- Durante la presentación del libro del juez Juan Bruno Ubiarco, el ministro Irving Espinosa Betanzo cuestionó el viejo sofisma de que ‘en el norte se trabaja, en el centro se administra y en el sur se descansa’.
STAFF / LUCES DEL SIGLO
CIUDAD DE MÉXICO.- El federalismo dejó de ser un concepto abstracto para convertirse en el eje de una conversación urgente sobre desigualdad, pobreza y distribución del poder en México, precisó el ministro Irving Espinosa Betanzo al encabezar la presentación del libro El federalismo en México y los problemas sociales del país, del juez Juan Bruno Ubiarco Maldonado.
En el salón de actos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el ministro destacó que la Corte es la instancia que resuelve las controversias cuando hay invasión de competencias entre la Federación, los estados, los municipios o la Ciudad de México. Dicho de otro modo, cuando una autoridad rebasa sus límites, es la Corte la que pone orden.
Pero más allá del papel institucional, Espinosa Betanzo lanzó una reflexión que rompió con estereotipos arraigados. Cuestionó el viejo dicho de que “en el norte se trabaja, en el centro se administra y en el sur se descansa”. Lo calificó como un sofisma que simplifica y divide, y que ignora la realidad compleja de un país diverso. “No podemos analizar el desarrollo regional con frases hechas”, sostuvo en tono firme, subrayando que los problemas sociales no obedecen a etiquetas geográficas sino a decisiones estructurales.
El libro de Ubiarco Maldonado parte justamente de esa idea: la forma en que está diseñado y funciona el federalismo mexicano influye directamente en los rezagos sociales. Desde su origen histórico —que va de la Constitución de 1824 a la de 1917— el sistema ha oscilado entre momentos de centralismo fuerte y periodos de mayor autonomía local. Esa tensión ha marcado la relación entre la Federación y los estados durante más de un siglo.

A diferencia de otros enfoques más tradicionales, como el del constitucionalista Jorge Carpizo, que analiza el federalismo principalmente como un equilibrio de poderes y una disputa histórica entre centro y periferia, Ubiarco pone el acento en los efectos sociales concretos. ¿Qué ocurre cuando los estados y municipios dependen en exceso del presupuesto federal? ¿Qué pasa cuando las competencias no vienen acompañadas de recursos suficientes? La respuesta, sostiene, se traduce en desigualdades regionales, servicios públicos deficientes y dificultades para atender pobreza, salud o educación.
Uno de los puntos más subrayados durante la presentación fue el papel de los municipios. Ubiarco insiste en que son el primer contacto entre el ciudadano y el gobierno, pero también el nivel más débil en términos financieros. Sin recursos propios suficientes y con alta dependencia de transferencias federales, muchos ayuntamientos carecen de margen para resolver problemas locales. Para el autor, fortalecer su autonomía fiscal y operativa es clave si se quiere que el federalismo funcione de verdad.
El ministro Espinosa Betanzo coincidió en que el debate no debe quedarse en la teoría. Señaló que lo que se decide en la Corte tiene efectos directos en la vida pública, porque de sus resoluciones dependen los límites y responsabilidades de cada nivel de gobierno. “Lo que se decide aquí es muy importante”, enfatizó, al tiempo que celebró que la Corte abra sus puertas a la discusión académica.
Durante el acto, también se destacó que el federalismo no es sólo un reparto de competencias, sino un sistema que articula poder político, económico y social. Para que funcione, se requiere cooperación real entre órdenes de gobierno y una visión que privilegie la equidad regional.
El mensaje central fue claro: el federalismo mexicano necesita pasar del papel a la práctica. No basta con que la Constitución reconozca la autonomía de estados y municipios si en la realidad siguen atados a decisiones y recursos centralizados.
En un país marcado por contrastes regionales, el libro y el debate en la Corte recordaron que la discusión sobre federalismo no es un asunto de especialistas, sino un tema que toca la raíz de los problemas sociales. Y que desmontar mitos simplistas —como el de las regiones que trabajan o descansan— es el primer paso para construir un modelo más justo y equilibrado.


