Cautiva Plácido Domingo al público de la Arena CDMX

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Cautiva Plácido Domingo al público de la Arena CDMX
  • Con 81 años cumplidos Plácido Domingo vibró alto, y con mucho garbo, anoche en la Arena Ciudad de México.
RODOLFO G. ZUBIETA / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Con 81 años cumplidos, un tonelaje de alto calibre de experiencia en los escenarios operísticos de todo el mundo y un equipaje lleno de experiencias y distinciones, Plácido Domingo vibró alto, y con mucho garbo, anoche en la Arena Ciudad de México.

Luego de que en años pasados fuera acusado de acoso sexual, y tras muchas cancelaciones y condenas del sector de la cultura, el también director de orquesta fulminó con su principal arma: su voz.

De rigurosa etiqueta, sin asomar achaques de edad o algún semblante de incertidumbre, el tenor dramático, nacido en España y que vivió parte de su infancia en México, se dispuso a cautivar a la audiencia.

Se hizo acompañar de la soprano regiomontana Eugenia Garza y del tenor sonorense Arturo Chacón-Cruz, y fue cobijado por la Orquesta Filarmónica del Desierto, que estuvo dirigida por Natanael Espinosa. El concierto que dieron anoche será replicado este viernes en Monterrey.

Como suele ser costumbre, hubo pocas palabras y mucho canto, del llamado bello y culto, en este recital dividido en dos partes: una con arias de ópera y otra con zarzuela.

Derrocha Plácido Domingo maestría con su voz

Entre las piezas más celebradas por la audiencia estuvieron “La Danza de las Horas“, de La Gioconda, de Amilcare Ponchielli, y un fragmento de Los Pescadores de Perlas, de Georges Bizet.

El inmueble de Azcapotzalco, al cual le caben hasta 19 mil personas, lució a un 80 por ciento de su capacidad, y la audiencia fue mayormente adulta o adulta mayor. Pocos niños, pocos jóvenes, muchos vestidos incluso de gala o coctel, abrigados, muy lustrados para lucir bien. Hasta el cierre de la edición, no se había reportado la cifra oficial de asistentes.

Antes del intermedio, que duró casi 25 minutos, el ensamble de cantores y voces superdotadas, junto con el equipo de músicos virtuosos, eligió creaciones de las tragedias líricas creadas por Giuseppe Verdi: Nabucco, Il Trovatore y Aida.

Para la segunda parte, Plácido Domingo y su comitiva deleitaron al público con creaciones de origen castellano, como extractos de la zarzuela Luisa Fernanda, creación de Federico Moreno Torroba; y con libretos de Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw Iturralde. El ánimo de los espectadores subió; como que les levantó la vibra.

Continuaron con “De España Vengo”, extraída de El Niño Judío, de Pablo Luna, y con “Feliz Morada”, de Marina, de Emilio Arieta. El público, receptivo y efusivo, se dedicó a aplaudir en cada cambio de aria.

Fueron muy pocos los que grabaron con celulares o usaron algún dispositivo. Y los que lo hicieron, se cercioraron de que fuera discretamente y sin acaparar espacios para sus vecinos de atrás. Muy ordenado todo, muy tranquilo, muy Plácido.

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