Turín: un museo a cielo abierto

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  • Turín está aproximadamente a una hora y 20 minutos en avión de Roma.
STAFF / AGENCIA REFORMA

TURÍN, ITALIA.- Melancólica y lúdica. Sobria y, a la vez, tan llena de vida… Así son los contrastes que definen a esta imponente ciudad de Turín, ubicada al norte de la siempre deseada península itálica.

Su historia ostenta episodios que van del Imperio Romano a la época medieval y, en especial, de los periodos barroco y rococó. Todo lo anterior le otorga una gran identidad a esta urbe, tan artística como comercial.

Dicen que a Turín le sienta bien la melancolía y, si bien es cierto que no es tan bullanguera como otras metrópolis italianas, también lo es que su elegante halo atrae a quienes buscan alejarse del turismo de masas y nutrirse con altas dosis de historia.

Como un museo al aire libre custodiado por los Alpes italianos, suele presentarse Turín ante el viajero. Basta con caminar para apreciar la ecléctica arquitectura que la caracterizan, así como visitar los centros de cultura más diversos que se esparcen por su centro histórico.

Un ejemplo de esto último es el Palazzo Madama, situado en la Piazza Castello, una de las Residencias de la casa real de Saboya, declaradas Patrimonio de la Humanidad, por la Unesco. Se trata, sin duda, de un imperdible que hoy alberga al Museo Civico d’Arte Antica.

Al seguir reconociendo el distinguido corazón de la urbe, el visitante halla en el Palazzo Reale di Torino un complejo único con una miríada de lugares de gran interés: el Palacio Real, los Jardines Reales, la Armería Real y la Capilla de la Sábana Santa, entre otros.

Asimismo, hay que deambular para ver: la Porta Palatina, vestigio de la urbe romana de Augusta Taurinorum (actual Turín); la Mole Antonelliana, actual Museo Nacional del Cine; el Museo Egipcio de Turín, con una inmejorable colección; el Palazzo Carignano, que alberga el Museo del Risorgimento; la Piazza San Carlo, definida por las iglesias gemelas de Santa Cristina y San Carlo Borromeo, así como el Mastio della Cittadella, el cual representa el último vestigio de una antigua fortaleza pentagonal.

Nadie debe irse sin caminar por la Vía Po hasta alcanzar el Ponte Vittorio Emanuele I, desde donde se admira el Río Po, la Iglesia de la Gran Madre de Dios y las villas, en la ribera de enfrente.

Obligatorio es realizar compras (siempre atractivas gracias a sus refinados escaparates de moda), probar delicias (como los agnolotti, un tipo de pasta rellena de carne; el tramezzino, emparedado; caffè al bicerin, bebida famosa por sus bien definidas capas de café, chocolate y crema batida; el vermut; los quesos y los chocolates), así como ir al Estadio Juventus y ver a “La Juve” (el equipo más ganador en la historia del futbol italiano).

Los reflectores del turismo se concentran más en alumbrar otras ciudades de la bella Italia, es cierto; pero también lo es que hoy, el viajero tiene mil y un pretextos para ir a descubrir los tesoros que resguarda este gran destino-museo a cielo abierto.

Para saber, Turín, aproximadamente a una hora y 20 minutos en avión de Roma, tiene una íntima relación con la industria y el automóvil. Baste con mencionar que la “t” de Fiat (Fabbrica Italiana Automobili di Torino) es la de Turín, donde se estableció la primera fábrica. Además, para los amantes del automovilismo es imprescindible una visita al Museo Nazionalle dell’Automobile. Dos alternativas de hospedaje son el Turin Palace Hotel y el Hotel Principi di Piemonte.

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