poniendo límites amorosamente firmes, con lo que contribuyen de manera importante a la sanación del sistema. En ocasión del Día del Padre, celebrado ayer, además de validar el hecho de que en los procesos familiares terapéuticos el papel del papá es cada vez más activo y responsable, estuvimos reflexionando sobre lo que implica la figura paterna que en nuestro caso es sinónimo de fuerza, disciplina, trabajo, responsabilidad y productividad.

Agradezco a la vida haberle aprendido a mi padre estas virtudes, así como gozar aún de su presencia y sabiduría, con lo que me parece dejó uno de sus principales legados para mí, el de apreciar el don de la paternidad que yo he tenido la bendición de recibirlo en cuatro hijos maravillosos. Ser padre es amar incondicionalmente y reconocer que los hijos tienen su propio camino en el que somos ejemplo y contribuimos con ello a su educación y crianza. Ser padre es estar siempre para ellos en todo sentido.

Ser padre es enseñarles a caminar, a correr y a volar hacia el rumbo en el que, llegado el momento, los hijos elijan su propio rumbo. Como sociedad, valoremos el don de la paternidad, honrémosles y propiciemos que puedan insertarse en los nuevos roles sociales que incluyen, por supuesto, que los padres también sean una figura emocional y afectiva en la vida de sus hijos.

omarcervantesrodriguez.esp@gmail.com