NIDO DE VÍBORAS

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Por KUKULKÁN

LA PELEA del Siglo en Quintana Roo se disputa entre Aguakan vs. Congreso estatal. En el rincón derecho, vestidos con los colores del poder y la representación popular, el Congreso de Quintana Roo. En el izquierdo, con la guardia alta y acorralados contra las cuerdas, Aguakan y su director, Paul Andrew Rangel Merkley. El gong ha sonado, y la multitud, los quintanarroenses, observa ansiosa el desenlace de esta contienda titánica por el derecho al agua.

EN LA ESQUINA de Aguakan, el ambiente es tenso, la respiración contenida. La estrategia parece clara: aguantar los golpes, buscar un resquicio legal por donde escapar, como el boxeador que danza en la periferia, evitando el encuentro directo. Sin embargo, el agua que no fluye en los hogares de Quintana Roo grita más fuerte que cualquier abogado en los tribunales. La promesa de inversiones millonarias se ha evaporado como agua al sol, dejando tras de sí una comunidad sedienta, facturas elevadas y un río de descontento que recorre las calles.

EL CONGRESO de Quintana Roo, armado con la voluntad del pueblo y el poder legislativo, lanza combinaciones de derechas e izquierdas, buscando no sólo impactar, sino también proteger. Es una danza de poder, donde cada movimiento está calculado para restablecer el equilibrio y asegurar que el derecho al agua no sea sólo una ilusión. Los cambios en la legislación, el golpe que sacudió el contrato extendido de Aguakan hasta 2053, no son meros caprichos políticos, sino clamores de justicia convertidos en acción, una demostración de que la voluntad popular, cuando se canaliza a través de sus representantes, tiene el poder de redirigir el curso de la historia.

NO ES SÓLO una pelea por un contrato de servicios; es una batalla épica por la dignidad, el respeto y el futuro del agua en cuatro municipios de Quintana Roo. Aguakan, quien prometió invertir miles de millones en infraestructura y mejora de servicios, ha sido acusado de fallar estrepitosamente, guardando en su esquina no sólo las promesas incumplidas, sino también la sospecha de haber desviado 1,050 millones de pesos destinados a mejorar el servicio de agua. Una jugada baja que ha dejado a los ciudadanos sedientos de justicia, tanto literal como metafóricamente.

MIENTRAS TANTO, Rangel Merkley baila alrededor del cuadrilátero, protegido temporalmente por una fianza de 20 mil pesos que lo mantiene fuera de las garras de la justicia, pero apenas. La modificación de una ley estatal ha sido un golpe directo al contrato de Aguakan, terminando su dominio hasta 2053 y poniendo en juego su capacidad para seguir en la pelea. El público, testigo de esta batalla, ya ha mostrado su descontento en una consulta ciudadana en 2022, lanzando un claro mensaje: “No queremos más de esta agua turbia”. Aguakan, sin embargo, no parece listo para tirar la toalla, lanzando golpes legales para mantenerse en pie.

ESTA es la pelea del siglo, señoras y señores, donde no sólo se disputa un contrato, sino el derecho fundamental al acceso al agua. ¿Podrá el Congreso de Quintana Roo, el representante de la voluntad popular, derribar a su oponente y asegurar un futuro más claro y puro para su gente? O ¿encontrará Aguakan una manera de esquivar, contraatacar y mantenerse en pie? Mantengan sus ojos en el ring, queridos lectores, porque esta pelea está lejos de terminar. Y recuerden, en este combate por el agua, cada gota cuenta. Los ciudadanos de Quintana Roo merecen un campeón que luche por ellos, garantizando no sólo transparencia y rendición de cuentas, sino también el acceso vital a recursos tan esenciales como el agua. Que la justicia sea el árbitro final de este enfrentamiento y que la victoria no se decida únicamente en los tribunales, sino en el corazón y la voluntad del pueblo de Quintana Roo.

@Nido_DeViboras