El Mundial ya empezó… y ganó el absurdo

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POR KUKULKAN

EL SILBATAZO inicial del Mundial no se dio en la cancha, sino en migración. Antes de que rodara el balón, Estados Unidos ya había metido la primera barrida fuerte: le negó la entrada al árbitro Omar Artan, quien no alcanzó ni a calentar, pero terminó regresando a casa convertido en héroe nacional. Ironías del futbol moderno: algunos necesitan levantar la Copa para ser recibidos como leyendas; a otros les basta con ser expulsados antes del partido inaugural. Tarjeta roja migratoria, ovación popular y vuelta olímpica sin estadio.

MIENTRAS tanto, en la tribuna global, los aficionados iraníes ya sueñan con verse las caras contra Estados Unidos. No piden goleada, piden ajuste de cuentas con balón incluido. De antemano ya se sabe que en este mundial hay partidos que se juegan con once contra once… y con cien años de historia respirándoles en la nuca.

DESDE la otra banda, Gianni Infantino decidió ponerse místico y declaró que el Estadio Azteca está “tocado por los dioses”. No aclaró si hablaba de Pelé, Maradona, los revendedores o el señor de las tortas, pero las redes ya hicieron su propia misa futbolera. El viejo coloso de Santa Úrsula pasó de estadio a templo. Ahí no se cobra boleto: se paga diezmo. Ahí no se juega futbol: se invoca al VAR celestial. Y cuidado con reclamar, porque si el árbitro se equivoca, capaz que fue “voluntad divina”.

PERO el momento cumbre vino cuando la FIFA, esa institución que cambia calendarios, sedes, reglas, horarios y hasta el humor de medio planeta, descubrió algo doloroso: no manda en todo. “No somos los reyes del mundo”, vino a decir Infantino, como quien se quita la corona justo cuando le preguntan por los visados. El comentario fue un autogol precioso. Y es que, si la FIFA no es reina del mundo, al menos cobra como monarquía, organiza como imperio y exige reverencias como Vaticano con patrocinadores

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Y NI HABLAR de los boletos. En este Mundial, comprar una entrada parece apostar en bolsa: hoy vale un riñón, mañana baja como defensa cansado al minuto 85. Hay aficionados que no saben si van al estadio o a una subasta con himnos nacionales. Por si fuera poco, el torneo también ha dejado claro que la verdadera aduana del Mundial no está en los estadios, sino en los aeropuertos. Entre visas, permisos, controles y restricciones migratorias, algunos participantes han tenido que librar partidos más complicados en las ventanillas de migración que en la propia cancha. Y APENAS estamos en los primeros días. Todavía faltan los aficionados que jurarán haber visto milagros en una repetición del VAR, los entrenadores que convertirán una derrota en una teoría filosófica, los comentaristas que encontrarán conspiraciones en cada decisión arbitral y las redes sociales que transformarán cualquier ocurrencia en tendencia mundial.

SI ALGO ha demostrado esta Copa del Mundo es que el espectáculo no está únicamente en el césped; muchas veces ocurre fuera de él. Así arrancó este Mundial: con árbitros deportados, estadios canonizados, boletos bipolares, aficionados con cuentas geopolíticas pendientes y una FIFA sorprendida de que existan gobiernos más tercos que sus propios reglamentos. El partido inaugural del absurdo ya se jugó… y lo ganó por goleada la realidad.

@Nido_DeViboras

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