- Ante este escenario, autoridades y organizaciones del sector han retomado proyectos para fortalecer los mecanismos de control biológico y fitosanitario.
JORGE GONZÁLEZ
VERACRUZ, VER.- La citricultura veracruzana experimenta un respiro frente a uno de sus mayores desafíos fitosanitarios: la plaga conocida como “dragón amarillo” o huanglongbing (HLB).
Es una enfermedad transmitida por el “psílido” asiático (plagas chupadoras de plantas que beben del sistema de floema de la planta) a los cítricos que ha diezmado huertos de naranja y limón en los últimos años.
El descenso térmico registrado en los últimos días ha ralentizado la actividad del insecto vector, ofreciendo un alivio temporal a productores y técnicos del campo.
La plaga del “dragón amarillo” fue identificada hace más de una década como una de las principales amenazas para los cítricos de Veracruz, una de las regiones más importantes del país en la producción de naranja.
Estudios y reportes previos señalaron que la enfermedad había afectado extensamente hectáreas de cultivo, provocando la disminución de rendimiento y calidad de la fruta, así como impactado la economía de miles de familias productoras.
Las temperaturas bajas afectan tanto al insecto transmisor como a la bacteria asociada al HLB, reduciendo su movilidad y reproducción.
Productores han notado que, con el ambiente más frío, la presencia de “psílidos” se ha debilitado, lo que disminuye temporalmente la propagación de la enfermedad entre árboles y da un respiro a huertos afectados o en riesgo.
Sin embargo, técnicos en sanidad vegetal y agrónomos advierten que esta pausa es transitoria; con la llegada de un régimen más cálido, propio de los próximos meses, el insecto podría reactivarse y continuar su ciclo de infestación.
Este patrón sugiere que el alivio actual no reemplaza las estrategias de manejo fitosanitario sostenible y que los productores deben prepararse para responder cuando las condiciones climáticas vuelvan a favorecer al vector.
Ante este escenario, autoridades y organizaciones del sector agropecuario han retomado proyectos para fortalecer los mecanismos de control biológico y fitosanitario.
Entre ellos destaca la planificación de laboratorios para producir enemigos naturales del “psílido”, como parte de un enfoque integrado de manejo de plagas que complemente las prácticas agronómicas en campo.
Estas iniciativas reflejan la preocupación por sostener la productividad citrícola en un contexto de cambios climáticos y presión de plagas, promoviendo respuestas técnicas que reduzcan la dependencia exclusiva de métodos químicos y fortalezcan la resiliencia del sector.
La citricultura no sólo es un motor productivo en Veracruz –donde miles de familias dependen de ella para su sustento–, sino también un elemento cultural y económico de comunidades rurales.
La amenaza constante del “dragón amarillo” ha generado preocupación entre productores pequeños y medianos, que enfrentan pérdidas de rendimiento, costos adicionales en manejo fitosanitario y una incertidumbre constante sobre la estabilidad de sus cultivos.
El alivio temporal del clima frío es motivo de cierto optimismo, pero también subraya la importancia de políticas públicas y acompañamiento técnico para sostener los esfuerzos contra la plaga a largo plazo, más allá de las fluctuaciones climáticas estacionales.


