El INE sale del clóset político

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POR KUKULKAN

QUE ALGUIEN abra las ventanas del INE. Después de tantos años de guardar las apariencias, Arturo Chávez decidió ventilar la habitación y avisarnos que debajo de los trajes de consejero, los reglamentos, las sesiones interminables y la solemne defensa de la imparcialidad también hay criaturas de carne y hueso que tienen preferencias políticas.

¡VÁLGAME DIOS! El consejero electoral soltó una frase de esas que parecen diseñadas para convertir una entrevista en incendio: quien diga que no pertenece a un proyecto político dentro de las consejerías, “en realidad está mintiendo”. Y uno que ingenuamente pensaba que para entrar al INE había que dejar las filias políticas en paquetería, junto al paraguas.

PERO NO. Según Chávez, todos pertenecen de alguna manera a un proyecto político. Él reconoce afinidades ideológicas y explica que tenerlas no impide desempeñar el cargo con profesionalismo, respetar la ley ni garantizar que los votos cuenten como deben contar. Hasta ahí, la discusión tiene sustancia.

SI BIEN una cosa es tener ideas políticas —difícil encontrar un ciudadano que no las tenga—, otra bastante distinta es permitir que esas ideas determinen las decisiones de una autoridad electoral. El pequeño problemita es que Chávez no llegó al INE precisamente acompañado por una aureola de desconocimiento político.

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EL HOY consejero conoce a Claudia Sheinbaum desde las luchas universitarias del CEU de 1986, ha reconocido públicamente coincidencias ideológicas con ella y anteriormente participó en su defensa frente a litigios electorales. Su trayectoria política y académica es pública. Así que cuando Chávez habla de proyectos políticos no está impartiendo una clase abstracta sobre Aristóteles. Habla desde una historia propia.

Y AQUÍ comienza el banquete de nuestras víboras. Durante décadas una buena parte de la legitimidad del árbitro electoral mexicano se construyó alrededor de una palabra repetida hasta el cansancio: imparcialidad. Ahora aparece uno de sus integrantes para recordarnos algo evidente pero institucionalmente incómodo: los árbitros también votan, tienen ideas, simpatías y probablemente hasta candidatos que les caen mejor que otros.

VAYA descubrimiento revolucionario. Al paso que vamos, próximamente sabremos que los ministros tienen opiniones jurídicas y que los diputados tienen intereses políticos. Pero Chávez fue más lejos al cuestionar a antiguos consejeros que, según su interpretación, terminaron comportándose como opositores al Gobierno y posteriormente participaron en proyectos partidistas.

PARA ÉL, el INE no debe convertirse en una institución “antigobiernista”, sino dialogar con Gobierno, partidos, empresarios y sociedad. Justo ahí es donde la serpiente empieza a morderse la cola. Y es que, si un consejero cercano al Gobierno acusa a otros de haber sido demasiado contrarios al Gobierno, la discusión deja de ser quién tiene preferencias para pasar a la pregunta de qué hace cada uno cuando esas preferencias llegan a la mesa del Consejo General.

ESO ES lo único que importa. No necesitamos consejeros sin ideología. Necesitamos autoridades cuyas resoluciones puedan sostenerse frente a la ley independientemente de quién gane o pierda con ellas. Chávez asegura que eso hará. También sostiene que sus afinidades no lo convierten en títere y que desempeñará su responsabilidad con profesionalismo y honestidad intelectual.

EL INE, por su cuenta, ha difundido declaraciones suyas en las que afirma que debe resistir presiones políticas y actuar conforme a la Constitución y la legalidad. Habrá que medirlo precisamente con esa vara, ya que viene una temporada particularmente interesante. México ya está dentro del proceso electoral federal 2026-2027 y el árbitro electoral tendrá que tomar decisiones que inevitablemente beneficiarán unas veces al oficialismo y otras a sus adversarios.

ENTONCES llegará la prueba que ninguna declaración de los consejeros puede resolver. Cuando haya expedientes, fiscalización, quejas, sanciones y votaciones divididas, veremos si las convicciones personales permanecen donde deben permanecer: en la conciencia del consejero.

MIENTRAS tanto, Arturo Chávez consiguió algo poco frecuente. Dijo en voz alta aquello que muchos prefieren envolver en lenguaje burocrático. Los consejeros tienen preferencias políticas ¡Caramba! Quizá el problema nunca fue tenerlas, sino que el ciudadano pudiera adivinar una resolución electoral simplemente preguntando cuál es el proyecto político favorito del árbitro. Y para entonces ya no necesitaríamos sesiones del Consejo General. Nos bastaría con consultar la alineación.

@Nido_DeViboras

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