José Luis Carrillo
Sin pretender soslayar los “méritos” obtenidos por el llamado “chavismo” venezolano durante 25 años —con su caudal de abusos de poder en materia de derechos humanos, libertad de expresión y confiscaciones (más no expropiaciones) de toda índole contra empresas privadas—, lo cierto es que el vecino del norte tampoco está exento de prácticas cuestionables.
En Venezuela, los chavistas se apropiaron de empresas privadas sin otorgar compensación alguna. En otras naciones y circunstancias, en cambio, los gobiernos negocian con los afectados y establecen mecanismos de indemnización.
Confieso ser admirador de Canadá, y en particular de la región de Quebec, cuya frase icónica Je me souviens exhorta a nunca olvidar las raíces. Es un concepto histórico que convendría tener presente en México.
Y no hablo del famoso himno de los Marines —admirados por muchos como los “Avengers” de Estados Unidos— en el que se ufanan de haber derrotado al Ejército Mexicano durante la Batalla de Chapultepec, el 13 de septiembre de 1847, cuando buscaron, por la fuerza, apoderarse de Texas.
Y lo lograron.
No pretendo defender a ningún político. Pretendo defender a México y sus raíces, más allá de los reiterados errores y abusos de poder cometidos por ciudadanos traidores a la patria, y por los partidos que nos han gobernado.
Los hechos en Venezuela han sido celebrados por muchos y cuestionados por no tantos en México y Estados Unidos. Esto confirma que la estrategia de Donald Trump —brillante para algunos, pero perversa para otros— le está dando resultados, al menos hasta el momento.
Más allá de que Estados Unidos juegue un póker “abierto”, aceptando que busca recuperar lo que —desde su perspectiva— le fue “robado”, y que “vigilarán” a la nueva presidenta para que cumpla con sus intereses, conviene recordar situaciones como las ocurridas el 6 de enero de 2021.
¿Recuerdan cuando un grupo radical de seguidores, auspiciados por el propio Trump, pretendió tomar por asalto el Capitolio e impedir que el presidente legítimo, Joe Biden, juramentara el cargo?
Todos los detenidos fueron absueltos por el mismo presidente que fue juzgado y encontrado culpable por varios delitos.
La frase “los que no están conmigo, están contra mí” parece imponerse, y muchos no podemos evitar cierto paralelismo entre estilos de gobernar, por decirlo de manera elegante. Y nadie debería sorprenderse si, en ese contexto, alguien pretende imponer que “la ley es la ley”, solo cuando conviene.
También resulta llamativo cómo pocos hablan de los archivos de Jeffrey Epstein, conocido depredador sexual, asociado de manera cercana con diversas figuras políticas y empresariales a nivel global, entre quienes figura el republicano.
¿Es Donald Trump candil de la calle y oscuridad de su casa?
Otro hecho: acaba de concluir el mayor periodo en la historia reciente de nuestros vecinos con un “gobierno cerrado”, precisamente porque sus contrapesos legislativos no aceptaban sus propuestas discrecionales sobre el presupuesto federal.
Mientras tanto, esa nación arrastra un pasivo fiscal cercano a los dos billones de dólares. Cientos de miles de personas en situación de calle no encuentran opciones para salir de la pobreza; la clase media padece una inflación histórica a la que no estaba acostumbrada; y continúan las balaceras en campus universitarios.
Otra sorpresa de inicio de año para los estadounidenses ha sido el incremento, casi al doble, del costo de los seguros de gastos médicos, tan relevantes ante la ausencia de un sistema público de seguridad social.
¿Cuál es la razón del consumo indiscriminado de drogas traídas de otras naciones?
¿Quién paga por consumirlas?
¿Y quién sigue enviando ilegalmente todo tipo de armamento a otros países, para que sus ciudadanos también continúen matándose?
Trump asegura que “meterá en orden a Venezuela”, cuando los hechos confirman que, en dos periodos presidenciales, no ha logrado ordenar su propia casa.
Por cierto, ¿alguien sabe dónde anda el vicepresidente J. D. Vance? ¿Será que no se siente cómodo con la estrategia de “balazos y no abrazos” de su jefe?
Resulta evidente que la estrategia de Trump no tiene que ver con democracia ni libertad, sino con intereses políticos y económicos del grupo de poder que lo respalda. Uno de sus objetivos principales es salir avante en las elecciones intermedias del 3 de noviembre del presente año.
Ese día estarán en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 del Senado y 39 gubernaturas, en un clima electoral altamente politizado y polarizado.
Recordemos que, históricamente, las elecciones intermedias castigan al partido que ocupa la Casa Blanca. Algunos indicios de caída republicana se reflejan en derrotas sufridas en Nueva York, Virginia y New Jersey. Sin embargo, persiste una división interna en el Partido Demócrata que el equipo gobernante busca aprovechar.
Y precisamente ahí es donde los nombres de Venezuela, Cuba, Colombia y México cobran relevancia en la estrategia trumpista: atacar a los “bad hombres” supuestamente responsables de los males que él mismo no ha podido resolver.
Porque ahora resulta que los enemigos de Estados Unidos ya no viven en Medio Oriente, sino en América Latina.
Después de todo, para lo que busca en noviembre, sale más barato y efectivo castigar a los “criminales” de apellidos latinos que confrontarse con sus socios europeos o con Arabia Saudita.


