Alerta violencia digital contra mujeres

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  • Mujeres periodistas y escritoras han decidido contar las historias de acoso y violencia de género que viven día a día en las redes sociales.
ROSSANA REGUILLO

CIUDAD DE MÉXICO. – @rossanareguillo vamos a preparar a tus hijos como esquites puta, era el 24 de marzo de 2015, no era la primera amenaza, ni sería la última; durante casi cuatro meses viví cotidianamente en acoso constante con amenazas de muerte, varios tuits al día, algunos en la madrugada, así que cuando me despertaba y abría mi cuenta ya tenía un mensaje cada vez más agresivo que el anterior.

Todo comenzó el 26 de febrero al regresar de una marcha por Ayotzinapa, puse varios tuits con fotografías y algunas ideas sobre la indignación y la rabia frente la impunidad que imperaba en el caso de la normal de Ayotzinapa.

Para mi sorpresa, leí en mi cuenta “BAS A BALER BERGA AKI ESTA TU DIRECION PINCHE MAESTRITA DE KINTA”, así en mayúsculas y con estudiados errores ortográficos, además se incluía un enlace que mi intuición me dijo que no debía tocar. Hice las denuncias, fui beneficiaria del Mecanismo de Protección para Periodistas y Personas Defensoras. Recuerdo haber perdido piso en tres ocasiones, con mensajes que me hicieron hiperventilar y sentir que era una batalla que libraba sola y experimentar un miedo profundo por mi familia.

En el ataque participaba una cuenta que arrobaba a otras, como haciendo una especie de llamado, lo que hoy entiendo ya, es una orden o señal para el ataque a un perfil o cuenta determinada. @fulano MANDALES LAS FOTOS DE AKI (un enlace) SON LOS IJOS DE UNA MAISTRA, tuve que contenerme para no abrir el enlace, titubeando con la angustia de que sí fueran mis hijos.

Semanas después, con la voz entrecortada tuve que dar una conferencia en la Universidad de Nueva York, justamente sobre violencia, una de mis líneas de investigación, cuando en el receso, antes de mi turno en la mesa en la que hablaríamos Rita Segato y yo, leí en mi teléfono un tweet en el que se arrobaba a la Policía de la la Ciudad de México, que decía “Preparen un cajón mas para el cadaber de @rossanareguillo”. Y cuando de plano rompí en un llanto incontrolable fue cuando en un tuit con un pastel quemado, me decían “Ven amiga, te vamos a preparar un brownie a lo ayotzinapa”.

Pero este texto no se tratan de mí, aunque “mi” sea el pronombre posesivo en primera persona que usan las mujeres periodistas y escritoras que han decidido contar sus historias de acoso y violencia de género. Esta es la dinámica cotidiana que experimentamos muchas mujeres, jóvenes y viejas, escritoras u opinadoras, artistas o académicas, capitalinas o habitantes en ciudades y municipios donde la violencia es la lengua franca que define el día a día y que participamos en el espacio público con voz propia. Alma Delia Murillo, Peniley Ramírez, Maité Azuela, Pamela Cerdeira y Denise Dresser escribieron en las semanas recientes artículos que vuelven visible la violencia digital por razones de género, violencias que han saltado a la calle, a la casa en forma de correo, al celular y, evidencian lo mucho que tienen que mejorar las plataformas como Twitter: Una perra zorra; Ya sé donde vives, te voy a matar; Voy a violar a tu hija y Muérete chayotera, se titulan las piezas que una a una han sacudido la normalidad con la que ya leemos “puta, mal cogida”, “pinche anciana ya siéntate”, “culera mentirosa”, “quieres que te violen”, que se pronuncian con el desparpajo del que se sabe inmune por tres razones: La pertenencia a una tribu o clan que autoriza y festeja los ataques, la creación de cuentas “suicidas” que se abren y se cierran para evitar sanciones, el ataque por “encargo” para acallar, silenciar y amedrentar a estas voces.

“Mi primera amenaza”, se narra desde la persona singular, desde un cuerpo, una historia, un espacio, una forma de estar en el mundo. “Mi”, la palabra más repetida en estos “frescos” que trazan estas mujeres sobre la superficie de inscripción digital, no es un lamento, no es una queja de víctima indefensa, sino por el contrario un “Mi” cargado de la responsabilidad política de tener una voz y ser mujer. Esta es una nube de palabras que mezcla y articula cuatro experiencias con la violencia sobre las mujeres.

En este ejercicio, el tamaño de la palabra indica el número de veces que una palabra se repite y, las familias semánticas a las que está asociada una palabra que se marca a través de la paleta de colores. El pronombre “Mi”, se repitió 56 veces en los 4 textos y en torno a los colores me interesa resaltar que “sobre” “mi”, se asocia la palabra puta-miedo-callar. En la paleta naranja, amenaza-mensaje-tuit, arman una familia en la que mujer-loca-perra, evidencian el calibre de estas experiencias cotidianas, en las que la avalancha de insultos desvían la atención sobre lo central: el análisis hecho, la opinión vertida, la entrevista realizada, la investigación compartida.

Voy a centrarme en tres de los casos de los muchos que analizamos cotidianamente en Signa_Lab, Peniley Ramírez, Denise Dresser y Alma Delia Murillo.

Vayamos al caso de Ramírez y su investigación sobre la vacuna Cansino, en el transcurso de dos días, se descargaron (mecanismo mediante el cuál extraemos datos de Twitter: 26 mil 351 tuits con la mención y la arroba “Peniley”, en el análisis detectamos que alrededor de su nombre se produjeron un poco más de 103 mil interacciones (relaciones entre las cuentas que la mencionaron), esto no significa que la periodista recibió 103 mil respuestas en su propia cuenta, porque para que una notificación llegue a la usuaria, tuvo que haber sido arrobada, lo que no sucede si se hace una cita del tuit, se comparte una captura de pantalla o se hace una mención o se usa un hashtag o etiqueta. Lo que sí pudo ver la periodista es que su investigación la llevó a ocupar un lugar de las tendencias en la plataforma bajo la etiqueta #Penifake y todos los insultos que se derivaron de esta tendencia. En el grafo siguiente, es posible apreciar que no todo fueron ataques, ni descalificaciones, pero es relevante analizar el tamaño que alcanzó la tendencia, porque permite calibrar el “interés” en la descalificación y especialmente en la humillación de una persona en el espacio digital. ¿Cuántos de estos mensajes impactan directamente en la cuenta de una usuaria, si esta no toma la precaución de silenciar cuentas, silenciar palabras o usar filtros?

Pero no todo es oscuridad y campañas en redes, la siguiente nube de palabras, que extrajimos de la misma base de datos, aplicando varios filtros, muestra el reconocimiento y apoyo que recibió Ramírez en estos días.

Las palabras no son neutras y cuando una mujer decide participar en el debate público, no debiera ser normal que las respuestas a su voz sean el insulto, el descrédito y el uso de lenguajes misóginos que solamente apelan a la adjetivación sobre el cuerpo, sobre la estupidez que caracteriza las mentes femeninas o las que asumen que la mujer que escribe, opina o tuitea, tiene “jefes” que le pagan por hacerlo, es decir, una mujer con opinión es un títere que se alquila por dinero, por no utilizar un lenguaje más fuerte. En el caso de Denise Dresser, que se convierte en tendencia con cierta regularidad y cuya presencia en Twitter es constante, llama la atención la virulencia e incluso la crueldad con la que trata de denostársele. Ella habló en su propio texto, Muérete Chayotera, de la avalancha por ejemplo de memes que recibe, algunos que desbordan cualquier capacidad de análisis racional. Ese texto volvió a levantar una ola de ataques a su arroba. A partir de una descarga del día de la publicación de su artículo, se descargaron alrededor de 12 mil tuits, esta es la nube de palabras que conformaron el ataque.

Los adjetivos hablan por sí mismos. En este caso, en vez de una visualización en grafo, se decidió mostrar los datos en un tableau que es otra herramienta que permite navegar tweet por tuit, dado que es interactiva y pesada, voy a mostrar una captura de pantalla de este análisis con el tuit que alcanzó mayor repercusión con 1699 favoritos y 463 rt’s del Ministro en retiro José Ramón Cossio.

Y como hemos conversado entre nosotras en estos días en que también hemos hablado de y con mujeres que viven estas experiencias en lugares de alta peligrosidad, pese a los apoyos, la solidaridad, con estos mensajes algo dentro de ti, se rompe, como una costilla o el hueso largo de la pierna, apenas un clak y de pronto nada de ti vuelve a estar en su lugar, ese es justo el objetivo del ataque, romper a la persona para romper su voz. Pero recomponerse y no ceder ni un ápice de terreno es la consigna. A Alma Delia Murillo, la han hostigado continuamente por sus columnas críticas y sus comentarios valientes sobre la situación del País, su voz ha sido clave para visibilizar justamente los temas de violencia contra las mujeres y de ella es la iniciativa de juntar las palabras de todas.

Esta visualización muestra el tamaño de los ataques que ha padecido Alma Delia, cuentas que emiten hasta 25 tuits en un solo día mencionándola. El círculo que trata de encerrarla para aislarla de su comunidad habitual, no logra su cometido, como puede apreciarse en el siguiente grafo, donde arrobas con mucha presencia en la red, le brindan su apoyo. La red de Alma Delia forma parte del corpus que preparamos sobre ataques orquestados.

A las mujeres en el espacio público no las atacan por ser mujeres solamente, sino por su palabra crítica, su voz, que se asume no es propia de las mujeres; el ataque de género recurre a las menciones al cuerpo, a los insultos sexuales, a la ofensa que denigra. Elevar el debate, visibilizar estas prácticas, denunciar, utilizar los recursos legales, pero sobre todo, no callar. Qué pasaría si lograran rompernos, cómo sería un espacio público sin mujeres. (Agradezco a Paloma López Portillo y a Eduardo G. De Quevedo de Signa_Lab ITESO, su apoyo para la realización de este artículo)

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