Elmer Ancona Dorantes
Al paso que vamos, la presidenta de México va a querer cambiar el nombre de todo lo que se le ocurra, de todo lo que se le ponga enfrente y no le agrade.
Sólo falta que le ponga “Claudia” al Iztaccíhuatl, por aquello de la “mujer dormida”, y “Andrés Manuel” al Popocatépetl, por el cuento de aquel que vela su sueño permanentemente. Más bien que monitorea y controla su sueño sin cesar.
Cuenta la Leyenda de los Volcanes que el Popo -Don Goyo- representa al guerrero enamorado que vela el eterno sueño de la mujer dormida; los dioses los convirtieron en grandes montañas y volcanes para mantener su amor por siempre y ante todo.
Parece de película, una novela rosa, un melodrama, pero los mexicanos lo vemos más como un acto de política real; hoy tenemos una presidenta de la República que sueña y sueña con cambiar el nombre a todo lo que está a su paso, frente a sus narices, con tal de llenar con algo su agenda vacía.
Como tiene pocas cosas de interés que ofrecer a los mexicanos, sus políticas públicas se sustentan en ocurrencias; sin temor alguno podríamos decir que se está “brugadizando”.
Mientras la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, vive de sus famosas “utopías”, con proyectos imposibles de concretar, la mandataria federal vive de sus prolongados letargos, tratando de cambiar 500 años de historia de este país en el que nos tocó nacer.
Pretende ocultar a personajes centrales y pasajes históricos que nos han marcado como nación; cuando fue jefa de Gobierno no le bastó con quitar del Paseo de la Reforma el histórico monumento a Cristóbal Colón para convertir el espacio en la “Glorieta de las mujeres que luchan”.
Ahora, en su imaginario doctrinal, propone cambiar el nombre del “Paso de Cortés” al de “Paso de los Pueblos Indígenas”. El caso es darle en la torre a la historia de este país.
Quiere borrar de nuestro vocabulario todo lo que suene a “conquista”, a “encuentro de dos civilizaciones”, a todo lo que suene a “España”.
Pero basta observar la clausura del Mundial de Futbol 2026 para ver la mirada, casi suplicante, que echó a los seleccionados españoles para que le estrecharan la mano. Muchos de ellos se pasaron de largo, al igual que los argentinos.
Y basta ver la charla que sostuvo con el Rey Felipe VI en el Metlife Stadium o Estadio de Nueva Jersey, para entender esa necesidad velada y callada de congraciarse con la “Madre Patria” a la que han insultado a más no poder.
“Este día les propongo que dejemos de llamar ‘Paso de Cortés’ a este territorio, porque por aquí pasaron los pueblos mucho antes. Vamos a llamarle ‘Paso de los Pueblos Indígenas’”.
La presidenta se refiere al camino entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl en el centro de México, que adquirió su nombre porque Hernán Cortés transitó por esa vía para la conquista de Tenochtitlán, capital del imperio mexica.
Días después, en Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum dijo: “Estoy muy orgullosa de ello”, o sea, muy orgullosa de borrar todo tipo de huella de lo que significó la Conquista de México.
Por si fuese poco, recordó que el sitio conocido como Árbol de la Noche Triste fue rebautizado como Árbol de la Noche Victoriosa, en alusión a la derrota de Hernán Cortés frente a los mexicas.
La mandataria federal también recordó el cambio de nombre del Puente de Alvarado, en referencia a Pedro de Alvarado, a quien responsabilizó de la masacre en el Templo Mayor.
“Los nombres de las calles, los monumentos, las referencias que tenemos, pues tienen que hablar de nuestra sociedad”
En pocas palabras, de los de aquí y no de los de allá, de unos cuantos, de los nuestros, sin terminar de entender que México somos todos, con nuestros aciertos, errores, costumbres, figuras históricas.
Para tratar de justificar su propuesta, Sheinbaum Pardo leyó fragmentos de un documento de 1548, firmado por Carlos I de España, que consigna acusaciones contra Hernán Cortés por ordenar la muerte de indígenas.
Sostuvo que, tras el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas como sujetos de derecho, también deben ser reivindicados en la historia, el presente y el futuro del país.
En eso estamos totalmente de acuerdo, tenemos que hacer que prevalezca y se reconozca la valiosa aportación que las comunidades indígenas hicieron al país a lo largo del tiempo, pero también debemos admitir y estar conscientes que de ellos emanaron también bastantes atrocidades.
Lo mejor para México es reconocernos como somos y como lo que fuimos; no podemos obviar una cosa de otra; venimos arrastrando patrones históricos que nos dicen lo que debemos transformar sin lesionar nada y a nadie.
Esa es la gran responsabilidad para los políticos contemporáneos, para Claudia Sheinbaum: hacer que México siga siendo grandioso, enorme por las grandes civilizaciones que nos antecedieron, tanto las de aquí como las que nos dieron el mestizaje del cual ahora gozamos.
No podemos ocultar la historia del país tapándonos un ojo. No tiene sentido. Sería una especie de miopía. Y eso no es México, es simple doctrina política pobre y limitada que no le aporta nada a la República.
Hay que hacer a un lado el largo letargo de la mujer dormida que yace a los pies de su eterno enamorado.
@elmerando




