NIDO DE VÍBORAS

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NIDO ESLABÓN

Por KUKULKÁN

LA CLASE política emergente ha tomado el control en Quintana Roo tras pulverizarse por completo el poder hegemónico priista ejercido durante 47 años por familias y grupos políticos locales en nombre de su derecho a gobernar este amplio territorio de la Península de Yucatán, como herederos directos de quienes encabezaron aquella histórica lucha librada para que el Gobierno Federal los reconociera en 1975 como estado libre y soberano ante la Constitución. El gobernador Carlos Joaquín González es el eslabón donde se rompió la cadena familiar de mando, abriendo espacios no sólo a la clase política de Chetumal y Cozumel sino también de Cancún, Isla Mujeres, Playa del Carmen y Tulum cuyos habitantes reclaman su derecho a votar y ser votados.

AUNQUE hace seis años ganó la gubernatura apoyado por la alianza entre PAN y PRD, por las venas de Carlos Joaquín corre sangre priista muy a pesar del rechazo que en su momento sufrió por sus adversarios dentro del propio PRI producto de una disputa entre poderosas familias cozumeleñas, los Joaquín contra los González-Borge, que derivó en persecución judicial, decenas de imputados a la cárcel de manera temporal y una enorme pila de expedientes que deberá litigar y resolver el nuevo gobierno. Ante el riesgo de que los agraviados con estas acciones, felixistas y borgistas, regresaran al poder para cobrarle la factura, muy hábil el gobernador no se resistió al aplastante dominio del presidente Andrés Manuel López Obrador, como otros gobernadores panistas que formaron un bloque opositor para retar al inquilino del Palacio Nacional, pues prefirió ponerse en modo flojito y cooperando.

YA SE VIO lo que le ocurrió al gobernador saliente de Tamaulipas, Francisco Cabeza de Vaca, a quien a días de dejar el cargo le aguarda en la puerta un auto…. pero de formal prisión. Al tamaulipeco se le olvidó que para tener la lengua larga hay que tener la cola corta, y le aventaron toda la caballería judicial hasta que dobló las manitas. Con el gobernador de Quintana Roo no hubo necesidad de llegar a tanto. Enfrentarse al avasallador poder del lopezobradorismo hubiera sido el suicidio. Optó por lo mejor para el estado: pactar la sucesión con el gobierno de la Cuarta Transformación y subirse a la locomotora del cambio rumbo al prometedor desarrollo económico del sureste mexicano en el futuro inmediato.

QUIENES no se lo perdonan son sus adversarios políticos que lo querían ver destruido, arrastrarlo por sobre rocas, pero se tendrán que comer su venganza porque Carlos Joaquín cuenta con el respaldo del presidente y, sin duda, seguirá contribuyendo a la consolidación de la Cuarta Transformación en el estado, desde su nueva oficina en Chetumal. Fue una jugada que diseñó en silencio, paciente, sin aspavientos, sabedor de que en la guerra política son más eficaces los submarinos que los acorazados. Ese ha sido su estilo, estirar la liga del silencio hasta el máximo para tomar las decisiones más sorpresivas al cuarto para las doce.

EJEMPLO, la reciente sucesión del presidente del Poder Judicial en el estado, Heyden Cebada Rivas, novato en la impartición de justicia, pero amigo del gobernador y hombre cercano a la gobernadora Mara Lezama Espinosa, en cuya administración municipal trabajó como síndico. Desde noviembre de 2021 en que fue designado por el Congreso del estado ya se preveía que él sería el próximo presidente, pero el acertijo era saber cómo iban a romper al bloque opositor de magistrados que dividía en dos al máximo tribunal, seis contra seis con derecho a votar por su presidente, y partieron de la regla de en estos casos de desempate la decisión final es el voto de calidad del magistrado decano. Fue así como convencieron al magistrado Mario Aguilar Laguardia y el resto de sus compañeros no tuvieron otra más que sumarse a la votación para que la designación fuera por ‘unanimidad’.

@Nido_DeViboras