Sociedades en rebeldía

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Elmer Ancona Dorantes

Algo está pasando en el mundo que nos tiene más que inquietos. En algunos países reina el miedo, el terror a perderlo todo. Y no es ciencia ficción sobre el fin del mundo, sino una inquietante realidad.

Basta recordar lo que sucedió en 1968, en la convulsionada década de los 60, para sentarnos a reflexionar lo que puede sucedernos ahora, lo que podría pasarles a miles de jóvenes.

Aunque en ese tiempo no todos los movimientos fueron cruentos, en diversos países se produjeron durísimos enfrentamientos, muy violentos, que llegó hasta la represión militar.

En México, el movimiento culminó en la masacre de Tlatelolco, el 2 de octubre; de acuerdo con cifras oficiales fallecieron entre 20 y 30 jóvenes, aunque la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp) consignó alrededor de 350 muertos. La represión militar no se hizo esperar.

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Ese mismo año, en Francia protestaron los estudiantes contra el autoritarismo y el orden social; hubo violentos choques con la policía y huelgas masivas.

En Estados Unidos se dieron movilizaciones contra la guerra de Vietnam y el racismo, abogaron por los derechos civiles; en Alemania Occidental se desataron protestas contra las estructuras universitarias.

En Italia se dieron ocupaciones universitarias y enfrentamientos con la policía por reformas educativas y causas políticas; en Brasil salieron a las calles a protestar contra la dictadura militar.

Mientras tanto, en Japón las manifestaciones también se originaron contra la guerra de Vietnam, las autoridades estudiantiles y la presencia militar estadunidense.

En España las movilizaciones fueron contra la dictadura franquista y por mayores libertades políticas; en Polonia las protestas estudiantiles se dieron por la libertad de expresión y contra la censura del régimen comunista.

En Checoslovaquia se desarrolló la famosa “Primavera de Praga”, que exigió reformas democráticas y mayor libertad. Cómo olvidar la invasión soviética que aplastó ese proceso reformista.

En Argentina y Uruguay las movilizaciones estudiantiles fueron contra el autoritarismo y la represión, con demandas de libertades políticas y cambios sociales.

En pocas palabras, en todos esos países, simultáneamente, se desató la represión policial y militar que causó muertes y detenciones.

Hoy estamos viendo prácticamente lo mismo, aunque con algunas variantes de interés, por ejemplo, la expansión del Islam que se va apoderando, poco a poco, lentamente, de diversas naciones, incluyendo Estados Unidos.

Las demandas más recurrentes de ahora no distan mucho de las del 68: mejores condiciones de vida, educación accesible, vivienda, servicios públicos de calidad, combate a la corrupción y respeto a los derechos humanos.

En Francia, hoy están exigiendo mejores condiciones educativas, más recursos para las escuelas y medidas frente al costo de vida; en España, acceso a la vivienda y freno a los desalojos. La irrupción de los marroquíes es demasiado preocupante para los iberos.

En Italia, jóvenes y adultos están marchando contra el encarecimiento de la vida y las guerras; en Portugal, por salarios más altos, vivienda accesible y mejores pensiones; en el Reino Unido en solidaridad con Palestina y por su oposición a las restricciones contra determinados movimientos propalestinos.

En Bélgica exigen frenar los recortes educativos y defienden el financiamiento de las universidades; en Albania se han unido para combatir la corrupción, reducir las colegiaturas, mejorar la educación y proteger el medioambiente.

Mientras tanto, en la India cuestionan los cambios en los padrones electorales y plantean exigencias de garantías democráticas.

¿Qué pasa en México?

En nuestro país, durante los últimos dos años, las principales manifestaciones multitudinarias reflejan demandas de justicia, seguridad, derechos sociales, mejores condiciones económicas y rendición de cuentas de las autoridades.

Por supuesto, no todas han tenido la misma magnitud ni se han producido simultáneamente; tampoco todas han sido violentas ni se ha visto la mano policial o una participación militar. Por lo menos, hasta el momento.

Las expresiones más fuertes de violencia son las que se dieron hace unos días en Guadalajara, donde cientos de manifestantes tomaron las calles para exigir agua potable limpia y segura, investigaciones sobre la contaminación y soluciones verificables.

El Gobierno de Jalisco, bajo las siglas de Movimiento Ciudadano (MC), argumentan que se vieron en la necesidad de recurrir a la “mano dura” para evitar que las protestas se salieran de control. El costo político, mediáticamente, fue muy elevado.

No obstante, en las últimas manifestaciones públicas los jóvenes jaliscienses, encapuchados, se mostraron mucho más violentos y sacaron a relucir temas como el del narcogobierno, desigualdades, falta de oportunidades y precariedad económica y social. Terminaron quemando las puertas de Palacio de Gobierno.

Después de lo de Jalisco, valdría la pena mencionar las diversas marchas ciudadanas que exigen democracia y elecciones, la defensa del Instituto Nacional Electoral (INE) y freno a las reformas electorales que sólo benefician a un partido o movimiento.

También diversos sectores han salido a defender los derechos de las mujeres, así como el rechazo a los feminicidios, la violencia de género y la impunidad.

Otros grupos han protestado por el enorme número de personas desaparecidas, para exigir la búsqueda con mayor rigor y ciencia, así como justicia y respuestas para las familias.

El magisterio nacional ha abogado por mejores salarios, pensiones dignas y derogación de la reforma a la Ley del Issste.

Otros más, como los transportistas, han demandado mejor seguridad pública, y han expresado su rechazo a la violencia, las extorsiones y la inseguridad en carreteras.

Otros segmentos sociales han expresado su inconformidad por el alto costo de vida y la vivienda, por el encarecimiento y las dificultades para acceder a un hogar digno y decoroso.

¿Hacia dónde vamos?

En fin, los ciudadanos, todos, debemos estar pendientes de lo que acontezca en el mundo porque cada vez se ha vuelto más chico, y las naciones que antes veíamos como lejanas hoy son nuestros vecinos. Las distancias se acortan.

No debemos olvidar que nada se genera de manera fortuita y casual, que todo este tipo de movimientos están controlados por las élites que únicamente velan por sus intereses, sin importar cuánta sangre corra por las calles.

En México se tiene un dicho muy acertado: “cuando veas a tu vecino sus barbas recortar, pon las tuyas a remojar”. Lo que pasó en el 68 se replicó en muchas partes, incluyendo nuestro país.

Lo que está sucediendo ahora en el entorno internacional podría -altas probabilidades- acontecer aquí, porque México forma parte de un mega laboratorio político en el están experimentando con las derechas y las izquierdas.

Pero ahora ha llegado el tiempo de cambiar y eso, socialmente hablando, tendrá un costo muy elevado.

Las sociedades se vuelven rebeldes, toman las calles, queman palacios cuando llegan a sus límites, cuando sus bolsillos se ven vacíos, cuando el poco dinero que tienen no les alcanza ni para un bolillo. Y eso se está comenzando a ver aquí y nadie puede negarlo.

Así que estemos preparados, porque el choque de civilizaciones (Occidente versus Oriente; cristianismo y judaísmo versus islam), como lo vislumbró Samuel Huntington, ya se está viviendo; porque las izquierdas desaparecen y las derechas radicales emergen. Así que la función apenas comienza.

@elmerando

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