NIDO DE VÍBORAS

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Por KUKULKÁN

EN ESTE Nido de Víboras de hoy, asomamos nuestras cabezas viperinas a la tragicomedia acuática del Hospital General Regional No. 17 del IMSS en Cancún, un coloso médico que, pese a nadar gloriosamente entre los 100 mejores hospitales de México, según la clasificación anual de Newsweek-Statista, no pudo evitar sumergirse en las turbulentas aguas de una fuga desafortunada. Ah, qué ironía tan deliciosa, digna del mismísimo Sócrates, ver a un titán de la medicina, el faro de esperanza de Quintana Roo, convertirse en un involuntario parque acuático.

EL LUNES 18 de marzo, mientras el HGR No. 17 todavía se relamía las heridas del orgullo por mantenerse, por cuarto año consecutivo, entre los santuarios de la salud más prestigiosos de la nación, cinco días más tarde una tubería decidió, quizás en un acto de rebeldía poética, romperse, inundando la sala de espera de todo cirugía. Este episodio no fue más que un humilde recordatorio de que, incluso en la cúspide del reconocimiento, uno está a una tubería rota de distancia del caos.

EN ESTA farsa acuática, digna de una novela de García Márquez, el reloj marcaba las 20:00 cuando la traición de la tubería emergió en el área de CEYE desprendiendo el plafón y convirtiendo la sala de espera de todo cirugía en una escena reminiscente de un naufragio. La rapidez con la que el personal de conservación se lanzó al rescate fue, sin duda, un espectáculo secundario, casi tan fascinante como la fuga misma. En un acto de destreza casi circense, realizaron un corte del plafón del servicio de urgencias, en un intento por contener la inundación. Este episodio, aunque efímero, fue un ballet de caos y orden, donde la coordinación y la urgencia danzaban al ritmo del goteo rebelde.

PERO aquí no acaba este cuento acuático. Con una eficiencia que haría palidecer a Moisés separando las aguas, el personal del servicio de urgencias procedió a mover a los pacientes que se encontraban en el servicio de observación regular, en una coreografía digna de aplauso. Ningún paciente o trabajador se vio afectado, un milagro moderno en medio del potencial naufragio. Y mientras los pacientes navegaban hacia zonas secas, una cuadrilla de héroes anónimos de la limpieza e higiene zanjaba las últimas resistencias de la inundación, devolviendo el área a su estado operativo habitual.

SITUADO en la recién embellecida avenida Politécnico, con su arsenal de 45 servicios de especialidad y su reputación de templo médico autosuficiente en la región, el HGR No. 17 demostró que es capaz de flotar con dignidad, incluso en los momentos más inundados de adversidad. Pero aquí entre nos, seres de lengua bífida, ¿no es acaso refrescante ver que incluso los colosos pueden tener sus días de charco? Claro está, siempre y cuando esos chapoteos no desvíen el curso de la excelencia y la dedicación, principios que, al parecer, no se diluyeron en este pequeño diluvio.

ESTE EPISODIO, enmarcado por la ironía y sobrellevado con un aplomo que roza lo heroico, no es sino un capítulo más en la rica historia de un hospital que, contra viento y marea (y, en este caso, contra fugas e inundaciones), sigue adelante. La fuga de agua, más que un contratiempo, se convierte en una metáfora viviente de la resiliencia y la capacidad de superación, demostrando que la verdadera medida de un coloso no reside en su capacidad para evitar las tormentas, sino en su indomable voluntad para navegarlas.

@Nido_DeViboras