NIDO DE VÍBORAS

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Por KUKULKÁN

DURANTE décadas, el sureste mexicano fue una región tratada como el patio trasero del país por la política neoliberal. Sí, ese mismo modelo económico que se jactaba de modernidad y progreso, pero que, en la práctica, sólo miraba hacia el norte y el centro del país, donde los intereses económicos de unos pocos brillaban con intensidad cegadora. Mientras tanto, el sureste, con su riqueza cultural y natural, se hundía en el olvido, condenado al subdesarrollo y la pobreza porque, según los “genios” del neoliberalismo, no era rentable.

PERO, ¡oh, sorpresa! Llegó la Cuarta Transformación y, de repente, el sureste se volvió importante. Los mismos que antes ignoraban a esta región ahora la ven como una joya a pulir. ¿Irónico, no? Aunque lo más irónico es que este renacer no se detendrá. Con Claudia Sheinbaum a la cabeza, se promete continuar y ampliar los proyectos de infraestructura para esta región, cimentando así un nuevo futuro para esta parte olvidada del país.

SOBRE la mesa, Sheinbaum ha puesto sobre un ambicioso Plan de Infraestructura Nacional que incluye la ampliación de las líneas férreas a lo largo y ancho del país, con una meta de 3,000 kilómetros. Sí, lo leyeron bien, el doble de lo que construyó el presidente Andrés Manuel López Obrador. Y no es para menos, porque el sureste seguirá siendo una prioridad. Se fortalecerá el servicio de carga del Tren Maya y el Tren Interoceánico con dos nuevas interconexiones: una hacia Dos Bocas en Tabasco y otra hacia Puerto Progreso en Yucatán, con el famoso “Renacimiento Maya”.

ESTE plan, propuesto por el gobernador electo de Yucatán, Joaquín ‘Huacho’ Díaz, no es cualquier cosa. Estamos hablando de la ampliación y modernización del Puerto de Altura de Progreso, la promoción del gas natural en la industria y el comercio, y una conexión multimodal entre el Tren Transístmico, el Tren Maya y el Puerto de Progreso. ¿El objetivo? Potenciar la actividad económica de la región y abrir enormes oportunidades logísticas, especialmente con los mercados asiáticos.

AÚN HAY MÁS, Sheinbaum propone la creación del Corredor Maya, donde se establecerán zonas industriales con la infraestructura adecuada para la agroindustria, la producción de alimentos y bebidas, e industria textil, ante lo que ni lento ni perezoso, Huacho promete incentivos fiscales y facilidades administrativas para atraer industrias al interior del estado.

CLARO, uno podría preguntarse por qué estas maravillas no se hicieron antes. La respuesta es tan cínica como simple: porque a los gobiernos neoliberales no les importaba. No había incentivos económicos suficientes para mover un dedo por el sureste. Pero ahora, con el respaldo federal, proyectos que llevan más de 15 años en el tintero finalmente ven la luz del día.

EL PLAN de Infraestructura Nacional de Sheinbaum abarca 25 proyectos clave, incluyendo 11 en el sector de carreteras, cuatro en trenes de carga y ocho en trenes de pasajeros. Este ambicioso plan no sólo busca modernizar la infraestructura existente, sino también sentar las bases para un desarrollo económico sostenible y equitativo en todo el país, con el sureste mexicano como uno de los grandes beneficiados.

ASÍ QUE, mientras levantamos nuestras cejas ante la súbita importancia del sureste para el gobierno federal, no podemos evitar sentir una mezcla de escepticismo y esperanza. Escepticismo porque la historia ha demostrado que las promesas políticas a menudo se quedan en eso, promesas. Esperanza, porque si estos planes se llevan a cabo, el sureste mexicano podría finalmente ocupar el lugar que merece en el desarrollo del país.

@Nido_DeViboras