NIDO DE VÍBORAS

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Por KUKULKÁN

TIERRA de pirámides majestuosas, cenotes cristalinos y, aparentemente, debates mitológicos de alto octanaje, Yucatán es hoy escenario de una tormenta de supersticiones de proporciones épicas ocasionada por la reciente instalación de una estatua de Poseidón en Puerto Progreso, lo que para un grueso sector de los habitantes representa no sólo una afrenta al dios Chaac de la cultura maya sino el mal presagio de la llegada consecutiva de dos fenómenos meteorológicos, Alberto y Beryl, dejando caos a su paso.

PARA los despistados, déjenme ponerlos al día: Poseidón, el dios griego del mar, se erigió imponente en las costas yucatecas. Hasta aquí, todo bien, ¿no? Un nuevo atractivo turístico que debería aumentar la afluencia de visitantes y, de paso, engrosar las arcas locales. Pero, oh, mis queridos lectores, suscitó el drama de quienes no tardaron en relacionar el rastro de destrucción e inundaciones con la ira desatada de Poseidón. ¿Y quién tiene la culpa? Pues, el gobierno panista, por supuesto, al preferir honrar a un dios extranjero en lugar de a Chaac, nuestro venerable dios maya de la lluvia.

EN CUESTIÓN de horas la polémica se avivó. En las esquinas digitales de Facebook y Twitter, las teorías conspirativas se desbordan tanto como las aguas en temporada de lluvias. Los inconformes, armados con sus teléfonos y mucha indignación, atribuyeron los desastres naturales a un castigo por desplazar a Chaac en favor de Poseidón. Incluso, hay quienes aseguraron que los fenómenos meteorológicos fueron la prueba fehaciente del enfado divino.

EN MEDIO de la tormenta de acusaciones, como si se tratara de un actor secundario en una tragicomedia griega, apareció Fernando Belaunzarán. El panista no pudo resistir la tentación de poner su granito de sal en la herida abierta. Con su característico tono altanero, se burló de los yucatecos llamándolos “fanáticos e ignorantes”, argumentando que esa misma mentalidad llevó a la victoria de Morena en las elecciones pasadas. Lanzada en pleno calor electoral, una ironía de esas características no podía caer sino con el estruendo de una bomba yucateca. Los agraviados no tardaron en recordarle sus días de campaña, cuando, al parecer, su opinión sobre el electorado era un poco más, digamos, condescendiente.

POR SI todo esto no fuera suficiente, como en toda buena telenovela, un giro inesperado llegó de la mano del gobernador Mauricio Vila. Con un cinismo digno de aplauso (o abucheo, según de qué lado se esté), el mandatario invitó a los ciudadanos a llevarle ofrendas a Poseidón, acompañando su mensaje con imágenes de paquetitos de galletas ‘globitos’. Una indirecta tan directa que dejó a más de uno masticando la ironía. Mientras las redes sociales arden y los memes corren como pólvora, lo que queda claro es que este drama de proporciones mitológicas ha puesto sobre la mesa una cuestión fundamental: el respeto por las creencias y tradiciones locales.

NO SE TRATA sólo de estatuas o de nombres, sino de la identidad cultural de un pueblo que se siente desplazado y menospreciado. Ante tal escenario, uno no puede evitar preguntarse: ¿quién será el próximo en unirse a esta épica disputa? ¿Quizás Quetzalcóatl exigiendo su lugar en alguna otra esquina del país? En estos tiempos de tormentas (meteorológicas y políticas), una cosa es segura: la mitología y la política son más parecidas de lo que estamos dispuestos a admitir, aun bajo la protección de un buen paraguas.

@Nido_DeViboras