Quintana Roo y Baja California Sur: dos estados, un mismo destino

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  • Separados por miles de kilómetros, con uno frente al Pacífico y el Golfo de California y el otro mirando hacia el Caribe, Baja California Sur y Quintana Roo parecen dos estados siameses de la historia política y económica del México contemporáneo.
AGUSTÍN AMBRIZ

CANCÚN, Q. ROO.- Separados por miles de kilómetros, con uno frente al Pacífico y el Golfo de California y el otro mirando hacia el Caribe, Baja California Sur y Quintana Roo parecen dos estados siameses de la historia política y económica del México contemporáneo.

Los dos adquirieron la categoría de estados en octubre de 1974. Los dos comenzaron su vida constitucional bajo gobiernos priistas. Los dos hicieron del turismo uno de sus principales motores económicos.

Los dos recibieron enormes corrientes migratorias atraídas por las oportunidades de trabajo y los dos terminaron enfrentando las consecuencias de ciudades que crecieron a mayor velocidad que parte de su infraestructura.

Las coincidencias alcanzan incluso al poder político: Baja California Sur ha tenido nueve gobernadores constitucionales y Quintana Roo también nueve. Pero existe otro paralelismo mucho más incómodo. De esos 18 mandatarios, cuatro —dos de cada entidad— terminaron privados de su libertad después de abandonar el poder.

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En Baja California Sur fueron Guillermo Mercado Romero y Narciso Agúndez Montaño. En Quintana Roo, Mario Villanueva Madrid y Roberto Borge Angulo. Sus historias judiciales no son iguales y sería incorrecto equipararlas.

Las acusaciones, resoluciones, amparos y consecuencias penales fueron distintas. Pero existe un hecho común: los cuatro pasaron de ocupar el máximo cargo político de sus estados a conocer una celda.

INICIO DE SU HISTORIA

La historia compartida de las dos entidades comenzó oficialmente en 1974, cuando dejaron atrás su condición de territorios federales. Partían entonces de poblaciones reducidas y economías que difícilmente permitían anticipar la transformación que vivirían durante las siguientes décadas.

En 1970 Baja California Sur tenía alrededor de 128 mil habitantes, mientras Quintana Roo contaba con apenas 88 mil. Medio siglo después, el escenario era completamente distinto. Para 2020, Baja California Sur había alcanzado aproximadamente 798 mil habitantes y Quintana Roo 1.85 millones.

BCS multiplicó su población más de seis veces. Quintana Roo lo hizo más de 21 veces. La explicación de buena parte de este fenómeno puede encontrarse frente al mar.

Los Cabos se convirtió en uno de los destinos turísticos mexicanos de mayor proyección internacional y transformó la economía sudcaliforniana. En el Caribe ocurrió un fenómeno todavía mayor: Cancún pasó de ser un proyecto turístico a convertirse en una ciudad internacional y posteriormente surgió el corredor de la Riviera Maya, con Playa del Carmen y Tulum como nuevos polos de inversión y crecimiento.

El turismo generó hoteles, aeropuertos, restaurantes, desarrollos inmobiliarios, comercio, transporte y miles de empleos. Y los empleos atrajeron población procedente de prácticamente todo México.

SIMILITUDES EN POLÍTICA Y SOCIEDAD

Así fue como comenzó otra historia compartida. Los nuevos habitantes necesitaban vivienda, calles, escuelas, hospitales, agua, drenaje, transporte y seguridad. Los destinos turísticos podían crecer rápidamente gracias a la inversión privada, pero las ciudades tenían que construir simultáneamente toda la infraestructura necesaria para atender a una población que no dejaba de aumentar.

De ahí surge una de las principales contradicciones de ambos modelos: territorios capaces de albergar hoteles de lujo y desarrollos inmobiliarios de alto valor conviven con colonias donde persisten carencias urbanas y dificultades para acceder a vivienda y servicios.

También sus capitales terminaron compartiendo una paradoja. La Paz conserva el poder político de Baja California Sur, pero Los Cabos representa uno de sus principales motores económicos. Chetumal es la capital de Quintana Roo, pero Cancún y la Riviera Maya concentran buena parte de la potencia turística y económica estatal.

La geografía del poder político dejó de coincidir necesariamente con la geografía del poder económico. En política, sin embargo, hubo una diferencia importante. Baja California Sur conoció antes la alternancia.

Después de 24 años de gobiernos priistas, en 1999 Leonel Cota Montaño ganó la gubernatura y comenzó una etapa en la que el Ejecutivo estatal pasó posteriormente por PRD, PAN y Morena.

Quintana Roo tardó mucho más en este proceso. Desde su primer gobierno constitucional en 1975 y hasta 2016, todos sus gobernadores surgieron del PRI. Fueron alrededor de 41 años de continuidad partidista hasta que Carlos Joaquín González ganó la gubernatura encabezando una alianza PAN-PRD.

En 2022 llegó una nueva alternancia con Morena y Mara Lezama Espinosa, quien además se convirtió en la primera mujer en gobernar Quintana Roo, pero es en los expedientes judiciales de cuatro exmandatarios donde aparece una de las coincidencias más controvertidas de estos estados nacidos al mismo tiempo.

Guillermo Mercado Romero gobernó Baja California Sur entre 1993 y 1999. Después de dejar el cargo enfrentó distintos procesos relacionados con su administración. Fue detenido en 2001 y permaneció varias semanas recluido en el Cereso de La Paz. Entre los delitos que le fueron imputados estuvieron peculado y ejercicio indebido de funciones.

Uno de los procedimientos llegó a producir una sentencia de primera instancia de 11 años de prisión, aunque Mercado permaneció en libertad mientras litigaba y posteriormente obtuvo resoluciones favorables en distintos procesos.

Por ello, el dato histórico debe manejarse con precisión: fue detenido y estuvo encarcelado, pero no todas las acusaciones formuladas en su contra se tradujeron en condenas definitivas.

Años después otro exgobernador sudcaliforniano seguiría una ruta semejante. Narciso Agúndez Montaño, gobernador entre 2005 y 2011, fue detenido en Monterrey en mayo de 2012 y trasladado al Cereso de La Paz. El proceso estaba relacionado con la presunta enajenación irregular de terrenos propiedad del gobierno estatal en Cabo San Lucas.

Agúndez permaneció aproximadamente siete meses privado de su libertad hasta que en diciembre de 2012 salió de prisión después de una resolución de amparo. En el caso del peculado que había motivado su encarcelamiento, el delito no quedó acreditado en los términos planteados por la acusación.

En Quintana Roo, el caso de Mario Villanueva Madrid alcanzó una dimensión muy distinta.

Fue gobernador entre 1993 y 1999 y posteriormente enfrentó acusaciones relacionadas con narcotráfico y lavado de dinero. Estuvo prófugo, fue detenido y encarcelado en México y posteriormente extraditado a Estados Unidos.

Ante la justicia estadounidense se declaró culpable de conspiración para lavar dinero procedente de sobornos relacionados con narcóticos y en 2013 recibió una sentencia federal de 131 meses de prisión, considerando tiempo que ya había permanecido privado de su libertad.

En este caso existe una diferencia jurídica fundamental respecto de otros expedientes: Villanueva no sólo fue acusado y encarcelado, sino que recibió una condena penal en Estados Unidos después de declararse culpable.

El segundo caso de Quintana Roo ocurrió con Roberto Borge Angulo, quien gobernó entre 2011 y 2016. Fue detenido en Panamá en junio de 2017 y posteriormente extraditado a México para enfrentar diversas causas penales.

Entre los señalamientos se encontraban operaciones con recursos de procedencia ilícita y delitos relacionados con el ejercicio de la función pública. Tras su extradición fue vinculado a proceso y permaneció privado de su libertad. Recientemente le fue modificada la medida precautoria de prisión preventiva a prisión domiciliaria.

Aun con esas diferencias jurídicas, la coincidencia histórica permanece: cuatro hombres que gobernaron los estados más jóvenes del país terminaron tras las rejas después de dejar el poder.

El paralelismo adquiere todavía mayor relevancia porque estos episodios ocurrieron mientras ambas entidades experimentaban una profunda transformación económica.

Mientras sus destinos acumulaban habitaciones hoteleras, inversiones y visitantes internacionales, sus gobiernos enfrentaban el desafío de construir instituciones capaces de administrar territorios que estaban cambiando a enorme velocidad.

DEPENDENCIA DEL TURISMO

Hoy las dos entidades continúan dependiendo considerablemente del turismo, aunque sus modelos presentan diferencias. Los Cabos se ha posicionado con fuerza en segmentos de alto poder adquisitivo, resorts, golf, pesca deportiva y desarrollos residenciales. Quintana Roo opera un sistema turístico mucho más extenso y masivo, con Cancún, Riviera Maya, Playa del Carmen, Tulum, Cozumel e Isla Mujeres.

Pero la dependencia de la misma actividad los expone a riesgos similares. Una recesión internacional puede reducir visitantes. Un huracán puede paralizar temporalmente destinos.

Una crisis de seguridad puede afectar la percepción turística y una emergencia sanitaria, como ocurrió durante la pandemia de Covid-19, puede detener abruptamente vuelos y ocupación hotelera.

También comparten la presión ambiental derivada del crecimiento, aunque enfrentan problemas diferentes.

Baja California Sur tiene ante sí la dificultad de garantizar agua suficiente para ciudades y desarrollos turísticos asentados en un territorio predominantemente árido. Quintana Roo enfrenta la necesidad de proteger acuíferos subterráneos, cenotes, selva, manglares, playas y arrecifes frente a una urbanización y expansión turística de gran velocidad.

Después de 52 años, los dos estados parecen encontrarse nuevamente frente a preguntas semejantes. Durante décadas el objetivo fue crecer, atraer inversiones, construir hoteles, aumentar la conectividad aérea y recibir más visitantes.

Ahora el desafío es administrar las consecuencias de ese éxito, en virtud de que el desarrollo de Baja California Sur y Quintana Roo ya no puede medirse exclusivamente por número de turistas, habitaciones hoteleras, vuelos o inversión.

También deberá medirse en vivienda accesible, agua potable, drenaje, transporte, hospitales, escuelas, seguridad, conservación ambiental y calidad institucional. Uno es desierto y el otro selva. Uno mira al Pacífico y el otro al Caribe. Quintana Roo tiene hoy más del doble de habitantes que Baja California Sur y su explosión demográfica ha sido mucho mayor.

A 52 años de distancia, Baja California Sur y Quintana Roo son dos caras de una misma transformación. Durante su primer medio siglo demostraron que podían convertir territorios poco poblados en destinos conocidos internacionalmente.

El reto para su siguiente etapa será demostrar que también pueden convertir esa prosperidad turística en desarrollo social sostenible, ciudades habitables, instituciones sólidas y gobiernos sujetos permanentemente a la rendición de cuentas.

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