Dejan autoridades a su suerte la Glorieta de Insurgentes

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  • De ser icono cultural y de protesta social, la Glorieta de Insurgentes se ha convertido en un espacio de alto riesgo.
SELENE VELASCO / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- De ser icono cultural y de protesta social, la Glorieta de Insurgentes se ha convertido en un espacio de alto riesgo para vecinos y visitantes.

Ambulantaje, campamentos y hasta baño al aire libre son ahora parte del paisaje de este emblemático espacio en la Alcaldía Cuahutémoc.

La más reciente alarma por el riesgo que ahí se vive surgió el martes 25 de junio, cuando una mujer apuñaló a una trabajadora mientras caminaba por la zona.

Liliana, empleada y visitante frecuente, la recuerda como un lugar de esparcimiento, pero constantemente invadido.

Lamenta su ocupación actual y comparte que ante el temor que le ocasionan las personas que ahí pernoctan, que en ocasiones portan armas, prefiere siempre tener disponibles unas monedas para entregarlas.

“Es altamente riesgoso, es riesgoso, es feo, está descuidado, un lugar que tiene un gran potencial artístico, cosas bonitas que se pueden poner, cosas agradables; dejamos que nos invadan”, deploró.

Contó que es usual que personas en situación de calle pidan dinero, que menores de edad se acerquen vendiendo dulces o que personas se dejen ver consumiendo estupefacientes.

“Es una pena porque Zona Rosa era un lugar hermoso, recreativo, donde tenías muchas cosas; hoy es un basurero, foco de infecciones, se hacen del baño, gente que se están drogando, tirada, de la calle que anda viviendo aquí, con todo y sus tendederos, entonces yo creo que es muy injusto que una zona tan bella, tan emblemática de la ciudad esté tan abandonada y cuando hicieron propuestas de que se iba a recuperar y no se ha hecho nada, súper mal”.

UN LUGAR EN EL ABANDONO

Liliana y su amiga Alejandra dicen entender que el ambulantaje se extendió en la Glorieta debido a la crisis económica, pero consideran que es necesario que se desarrolle de forma ordenada.

Alejandra pasa diario a las 7:00 horas y sale de su trabajo después de las 17:00 horas. En ambos horarios ve a gente durmiendo, desnuda, defecando y a las personas vendedoras colgando sus mercancías y montando sus campamentos hasta en la infraestructura del Metrobús.

Sin minimizar el aroma penetrante a orines, heces, basura, humedad, alcohol y mariguana.

“Pasar por cada uno de los bajopuentes da miedo, aparte huele muy feo. Ahora está así abandonado”, lamenta.

Teme pasar junto a comerciantes y personas que viven en la Glorieta, que permanecen tanto en los espacios que casi ya nunca son usados por peatones o en el centro donde antes había muestras culturales, artísticas o de protestas como las que condenan la violencia de género.

En cambio, ahora, dijo, quienes piden dinero y no lo reciben se molestan y agreden verbalmente o se acercan demasiado a las personas, lo que les incomoda.

“Ya no dan ganas de caminar, algunos sólo están cuidándose. Porque como hay mucha gente que se droga, pues también sí te da miedo que te hagan algo, porque como están en su mundo, no sabes si te van a agredir o si corres o qué haces”, añade.

A la Glorieta se puede acceder por 10 pasos a desnivel que priorizan a peatones.

Sin embargo, sólo el que desemboca a la Calle Génova, que conecta con Avenida Paseo de la Reforma, casi a la altura del Ángel de la Independencia, es el corredor más cuidado, aunque también el más lleno de ambulantes. El resto están solitarios y descuidados o hay campamentos y basura.

Salomón Luna, adulto mayor, lamenta el deterioro del área. Aunque dice que se conforma con que las personas que la ocupan no sean agresivas, preferiría que se impulse como espacio cultural.

A unos pasos de este sitio está la sede de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México (SSC), pero la presencia de policías en el icónico sitio de Avenida Insurgentes es esporádica.

Se inauguró en 1969, a la par de la Línea 1 del Metro y fue una de las locaciones de la película Total Recall, de Arnold Schwarzenegger en 1990, fue también sede de una pelea entre grupos de punks y emos, y ha sido intervenida en diversas ocasiones.

En 2017 la zona que conecta Insurgentes, Chapultepec, Oaxaca, Génova y Jalapa fue remodelada durante 11 meses, con una inversión de unos 127 millones de pesos.

Se mejoraron banquetas, señalizaciones, iluminación, drenaje, locales, asientos y luego se habilitó un Pilares.

Ahora, las fuentes saltarinas están apagadas, fallan los conectores USB que se colocaron en bancas para descansar bajo 14 cubiertas contra el sol y la iluminación falla en el mapa del Metro colocado en el suelo.

En 2021 comenzó a ser ocupada como parte de una protesta económica para visibilizar a la población LGBT+, cuya permanencia derivó en enfrentamientos verbales y físicos con grupos ambulantes.

Aunque el Gobierno de la CDMX afirmó que se buscaba una convivencia adecuada y alternativas para ambos grupos, no hubo cambios.

La invasión persiste después de que en agosto de 2023 la CDMX anunció que a la par de la rehabilitación actual de la Línea 1 del Metro se rehabilitaría la Glorieta, pero estos trabajos no han comenzado.

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