Dr. Francisco Leannec González Silva
El 22 de junio de 1963 se publicó la reforma al artículo 52 de la Constitución, mediante la cual se estableció que todo partido político que obtuviera al menos el 2.5 % de la votación total tendría derecho a cinco diputados, más uno adicional por cada 0.5 % de votos obtenidos, hasta un máximo de 20. Fue en ese momento cuando surgieron los diputados plurinominales. Democracia en las peores épocas del PRI, como dirían entonces los militantes del PAN y, hoy, los de MORENA y sus aliados.
En la reforma presentada en 1977 al mismo artículo 52 se estableció que la Cámara de Diputados estaría integrada por 300 legisladores electos por mayoría relativa y 100 por representación proporcional. Con esta modificación, el país transitó hacia un sistema electoral mixto, el cual permitió la incorporación de nuevos actores políticos, principalmente de la llamada izquierda, que durante mucho tiempo había estado imposibilitada de participar. Nuevamente, democracia en las peores épocas del PRI, como aseguraban los panistas y hoy repiten los de MORENA y sus aliados.
Posteriormente, en una nueva reforma al artículo 52 en 1986, el Congreso de la Unión quedó conformado como hoy lo conocemos: 300 diputados de mayoría relativa y 200 por la vía plurinominal, con el propósito de que toda la ciudadanía se sintiera representada. No existe información que indique que el PAN se haya opuesto en esa época al aumento de las posiciones plurinominales, ni tampoco la izquierda de la década de los ochenta.
Más que debatir si se deben reducir o no el número de legisladores, la reforma debería centrarse en la calidad de los mismos. Y no necesariamente se trata de que cuenten con más títulos universitarios, maestrías o doctorados, sino de que sean políticos serios, progresistas y que velen por el bien de la nación.
Jean-Jacques Rousseau, en su obra El contrato social, sostiene que la calidad del legislador es fundamental y casi “divina”. Lo describe como una figura extraordinaria y superior que no encaja plenamente ni en la magistratura ni en la soberanía, pero que resulta esencial para el pueblo. El legislador es el arquitecto que diseña las leyes y la institución social, a diferencia del poder ejecutivo, que es el obrero encargado de ponerlas en funcionamiento. Por ello, afirma Rousseau, los males surgen cuando faltan arquitectos y obreros políticos.
El legislador ideal, según Rousseau, debe poseer una inteligencia superior y un profundo desapego —cualidades poco frecuentes entre nuestros legisladores—, además de un amplio conocimiento de la naturaleza humana para transformar la fuerza en derecho y la obediencia en deber. Debe trabajar por la posteridad, procurar una felicidad independiente y establecer leyes que no persigan intereses personales. Su autoridad debe ser de orden y persuasión: convencer sin imponer y persuadir sin forzar, recurriendo a la sabiduría y a los símbolos para guiar al pueblo.
Lo que los políticos deberían buscar en una reforma electoral ya no es el número de legisladores, sino su calidad. Si se elevara la calidad de quienes hoy integran el Congreso, de manera natural disminuiría la cantidad, y entonces el país se encontraría en una mejor condición, independientemente del prisma con el que se observe el tema.
Epílogo: En el México del pasado reciente se pueden identificar grandes legisladores de todos los partidos, como Alfonso Martínez Domínguez, Luis M. Farías, Fernando Ortiz Arana, Beatriz Paredes Rangel, Manlio Fabio Beltrones y Felipe Solís Acero, del PRI; José Ángel Conchello, Luis H. Álvarez y Carlos Castillo Peraza, del PAN; así como Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Rodolfo González Guevara, del PRD y de MORENA. Todos ellos, en su momento, aportaron de manera significativa a la gobernanza y prosperidad de la nación.
En Nuevo León también sería deseable elevar la calidad de los diputados. Basta recordar que el entonces diputado federal y líder de la bancada panista, el ingeniero Carlos de la Fuente, declaró en una entrevista desconocer cuántos artículos tiene la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. A ello se suma la vida ostentosa de la diputada Lorena de la Garza, quien, por cierto, fue diputada plurinominal en la legislatura pasada. Existen además otros casos aún más cuestionables, de legisladores que dedican más tiempo a producir contenido en TikTok que a su labor parlamentaria; basta preguntar por la diputada Melisa Peña y el diputado Armando Víctor Gutiérrez.


