Establece Unicaribe reglas para convivir con cocodrilos en su campus

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  • La Universidad del Caribe (Unicaribe) estableció reglas para reducir riesgos y mejorar la convivencia entre su comunidad y los cocodrilos que habitan en los alrededores del campus.
OMAR ROMERO

CANCÚN, Q. ROO.- La Universidad del Caribe (Unicaribe) estableció reglas para reducir riesgos y mejorar la convivencia entre su comunidad y los cocodrilos que habitan en los alrededores del campus.

Esto, a partir de un proyecto de monitoreo que confirmó 69 avistamientos durante el periodo de estudio. 

El trabajo derivó en un manual que cuenta con dos versiones, una interna, dirigida al personal de la institución y enfocada en protocolos técnicos de infraestructura y seguridad, y una guía pública para estudiantes, visitantes y la comunidad en general.

Entre las principales recomendaciones se encuentra la prohibición de alimentar a los cocodrilos y a otras especies silvestres, como los tejones, debido a que proporcionarles comida puede modificar su comportamiento natural y hacer que asocien la presencia humana con alimento, incrementando el riesgo de acercamientos.

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También se establece mantener una distancia segura de los ejemplares, no perseguirlos ni acorralarlos para tomar fotografías o videos, así como evitar arrojarles objetos o molestarlos cuando se encuentren descansando o flotando.

El manual es resultado de un proyecto integral que incluyó un monitoreo de cocodrilos y un estudio de percepción social dentro de la universidad.  

La iniciativa fue coordinada por Leonildo Tun Camal y Daniela Juárez Castillejos, del Departamento de Sostenibilidad de la Unicaribe, con participación del Centro Interinstitucional de Investigación Aplicada. 

Así como los estudiantes de las carreras de Innovación Empresarial y Turismo Sustentable y Gestión Hotelera, Mirka Medina, Regina Martínez y Alan de Jesús Suchite. 

Durante el periodo de estudio se realizaron 409 registros de monitoreo, con tres recorridos diarios de lunes a viernes.  

En 83.1 por ciento de esos registros no se observó presencia de cocodrilos, mientras que en 16.9 por ciento restante se confirmaron los 69 avistamientos. 

El deck concentró la mayor actividad, con 45 avistamientos, equivalentes a 65.2 por ciento del total. Le siguió el área frente al edificio B, con 12 registros, y la caseta 2, con seis. 

En ese sentido, identificaron ejemplares en diferentes etapas de crecimiento, aunque predominaron los de más de 1.5 metros. 

También documentaron que los animales utilizan distintas zonas del campus para descansar, tomar el sol y desplazarse por tierra firme, particularmente entre la caseta 2 y el área frente al edificio B, en movimientos relacionados con la búsqueda de nuevos territorios. 

Los resultados también permitieron precisar que el número de avistamientos no equivale al número de cocodrilos que habitan el campus, debido a que un mismo ejemplar puede ser registrado en repetidas ocasiones. 

Además del monitoreo, se realizó una encuesta a 299 integrantes de la comunidad universitaria, entre estudiantes, docentes, personal administrativo, operativo y de seguridad, para conocer su percepción sobre la presencia de estos animales. 

El 88.6 por ciento de los encuestados afirmó haber visto al menos un cocodrilo dentro de la universidad; en cuanto a la reacción ante su presencia, 40.5 por ciento manifestó emoción y gusto, mientras que 12 por ciento expresó sentir miedo. 

La encuesta también mostró que 32.5 por ciento considera que los cocodrilos aportan una imagen atractiva a la institución y fortalecen su vínculo con la conservación de la naturaleza, mientras que 16.8 por ciento los identifica directamente como un símbolo de identidad universitaria. 

A partir de los resultados, especialistas y estudiantes también plantearon medidas de infraestructura, como ampliar determinados tramos de cercado en zonas donde los cuerpos de agua colindan con estacionamientos.  

La propuesta contempla colocar las barreras con una inclinación que dificulte que los animales puedan trepar y desplazarse hacia áreas de circulación, sin bloquear por completo sus movimientos. 

Gonzalo Merediz, quien participó en la elaboración de las recomendaciones, señaló que el objetivo no es encerrar o retirar a los cocodrilos, sino conducir sus desplazamientos y reducir los riesgos tanto para las personas como para los propios animales. 

El especialista consideró que la experiencia de Unicaribe puede servir como referencia para otros espacios de Cancún y Quintana Roo donde existe interacción entre personas y fauna silvestre, particularmente hoteles, parques y proyectos que colindan con manglares y humedales. 

La estrategia tendrá continuidad con futuras generaciones de estudiantes, quienes podrán mantener los monitoreos y actualizar las medidas conforme se obtenga nueva información sobre la presencia y comportamiento de los cocodrilos en el campus.

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