NIDO DE VÍBORAS

1702

Por KUKULKÁN

HACE tiempo que la clase política de Quintana Roo desapareció a causa del exterminio entre las camarillas priistas que detentaron el poder por más de cuarenta años. El último gobernador que formó cuadros políticos fue Mario Villanueva Madrid pero muchos de ellos fueron cooptados o aniquilados durante los gobiernos de Joaquín Hendrick Díaz, Félix González Canto y Roberto Borge Angulo hasta constituir lo que hoy llaman ‘estructuras sociales’, que no son otra cosa que cuadrillas de líderes de colonias encargados de organizar y reclutar al mayor número de vecinos necesitados de vender su voto por el partido o candidato que más pague; la prostitución de la política.

LOS EGOS entre cozumeleños y chetumaleños por controlar el poder político estatal los llevó a una guerra que, en números, concluyó con cinco gobernadores provenientes de la Isla de las Golondrinas y sólo tres de la capital quintanarroense, pero en el campo de batalla significó su autodestrucción para dar libre paso a una nueva clase forjada en Cancún —epicentro económico del estado— y ajena a los intereses caciquiles de las familias poderosas que se repartieron el poder durante 47 años provocando saqueos y rapiña.

AL GOBERNADOR Carlos Joaquín González le tocó ponerle el último clavo al ataúd del otrora poderío priista al renunciar hace seis años a su militancia y derrotar desde la oposición, al entonces partido oficial que en las más recientes elecciones arañó la conservación de su registro como partido al conquistar una diputación por la vía plurinominal, a lo que se ha reducido el tricolor tras 42 años de control no sólo en el gobierno del estado, sino del Congreso y de los municipios.

TAMPOCO Carlos Joaquín creó una clase política. Ni siquiera impulsó a su sucesor. No le preocupó ni convidó de ello a los partidos que lo llevaron al triunfo, PAN y PRD, y por praxis política terminó adoptando a la candidata del partido Morena, Mara Lezama, con quien tendría una salida tersa por acuerdo directo con el inquilino del Palacio Nacional. A Mara Lezama le tocará impulsar a los nuevos cuadros políticos del futuro en un terreno muy árido en la mística del servicio público y abundante en apetitos aspiracionales a convertirse en ricos desde el poder.

LOS RESULTADOS de la pasada elección para gobernador y diputados del Congreso estatal dejan en claro que la sociedad quintanarroense está fraccionada en cuatro bloques de una gráfica de pastel, la más porción grande de 60% la ocupa el abstencionismo y el 40% restante dividido en tres fracciones: los que votaron por la alianza ‘Juntos Hacemos Historia’ (ganadora); los que lo favorecieron a ‘Va por Quintana Roo’ y los que apoyaron a Movimiento Ciudadano.

PASADO el proceso electoral, Mara debe gobernar para todos, con cuadrillas de auténticos servidores públicos lanzados a las calles para ir a solucionar los conflictos que a diario enfrentan los vecinos de las zonas más marginadas, o de personas con capacidades diferentes que necesitan de apoyo permanente para desarrollarse en sociedad; que salgan de sus oficinas con aire acondicionado y se den una vuelta por las regiones populares de los diferentes destinos turísticos del estado donde subsisten las desigualdades.

NO SE PUEDE tener gobierno rico con pueblo pobre”, ha dicho Mara Lezama parafraseando al presidente Andrés Manuel López Obrador y en torno a ese compromiso hay mucha expectativa sobre si meterá el acelerador a fondo con la persecución de funcionarios felixistas y borgistas que participaron en el saqueo del patrimonio estatal y cuya responsabilidad comenzó a perseguirse con Carlos Joaquín mediante procesos legales que seguirán vigentes para la nueva administración.

@Nido_DeViboras