- En diversos operativos, se han recogido casquillos calibre .50 tras enfrentamientos con el crimen organizado, varios de ellos provenientes de Lake City.
STAFF / LUCES DEL SIGLO
CIUDAD DE MÉXICO.- Las municiones calibre .50, fabricadas originalmente para el Ejército de Estados Unidos están terminando en manos del crimen organizado en México, alertó una investigación conjunta del diario The New York Times y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés).
El centro neurálgico de este tráfico es la Planta de Municiones del Ejército de Lake City (LCAAP), ubicada en Independence, Missouri. El complejo industrial —clave para la producción militar de EE.UU.— es señalado como la principal fuente de balas de gran calibre, que han sido utilizadas por cárteles mexicanos para perpetrar asesinatos, atacar convoyes del Ejército y derribar aeronaves.
DEL EJÉRCITO AL NARCO: LA RUTA DE LAS BALAS
Según la investigación, desde 2012 la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) ha decomisado más de 40,370 cartuchos de munición calibre .50 en estados fronterizos con México. Al menos un tercio de esas balas provienen de la planta de Lake City, reconocidas por las iniciales “L.C.” impresas en sus casquillos.
Este calibre es considerado armamento de guerra. Su poder destructivo puede penetrar vehículos blindados y derribar helicópteros, como ocurrió en emboscadas documentadas en Jalisco, Guanajuato y Tamaulipas, según informes de seguridad mexicana.
En diversos operativos, elementos castrenses y policías han recogido casquillos calibre .50 tras enfrentamientos con el crimen organizado, varios de ellos provenientes de Lake City.
¿CÓMO LLEGAN AL NARCO?
La planta de Lake City es operada desde 2019 por Olin Winchester, que obtuvo un contrato por 8 mil millones de dólares. Aunque esta empresa no vende directamente al público, sí lo hace a distribuidores y minoristas, quienes a su vez pueden vender legalmente estas municiones a civiles dentro de EE.UU. Sin embargo, el control posterior de esas ventas es escaso.
La falta de trazabilidad y la reventa ilegal permiten que este tipo de munición termine cruzando la frontera. En algunos casos, los cartuchos llegan a México ocultos entre cargamentos legales o por medio de traficantes de armas que operan redes binacionales.
El Ejército estadounidense, citado por The New York Times, aseguró que permitir la venta comercial de munición excedente ha ahorrado hasta 50 millones de dólares anuales al gobierno federal. Sin embargo, no respondió directamente sobre el desvío de estas balas al crimen organizado.
MÉXICO TAMBIÉN HA COMPRADO A LAKE CITY
De acuerdo con los documentos obtenidos por el Times, el gobierno de México también ha adquirido municiones producidas en Lake City, aunque no se especifica si incluyeron el polémico calibre .50.
Este hallazgo pone bajo la lupa la falta de control sobre el destino final de las balas que salen de plantas militares estadounidenses y plantea serias dudas sobre la responsabilidad compartida entre ambos gobiernos.
TESTIMONIOS DE HORROR
Víctimas, periodistas y autoridades mexicanas han descrito enfrentamientos donde el suelo queda cubierto de casquillos de gran calibre, muchos marcados con “L.C.”. En enfrentamientos como los ocurridos en Aguililla (Michoacán), elementos del Cártel Jalisco Nueva Generación han utilizado fusiles Barret calibre .50 para aterrorizar poblaciones enteras y enfrentar a las fuerzas armadas.
“Estas armas no son para cazar venados”, declaró un ex agente del ATF al Times. “Son armas de guerra, y están siendo usadas como tal en México”.


