Honran a la comunidad yaqui con el filme ‘Laberinto Yo’eme’

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  • Laberinto Yo’eme, de Sergi Pedro Ros, denuncia la encrucijada del pueblo yaqui, en Sonora, ante el acecho del crimen organizado y la falta de agua.
OMAR CABRERA / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- La reciente muerte de dos líderes ambientalistas y defensores del pueblo yaqui, protagonistas del filme Laberinto Yo’eme, es inconcebible para su director, Sergi Pedro Ros.

En entrevista, el español confesó que siente miedo tras los asesinatos de Tomás Rojo Valencia y Luis Urbano Domínguez, dos figuras que le ayudaron a levantar su ópera prima, misma que denuncia la encrucijada del pueblo yaqui, en Sonora, ante el acecho del crimen organizado y la falta de agua a manos del gobierno.

“Me siento destrozado. Tomás y Luis fueron muy importantes para mi película. Quienes los mataron también saben quién soy yo. No puedo ir más a Sonora, eso es una locura, (pese a que) es mi segunda casa.

“Su muerte es una agresión brutal hacia la libertad de expresión y un ataque directo a la película”, lamentó el realizador.

Su largometraje contará este sábado, a las 18:00 horas, con una proyección abierta al público en el Museo Memoria y Tolerancia (MyT) como homenaje a Rojo Valencia, quien, además, fungió como productor.

Laberinto Yo’eme, que se estrenó esta semana en salas del circuito cultural de la Ciudad de México y algunos estados del País, desentraña las problemáticas actuales de la comunidad yaqui, desde el acoso que viven por parte del narcotráfico hasta la amenaza que representa el Acueducto Independencia, que les despoja ilegalmente del agua para sus comunidades con el fin de surtir a zonas de Hermosillo, aseguran.

“No fue nada fácil contar la historia porque es compleja, pasan cosas serias, brutales en contra de la tribu yaqui. Había que contarlas de la mejor manera, acercar al público, pero siendo fieles a la realidad que estábamos viendo.

“Para eso necesitábamos la colaboración activa de las personas que aparecen en la película. El secreto fue acercarme con honestidad”, dijo Ros.

Y es así como termina, con un coro de voces entretejiendo el laberinto que parece no tener salida, aunque siempre derrochando la cultura de este pueblo guerrero, con su infaltable danza del venado. “Me enamoré de la cultura yaqui cuando vi la danza del venado por primera vez. Me pareció una experiencia estética espectacular. Y la película tiene precisamente una metáfora con la danza”.

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