El teorema de Anaya

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POR KUKULKAN

HUBO una época en México en que para hablar de fraude electoral había que mencionar urnas embarazadas, ratones locos, carruseles, tacos de votos, muertos sufragando alegremente y sistemas de cómputo que sufrían misteriosos desmayos justo cuando comenzaban a contarse los votos. Pero la modernidad nos ha alcanzado y ahora tenemos un problema de geometría electoral: determinar si una hoja rectangular puede atravesar una ranura más estrecha sin doblarse y, en caso de lograr semejante prodigio, decidir si el voto que contiene nació de la voluntad popular o de algún milagro de la papiroflexia partidista.

RESULTA que Ricardo Anaya apareció este lunes convertido en émulo de Euclides para advertir que permitir contar determinadas boletas sin señales de doblez equivaldría a “legalizar el fraude”. Su razonamiento fue tan elemental que hasta amenaza con funcionar: las urnas tienen una ranura estrecha; una boleta extendida no cabe por ella; luego entonces, si aparece perfectamente planchada dentro del paquete electoral, alguien deberá explicar por qué llegó más lisa que camisa de candidato en cierre de campaña. No se trata, por cierto, de una paranoia nacida esta semana. Las llamadas boletas planchadas tienen expediente.

EL PASADO 3 de septiembre, el Consejo General del INE aprobó los lineamientos para los cómputos del proceso electoral federal 2026-2027. El procedimiento establece que si durante el cómputo aparece una papeleta sin señales visibles de los dobleces necesarios para introducirla en la urna, esta deberá reservarse para que el Consejo Distrital analice el caso. No será automáticamente válida, pero tampoco automáticamente anulada. Es decir, el INE no decretó que las boletas planchadas sean perfectamente normales. Justamente creó un procedimiento porque normales, normales, lo que se dice normales, no parecen.

DURANTE la discusión del Consejo General incluso se realizaron ejercicios físicos sobre el asunto. Y fue entonces cuando la democracia mexicana se convirtió definitivamente en clase de geometría: aquí tenemos una boleta con determinadas dimensiones; acá una urna con una ranura de menor tamaño; calcule usted cuántos dobleces necesita el ciudadano para introducir la primera dentro de la segunda sin violar las leyes de la física… ni las electorales.

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HUBO quien sostuvo durante la sesión que resulta “materialmente imposible” meter la hoja completamente extendida. Y aquí es donde nuestra democracia abandona a Montesquieu y entra de lleno en territorio de Art Attack. Todo sería divertidísimo de no existir antecedentes bastante menos graciosos. En las elecciones judiciales de 2025 el INE encontró el fenómeno de las boletas sin dobleces en diversas casillas. Durante la revisión de aquella elección se analizaron cientos de centros de votación con distintas irregularidades.

POR EJEMPLO, en San Luis Potosí, un informe citado ante el propio Consejo General registró paquetes con muestras de alteración y 834 votos válidos depositados sin doblez que inicialmente habían sido contabilizados. Y mucho antes de aquello estuvo Putla, Oaxaca. En 2016, el Tribunal Electoral revisó una casilla cuyo paquete presentaba alteraciones, carecía de diversas actas y contenía boletas que no mostraban señales de haber sido introducidas en una urna. El resultado era todavía más delicado: 647 sufragios favorecían a Morena y solamente uno al Partido Unidad Popular.

AL FINAL, la Sala Superior terminó confirmando la nulidad de esa votación y el resultado del distrito cambió de ganador. De modo que Anaya tiene razones para levantar la ceja. Lo divertido empieza cuando convierte la controversia en prueba de que Morena pretende “legalizar el fraude”, porque el acuerdo que critica no ordena sumar indiscriminadamente esas papeletas. Ordena separarlas, documentarlas, discutirlas y resolverlas caso por caso.

PERO pedirle moderación retórica a Ricardo Anaya sería como pedirle a una campaña electoral que no descubra conspiraciones. Así que México se encamina a 2027 con una nueva especialidad dentro de su ya extensísimo catálogo de conflictos poselectorales: la geometría electoral aplicada. La oposición sostiene que una hoja demasiado lisa puede ser evidencia del crimen; el árbitro responde que habrá que examinarla; y los partidos se preparan para convertir cada ángulo, pliegue y doblez en argumento constitucional.

ANTES necesitábamos abogados, representantes de casilla y expertos electorales. Ahora convendría agregar al equipo un profesor de geometría con regla, transportador y, por si las dudas, una plancha. Porque antes doblábamos la boleta simplemente para meterla en la urna. En 2027 habrá que hacerlo pensando en que el futuro de la República podría depender de que quede perfectamente marcada. Bienvenidos a la nueva geometría de la democracia mexicana: sufragio efectivo, sí doblez.

@Nido_DeViboras

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