POR KUKULKAN
EN MORENA ya descubrieron que ganar casi todo tiene un pequeño inconveniente: ahora todos quieren quedarse con un pedazo. Y cuando decimos todos, hablamos de gobernadores, alcaldes, senadores, familias, parejas, compadres, tribus y demás fauna que aprendió rápidamente que aquello de “no mentir, no robar y no traicionar” era un principio político, no necesariamente un requisito para entrar al reparto. La dirigencia nacional tiene enfrente 17 gubernaturas en 2027 y más de 300 personajes calentando el brazo para lanzarse por alguna de ellas. La preocupación ya no parece ser únicamente cómo derrotar a la oposición. Primero tendrán que sobrevivir a la lucha interna.
EN NAYARIT, por ejemplo, la dirigencia nacional tuvo que sentar a cinco aspirantes, establecer reglas y conseguir hasta un pacto de no agresión. Sí, leyó usted bien. Un pacto de no agresión. Entre compañeros. Imagínese cómo estará el cariño. En Tlaxcala fueron todavía más cuidadosos: el Comité Ejecutivo Nacional reafirmó a Azalia Cortés García como enlace con la estructura estatal y responsable de conducir la ruta hacia 2027. En Guerrero, donde hablar de grupos políticos familiares es casi deporte estatal, la definición pasará por órganos nacionales, encuestas y mecanismos que pretenden impedir que una sola tribu decida la sucesión.
Y ZACATECAS tampoco escapa del problema. Después del espectáculo nacional provocado por la posibilidad de una sucesión familiar, Morena ha tenido que apretar filtros y mantener desde el centro el control de las definiciones. ¿Casualidad? Las víboras no creemos mucho en ellas. Lo que parece estar haciendo Morena es construir cortafuegos antes de que sus propias estructuras locales terminen incendiando el movimiento. Y entonces llegamos a Quintana Roo. Aquí la dirigencia nacional tiene una magnífica oportunidad para demostrar si eso del piso parejo es principio democrático o simplemente otro bonito elemento decorativo de los discursos.
LA DIRIGENTE estatal Johana Acosta enfrenta una circunstancia políticamente incómoda rumbo a 2027. Es pareja sentimental de Mary Hernández, presidenta municipal de Felipe Carrillo Puerto, cuyo nombre aparece entre quienes podrían buscar una diputación federal. Además existe vínculo familiar con Yensunni Martínez, alcaldesa de Othón P. Blanco, mencionada también entre posibles aspirantes a una diputación local. Nada de eso constituye delito. Pero tampoco ayuda mucho cuando quien encabeza el partido deberá garantizar imparcialidad para repartir candidaturas a gobernador, diputados federales, legisladores locales y presidentes municipales.
SER ÁRBITRO cuando familiares y personas cercanas quieren entrar al partido no parece precisamente la definición académica de neutralidad. Más bien parece reunión de Navidad. Y el asunto se vuelve todavía más incómodo cuando alrededor de la administración de Mary Hernández existen preguntas que nadie parece demasiado interesado en formular. En Felipe Carrillo Puerto se comenta sobre las mejoras realizadas a la vivienda de la alcaldesa y sobre la presunta propiedad del restaurante Lumbre, ubicado justamente frente al Palacio Municipal.
SERÍA saludable aclarar públicamente quién es propietario de ese establecimiento y de otros más que se le atribuyen, quién realizó la inversión, qué relación tiene con personas cercanas al gobierno municipal y cuáles son las licencias correspondientes. Preguntar no ofende y documentar tranquiliza. Especialmente cuando el contraste visual resulta bastante desafortunado: enfrente puede apreciarse inversión y renovación mientras el Palacio Municipal difícilmente podría competir en entusiasmo arquitectónico.
QUIZÁ el desarrollo llegó a Carrillo Puerto y se estacionó cruzando la calle. Lo preocupante para Morena no es solamente una casa, un restaurante o una candidatura. Es el síntoma. Y es que mientras la dirigencia nacional intenta contener grupos en Nayarit, coloca enlaces en Tlaxcala, controla mecanismos en Guerrero y evita sucesiones familiares en Zacatecas, en Quintana Roo tendría que preguntarse quién controla realmente su estructura y qué garantías existen de que las candidaturas de 2027 no serán administradas desde los afectos, parentescos y compromisos políticos.
LA PURGA que necesita Morena quizá no consista necesariamente en correr dirigentes. Puede resultar más efectiva otra cosa: quitarles las llaves. De nada servirá presumir encuestas nacionales si quienes controlan padrones, estructuras territoriales, movilización y operación política ya escogieron candidato desde antes. Morena derrotó durante años a los cacicazgos del PRI. El verdadero desafío ahora será impedir que nazcan los propios. Y en Quintana Roo hay suficientes serpientes moviéndose entre la maleza como para que desde el CEN comiencen a mirar hacia el Caribe. No vaya a ser que cuando lleguen con la escoba en 2027 ya hayan repartido hasta el recogedor.




