NIDO DE VÍBORAS

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Por KUKULKÁN

LAS TORMENTAS no siempre llegan del mar, a veces se gestan en los oscuros pasillos del poder. Hoy, la Suprema Corte de Justicia de la Nación está bajo el ojo de un huracán político que amenaza con arrasar con todo a su paso. En el centro de esta tormenta se encuentra la ministra Norma Piña Hernández, cuyo liderazgo ha sido acusado de provocar nubarrones y relámpagos entre los poderes Ejecutivo y Legislativo.

COMO en toda tormenta, los vientos se levantan desde distintos frentes. La ministra Piña ha sido señalada por sus propios compañeros de la Corte como la causante de la fractura en las relaciones con el presidente Andrés Manuel López Obrador. No es para menos, su abierta preferencia por el bloque conservador ha sido tan sutil como un huracán categoría 5. En el último año, sus decisiones y postura confrontativa han creado un ambiente de tensión, digno de cualquier escenario apocalíptico de la naturaleza.

ENTRE los episodios más turbulentos que se recuerdan, está el que ocurrió cuando la ministra Piña fue acusada de intervenir en asuntos electorales para favorecer a la candidata Xóchitl Gálvez. Un movimiento arriesgado que desató tormentas en la prensa y en los círculos políticos, y que motivó la torrencial reforma que tiene al Poder Judicial en medio de un ciclón mediático. Su intervención en una reunión secreta con el líder del PRI, Alejandro Moreno, y magistrados del Tribunal Electoral, no hizo más que avivar los vientos huracanados.

EL TEMA central de esa reunión, fue el intento de persuadir a los magistrados electorales para impedir que la candidata de Morena, Claudia Sheinbaum, no asumiera la silla presidencial aun cuando el voto le diera el triunfo, lo cual sólo avivó un escándalo de proporciones devastadoras, con réplicas que aún resuenan en las altas esferas del poder. Pero los fuertes vientos se volvieron en su contra. La elección arrolladora de Morena, con más de 35 millones de votos a favor del Plan C, que promueve una reforma judicial donde jueces, magistrados y ministros sean electos por el pueblo, ha sido el equivalente a una tormenta perfecta.

ADEMÁS, este plan incluye la creación de un organismo disciplinario destinado a sancionar a los funcionarios judiciales que dictan sentencias contrarias al “pueblo”, y a menudo a favor de la oligarquía mexicana. Otras otorgando la libertad a presuntos culpables de delitos graves, bajo el argumento técnico de que las carpetas de investigación provenientes de las fiscalías no están bien integradas, acrecentando con ello los índices de impunidad. Los días de calma en la Suprema Corte, tribunales de circuito y juzgados de distrito parecen haber quedado en el pasado.

LA MINISTRA Norma Piña, que alguna vez se erigió como una figura de autoridad y rectitud, ahora enfrenta un clima adverso. Sus compañeros, cuales meteorólogos anticipando el desastre, la responsabilizan de las tormentas políticas que azotan el país. El poder judicial está en el ojo del huracán, y las predicciones no son alentadoras. Con un presidente que no teme confrontarla y un partido político decidido a reformar de raíz el sistema judicial, las nubes de tormenta se ciernen sobre el máximo tribunal del país.

EN ESTA tormenta, cada gota cuenta. La pregunta que queda en el aire es: ¿Será Norma Piña capaz de capear el temporal, o sucumbirá bajo la presión de la reforma judicial que se avecina? El huracán político sigue su curso, y el desenlace aún está por escribirse. Lo que es seguro es que, como en toda tormenta, después de la devastación, la reconstrucción será larga y ardua. La Suprema Corte se enfrenta a un nuevo amanecer, uno que podría redefinir el equilibrio de poder en México para siempre. Las lluvias han comenzado.

@Nido_DeViboras