El riesgo de viajar en aglomeraciones

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  • Con todo y ventanas abiertas, el riesgo de contagio sigue siendo alto, pues las unidades llevan una carga mayor a la recomendada.
AMALLELY MORALES / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Decenas de usuarios hacen filas, tan separados como el andén se los permite. Todos usan cubrebocas, casi nadie habla.

Son las 8:40 horas en la estación Centro Médico, de la Línea 3 del Metro, ya pasaron más de cinco minutos desde que al andén arribó la última unidad, por lo que se sigue sumando más gente al ya de por sí abarrotado pasillo.

Llegan de la calle o transbordan desde la Línea 9 para acercarse al Centro, en un flujo constante de personas, que a ratos es menor o mayor, pero que nunca se detiene.

Ahora los trenes ya viajan con las ventanas abiertas, algo que no sucedía hasta hace unas semanas. Pero el convoy, que tardó más de cinco minutos en llegar, arriba saturado. Y la afluencia de cada vagón es tan alta como lo es el nivel de dióxido de carbono al interior, alcanzando las mil 231 partes por millón, de las 700 recomendadas para riesgo bajo de contagio, como ha explicado la Ciencia.

“El CO2 es exhalado con aerosoles que contienen el SARS CoV-2 de personas infectadas con Covid-19 y se puede usar como un factor para medir las concentraciones de Covid-19 en interiores”, asegura un estudio del Conacyt.

“Cuando una persona, sospechosa o confirmada con Covid-19 ha estado en interiores, el virus puede permanecer suspendido en el aire por minutos u horas”, menciona otra investigación, publicada en la revista Jama.

Y en los vagones de Línea 3 parecen entender el concepto, porque la mayoría viaja callada y con cubrebocas. Con todo y ventanas abiertas, el riesgo de contagio sigue siendo alto, pues las unidades llevan una carga mayor a la recomendada.

“Lo que se tendría que hacer es mandar más trenes y prender los extractores de aire en los pasillos de las estaciones, para que el aire salga al exterior”, explica Julio Soto, ingeniero y voluntario que mide niveles de CO2 en interiores.

La escena no es muy diferente en la estación Balderas, tanto en la Línea 1 como la 3, a las 14:00 horas hay gente por todos los pasillos, puestos y rincones de la estación. Personas con chalecos naranjas se mueven entre los usuarios, donde también hay uniformados de la Policía Bancaria.

Un hombre está parado junto a un policía con su cubrebocas en el cuello, una mujer se quita su mascarilla para sonarse la nariz. Un joven se remueve su KN95 para limpiarse el sudor de la barbilla con la palma de su mano derecha.

Salvo esas excepciones, los demás pasajeros viajan con protección, casi siempre callados, pero sin sana distancia. Aglomerados y aún con riesgo, pese a las ventanas abiertas en los trenes.

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