POR KUKULKAN
EN EL GRAN circo de la política mexicana, justo cuando el acto central se preparaba para levantar el telón con la reforma electoral como número estelar, los enanos decidieron salirse del libreto y exigir protagonismo. Y no hablamos de altura, sino de tamaño político real: el Partido Verde y el Partido del Trabajo, esos acróbatas de la sobrevivencia legislativa, hoy amenazan con desmontar la carpa si no les reservan sus asientos VIP en el reparto de curules y dinero.
¡VAYA espectáculo! Quien los viera hace apenas unos años colgados de la ola arrolladora de Morena, agarrados del carro de la Cuarta Transformación como trapecistas sin red. Sin esa fuerza electoral prestada, lo más probable es que hubieran terminado en el suelo, en medio del polvo del olvido. Pero no. Saltaron al acto principal, se subieron al elefante y ahora, con una solemnidad de domador de circo viejo, se atreven a poner condiciones para apoyar la reforma que, oh ironía, podría limpiarle la cara al sistema que tanto los ha beneficiado.
EL VERDE, ese experto en metamorfosis ideológica que ha sido lo mismo aliado del PRI que del PAN, ahora se pone la capa de defensor de los “partidos pequeños”. Rechaza que se recorten las diputaciones plurinominales —su alimento principal— y que se toquen los recursos públicos que engordan sus arcas. Eso sí, en tono de payaso triste, exige “diálogo amplio” y que el recorte presupuestal se haga parejo, no por votos ni representación, sino por derecho divino. Es decir, ¡que no le quiten su parte del pastel, aunque sólo haya traído los platos!
Y EL PT —ese viejo equilibrista del comunismo tropical— decidió que era buen momento para recordar su peso político… o al menos su peso aritmético. El diputado Reginaldo Sandoval sacó la calculadora desde la carpa del Congreso y advirtió con voz de ringmaster: “Sin el PT no da”. Y tiene razón. Morena, con sus 253 diputados, no puede alcanzar la mayoría calificada sin sus comparsas. “A ver, a ver, ¿cuántos somos? ¿500 diputados? Se necesitan 335 para la reforma. Hagan cuentas”, dijo, como si el público no supiera que estos actos de chantaje disfrazado de análisis legislativo ya los hemos visto antes.
Y AHÍ ESTÁ la verdadera función: el chantaje parlamentario. Los socios menores de la 4T saben que, aunque llegaron al poder montados en el elefante de López Obrador, hoy pueden tirar la carpa si les quitan el número de pluris o reducen la tajada del presupuesto partidista. Por eso ahora bailan sobre la cuerda floja, amenazando con desbalancear el acto completo si no se les permite seguir participando en el gran show.
MÁS AÚN, el PT incluso cuestiona si es el momento adecuado para una reforma electoral. “¿Para qué?”, se pregunta Sandoval, “si ya ganamos el Poder Ejecutivo, el Legislativo, y también el Judicial”. ¡Claro! ¿Qué sentido tiene ajustar el espectáculo si los dueños del circo ya tienen el control de las entradas, los micrófonos y hasta el cronómetro? La discusión de fondo se desdibuja entre malabares retóricos y pancartas llenas de buenas intenciones.
PERO la realidad es que tanto el Verde como el PT han vivido de las plurinominales como el león del trozo de carne. Y ahora que se habla de quitarles la carnada o al menos cobrarles por ella, se revuelven en la jaula y rugen, aunque sea con voz de gato. Mientras tanto, Morena observa desde la pista central cómo sus aliados se vuelven fieras. Y en el fondo, todos saben que, sin los votos de esos enanos crecidos, la reforma electoral simplemente no caminará.
EL RESULTADO: un nuevo espectáculo nacional que promete convertir las elecciones de 2027 en un circo de tres pistas, donde cada quien jala su lona, monta su carpa y defiende su número. A este paso, la ciudadanía será el público obligado de una función en la que nadie quiere apagar las luces, pero muchos están dispuestos a patear el escenario si no les aplauden lo suficiente. Se venden palomitas. Y si alcanza, también la democracia.


