Es anciano maya un tesoro vivo

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Es anciano maya un tesoro vivo
  • Del total de población, el 99.34 por ciento son indígenas y el 14.27 por ciento desconoce otra lengua que no sea la originaria.
MARCO ANTONIO BARRERA

F. CARRILLO PUERTO, Q. ROO.- Con 120 años de edad, Abundio Yamá Chiqui es quizá el indígena más longevo de la zona maya del sur de Quintana Roo.

Su vida transcurrió entre la milpa y la extracción de chicle junto con otras 130 personas, aunque también participó en la toma de decisiones comunitarias, como subdelegado y comisariado ejidal.

Desde que cumplió 100 años de edad, dado su conocimiento y experiencia, ascendió en la estructura social a juez tradicional, cuyo nombramiento todavía conserva.

Don Abundio tuvo 12 hijos, de los cuales vio fallecer a cuatro (dos mujeres y dos varones), al igual que a 130 ejidatarios de la comunidad “Señor”.

Su morada es una vivienda tradicional de estructura de madera con techo de palmas de guano y amarres de bejuco en el ejido Tixcacal Guardia, enclavado a unos 25 kilómetros selva adentro de la cabecera municipal de Felipe Carrillo Puerto. Dada su vulnerabilidad física, vive con sus ocho hijos, una semana con cada uno.

En la comunidad “Señor” ocupa una vivienda de dos estructuras conectadas entre sí, una con piso de tierra donde está la cocina y la otra de piso firme con el dormitorio, ubicada en la calle Javier Rojo Gómez, frente al parque central.

Para los indígenas mayas, Yamá Chiqui es un tesoro viviente de la comunidad por representar una fuente de sabiduría y de experiencia.

A pesar de que sus piernas ya perdieron la fuerza y su cuerpo reposa sobre una hamaca, goza de lucidez y un aparente buen estado de salud, como parece confirmarlo un analgésico en gel y un ungüento para aliviar las vías respiratorias y los dolores musculares que mantiene al alcance de su mano.

A Luces del Siglo dijo que nunca le faltó el alimento que le proveía la selva, como jabalí, tepezcuintle o tejón, además de tortillas, frijol y chile, la cual “era buena comida”. Un platillo tradicional del sitio donde habita es el chilmole o relleno negro, de origen yucateco.

Este mismo personaje es uno de los 20 integrantes mayas más afamados, que plasmaron su testimonio de vida, experiencias y sabiduría en un libro, pero a diferencia de los demás, él tiene la edad mayor.

Don Abundio ocupó con su fotografía la pasta principal del volumen “Últimos testigos. The Last Rebellion of the Maya in Yucatán”, editado bajo el auspicio del Museo Cinco Continentes de Munich, Alemania, en 2019.

En la charla compartió algunas historias, como cuando fue niño y su padre se iba a la guerra mientras él rezaba por su vida, junto a su madre y hermanas, o cuando ante la muerte de un líder combatiente, su progenitor fue nombrado “Gran Guardia” de un contingente de guerra integrado por 200 hombres.

Un relato cruento que escuchó de sus ancestros tuvo que ver con una estrategia de guerra maya utilizada contra 9 mil soldados federales durante la Revolución Mexicana.

Su testimonio refiere que los grupos originarios lograron concentrar a 40 mil hombres provenientes de Belice, Quintana Roo y Yucatán, los cuales pudieron cercar a sus oponentes, gritar al mismo tiempo “Viva Dios” y realizar un disparo de arma de fuego todos al mismo tiempo, lo que confundió y ahuyentó a sus oponentes.

A quienes cruzaron el cerco, dijo, se les detuvo y se les privó de la vida. Dejaron a seis o siete y los tomaron como rehenes, se les obligó a ver arder los cuerpos de sus compañeros y una simulada ingesta. Los federales sobrevivientes fueron enviados como emisarios al presidente, no sin antes mutilarlos de una oreja y el meñique, para generar un mensaje de miedo.

Otro momento fue cuando la comunidad fue azotada por una pandemia, que generó erupciones de piel en todo el cuerpo de las personas en 1915.

La enfermedad ocasionó la muerte de 40 señores, cuyos restos fueron apilados en el kiosco de la comunidad para luego ser sepultados en otro sitio. A partir de entonces y por esos mismos hechos se llamó “Señor” a la citada comunidad maya.

“Estaba prohibido llamar a los señores por sus nombres, sólo se les decía señor, y quienes decían su nombre eran castigados con azotes, esa era la justicia”, recordó.

Compartió que al trabajar en la milpa vio la muerte de cerca cuando lo acosó una culebra de gran tamaño, pero pudo sobrevivir al disparar su rifle. “Por eso digo que Dios padre es superpoderoso, nos cuida donde andamos en el trabajo, de día y de noche”.

Una leyenda maya que contó fue la presencia de un animal al que llamaron “Bob”, cuyo aspecto parecía a un burro, pero que provocó miedo porque devoraba a las personas.

La única forma de evitar un supuesto encuentro era transitar por la selva entre las 06:00 de la mañana a las 05:00 de la tarde, porque después “salía y te comía”.

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en la localidad maya donde vive el adulto mayor hay 757 habitantes, de los cuales 403 son hombres.

Del total de población, el 99.34 por ciento son indígenas y el 14.27 por ciento desconoce otra lengua que no sea la originaria. Don Abundio forma parte de este último grupo de población.

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