- Desde su primer Gobierno, Donald Trump ha utilizado la amenaza de la imposición y aumento de aranceles como herramienta de presión estratégica.
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CIUDAD DE MÉXICO.- Desde su primer Gobierno, el Presidente Donald Trump ha utilizado la amenaza de la imposición y aumento de aranceles como herramienta de presión estratégica.
Funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y de la Casa Blanca han reconocido públicamente que las tarifas, o la amenaza de imponerlas, fueron clave para presionar a México en temas de migración y seguridad.
Durante 2025, Trump retomó ese instrumento al insinuar que podría revisar o incluso renegociar el T-MEC desde cero dependiendo de la cooperación mexicana en fentanilo, migración y combate al crimen organizado.
La advertencia fue reforzada por Carlos Díaz-Rosillo, ex director de Políticas Públicas de la Casa Blanca:
“Si el Gobierno mexicano no está haciendo todo lo posible y eso afecta los intereses directos de EU, esa opción sobre la mesa se convertiría en algo mucho más viable”, dijo.
Para Díaz-Rosillo, la cooperación de México determinará no sólo la política de seguridad, sino el futuro del acuerdo comercial.
En paralelo, Marco Rubio, Secretario de Estado de EU, trató de matizar el tono presidencial al elogiar la labor mexicana.
“El Gobierno de México está haciendo más en este momento en el tema de seguridad que jamás en su historia”, declaró el 20 de diciembre.
Trump, sin embargo, no ha cedido en su línea dura.
En febrero de 2025, su administración clasificó al Cártel de Sinaloa y al Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) como organizaciones terroristas extranjeras, ampliando legalmente la capacidad del Presidente para actuar contra ellas.
La Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) reforzó ese mensaje y afirmó que la presión sobre ambos grupos había reducido la potencia del fentanilo en EU, atribuyendo el resultado a lo que calificó de operaciones intensificadas y mayor inteligencia.
La respuesta de México ha sido frontal. Sheinbaum reveló que Trump le propuso enviar tropas estadounidenses y respondió de inmediato que sería “una violación a la soberanía” y que “no resultaría benéfico”.
De hecho, para blindar jurídicamente al País, impulsó reformas constitucionales para dejar explícito que México no aceptará ningún tipo de intervención por aire, tierra o mar.
La Presidenta también defendió el equilibrio económico entre ambos países, subrayando que cualquier afectación, incluidos aranceles dañaría a la economía estadounidense tanto como a la mexicana, dada la profundidad de la integración comercial.
En la visión de Trump, sin embargo, todas las opciones deben permanecer sobre la mesa, desde tarifas hasta acciones militares.
Su discurso colocó a México como origen de problemas, como la distribución fentanilo, migración, crimen; en cambio, a Estados Unidos, como actor obligado a actuar si considera insuficiente la respuesta mexicana.
Este guión fue lineal en su discurso interno de fuerza y presionó al Gobierno mexicano en momentos de negociación comercial y alimentaria.
Para México, 2025 cerró en que ese desafío no sólo es la seguridad interior, sino la relación asimétrica con un socio que usa la amenaza como instrumento político permanente.
Trump no ha enviado tropas ni impuesto nuevos aranceles, pero mantiene su eficacia a través del amago constante en el envío de tropas, el cual México rechaza.




