POR KUKULKAN
LLEGÓ diciembre, ese mes donde los políticos se ponen moños —navideños y de los otros—, reparten abrazos forzados, graban spots con luces de colores y hablan de esperanza… aunque estén gobernando un caos con brillantina. Y si de caos con escarcha hablamos, hay que mirar la vitrina de Morena: ahí donde las gobernadoras brillan, pero más por sus desatinos que por sus logros.
MORENA justifica que puso a mujeres al frente porque cree en la transformación feminista. Ajá. Y Santa Claus existe y vive en Palacio Nacional. La verdad es que varias de ellas han demostrado que el género no garantiza eficacia, y que el empoderamiento político sin resultados es como un árbol de Navidad sin luces: puro adorno.
TOMEMOS a Mara Lezama, la reina del Caribe, que cerró el año como la gobernadora mejor evaluada del país. ¡Felicidades, Mara! Un 58 % de aprobación es como ganarse el intercambio de oficina sin haber comprado boleto. Su estrategia ha sido clara: abrazar a medio estado, sonreír mucho y convencer a hoteleros de que “primero los pobres” aunque ellos disfruten posadas con champagne mientras los trabajadores siguen atrapados en camiones sin aire. Pero cuidado: si Cancún se sigue hundiendo en agua negra, ni su popularidad resistirá el olor.
LUEGO está Evelyn Salgado, la ‘Juanita de lujo’ que nadie vio venir, pero ahí sigue, campeona de las encuestas guerrerenses. Claro, en Guerrero tener 60 % de aprobación equivale a que no te balearon esta semana. El crimen organizado sigue dando aguinaldos con plomo, pero ella prefiere hacer TikToks de empoderamiento. Evelyn gobierna con la firmeza de una esferita colgando del árbol: se ve bonita, pero un soplido la tumba.
Y MIENTRAS unas lucen estables, otras ya sintieron el frío decembrino. Marina del Pilar Ávila, en Baja California, arrancó con 69 % de aprobación. Hoy apenas respira con un 33 %. ¿Qué pasó? Nada que no se hubiera advertido: opacidad, mal manejo de recursos, decisiones erráticas y un tonito de superioridad que cayó como ponche fermentado. Si sigue así, su aguinaldo político será una derrota envuelta en papel reciclado.
Y LUEGO está Layda Sansores. ¿Qué decir de ella que no haya dicho ella misma… en uno de sus programas semanales con efectos especiales? Layda convirtió el gobierno en un talk show donde la justicia es espectáculo y los enemigos, carne de edición. Su aprobación ronda el 40 %,y va en picada. Campeche no necesita una “influencer de la verdad”. Necesita calles, agua, empleo y gobernabilidad. Pero ella prefiere los micrófonos a las obras. Como la tía incómoda en la cena navideña, ahí sigue: hablando de más, sirviendo menos.
EN COLIMA, Indira Vizcaíno ni fu ni fa. Su paso por el gobierno es como un villancico a bajo volumen: suena, pero nadie lo pela. Gobernar Colima debería ser más sencillo que calentar recalentado. Pero ni así. El crimen sube, los problemas también, y su presencia es apenas decorativa. ¿Más de lo mismo? Exacto. Y eso, en tiempos de supuesta transformación, equivale a no haber estado.
DELFINA Gómez, en el Estado de México, apenas está sacando los adornos de la caja. Llegó como la esperanza del cambio tras décadas de dinosaurios priistas, pero hasta ahora sólo ha cambiado el membrete. Tiene tiempo, sí, pero también una presión del tamaño de Toluca. Si no da resultados pronto, pasará de promesa a decepción con la velocidad de una rosca sin niño.
Y CERRAMOS con Margarita González Saravia, la novata de Morelos. Apenas está calentando el ponche, pero su reto es épico: reconstruir un estado saqueado por el desgobierno de Cuauhtémoc Blanco. Gobernar ahí es como armar un nacimiento con piezas perdidas. No tiene ni el burro ni el buey… y el ángel se fue volando hace tiempo.
ASÍ QUE Morena puede presumir de “gobiernos paritarios” y “mujeres al mando”. Pero la paridad no significa eficacia. Gobernar es construir, no posar. Y en este diciembre político, varias de sus mandatarias ya entregaron su carta a Santa Claus… pero lo que recibirán del electorado puede no ser regalo. Puede ser carbón.




