POR KUKULKÁN
YA HEMOS visto esta película anteriormente en el Nido de Víboras. Y no es estreno: es reposición remasterizada en 4K del Jurassic Park neoliberal, donde los dinosaurios vuelven a rugir convencidos de que todavía asustan… aunque ya sólo provoquen nostalgia en los museos. Ahí los tiene usted, formaditos, firmando un manifiesto preventivo, una especie de amparo moral adelantado contra una reforma electoral que todavía no existe, pero que ya fue condenada como antidemocrática.
¿LA PRUEBA del crimen? Que no la redactaron ellos. En el ecosistema de la oposición, la democracia funciona como fósil de exhibición: sólo es auténtica si se parece al pasado que los benefició. El Frente Amplio Democrático irrumpe como una estampida de saurios veteranos que, al oler cambio, activan el instinto de supervivencia.
NO IMPORTA que no se conozca el texto, los artículos o siquiera el título de la reforma. El reflejo es automático: levantar la cola, mostrar los colmillos y gritar “autoritarismo”, como si fuera el rugido universal para espantar meteoritos políticos. Encabeza la manada Vicente Fox, el T-Rex del marketing democrático. El mismo que prometió “sacar al PRI de Los Pinos” para luego dejarlo cómodamente instalado en los estados, en los negocios y en las inercias del poder.
DE ESE tamaño el cinismo: el presidente del “ya se acabó” que inauguró el sexenio del no pasó nada, ahora reaparece como guardián de la democracia. Resulta conmovedor: el dinosaurio que juró traer la modernidad hoy defiende instituciones que en su gobierno no tocó… porque no quiso o no pudo o no convenía a sus intereses.
JUNTO a él asoma Francisco Labastida, fósil priista de la era mesozoica del “dedazo”, cuando la democracia era un ritual interno y la voluntad popular se interpretaba desde Bucareli. Que hoy firme un manifiesto contra una reforma “sin consenso” es como ver a un velociraptor exigir transporte público incluyente: histórico, sí; creíble, no tanto.
Y SI HABLAMOS de especies dominantes, aparece Claudio X. González, el gran braquiosaurio del privilegio hereditario. Empresario formado al calor del Estado neoliberal, beneficiario de contratos, concesiones y decisiones públicas que nunca pasaron por consulta ciudadana. Para él, la democracia siempre fue un asunto de consejo de administración: pocos, selectos y con acciones preferentes. Ahora clama por equilibrios institucionales, justo cuando esos equilibrios ya no garantizan su lugar en la cadena alimenticia.
EL PROBLEMA no es que opinen. Faltaba más. El problema es la autoridad moral con la que pontifican. Hablan de riesgos a la democracia quienes durante décadas administraron un sistema que privilegió al mercado sobre el desarrollo social, al capital sobre los derechos y a la tecnocracia sobre el voto. Son dinosaurios que se escandalizan porque el parque ya no les pertenece.
LA ESCENA es grotesca: protestan por una reforma inexistente, la declaran antidemocrática por adelantado y se erigen en árbitros del futuro político. Es como si el Jurásico denunciara la llegada de los mamíferos por romper el equilibrio natural… sin mencionar que ese “equilibrio” los tenía a ellos en la cima.
MIENTRAS tanto, la presidenta Claudia Sheinbaum insiste en algo elemental: primero conozcamos la propuesta, luego debatamos. Pero en el Parque Jurásico opositor no hay tiempo para la ciencia. El instinto manda. Y el instinto dice que cualquier cambio que no controle la vieja fauna debe ser combatido como amenaza existencial.
LA IRONÍA es perfecta: quienes nunca se manifestaron contra los fraudes del pasado, contra la captura del Estado por intereses privados o contra la desigualdad estructural, hoy salen en defensa de una democracia abstracta, etérea, sin pueblo, pero con manifiesto. El meteorito del poder ya cayó en 2018.
DESDE entonces, algunos dinosaurios siguen dando coletazos, convencidos de que el rugido basta para recuperar el territorio perdido. No entienden que la extinción no fue producto de una conspiración, sino de su incapacidad para adaptarse a un país que cambió. El Frente Amplio Democrático no es una alerta temprana: es un eco fósil. Y como todo eco del pasado, puede hacer ruido… pero ya no gobierna el rumbo de la historia.


