NIDO DE VÍBORAS

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Por KUKULKÁN

CON EL PISTOLETAZO de salida este 15 de abril para las elecciones municipales y legislativas en Quintana Roo, se nos presenta un espectáculo que promete ser más vibrante que el carnaval brasileño de Río de Janeiro, aunque sin plumas ni samba, pero sí con un desfile abrumador de candidatos que podrían competir en número con las multitudes de un estadio en día de partido. Entre alcaldías y diputaciones, casi un millar de aspirantes (propietarios y suplentes incluidos) intentarán convencer al electorado de que merecen su voto.

EL ABARROTAMIENTO es de tal magnitud que en la región norte del estado, tan solo por mencionar los casos de Benito Juárez, Solidaridad y Puerto Morelos, donde suman la cantidad de 15 valientes (mujeres y hombres) que aspiran a ocupar apenas tres sillas. Con tantos aspirantes lanzados al ruedo, ¿cómo esperan que el electorado memorice siquiera sus nombres, y mucho menos digiera sus propuestas? Aquí es donde entra la peculiar picardía quintanarroense, sugerente de que es más probable atropellar a un candidato que a un peatón en temporada electoral.

ESTA PROLIFERACIÓN de candidatos y la subsecuente necesidad de seguridad excesiva que ya comenzaron a demandar, reflejan más que una simple preocupación por la integridad física; subrayan un drama político en el que la confianza en el proceso democrático parece desvanecerse entre llamados a la protección y actos de fuerza. La política en Quintana Roo, con su típico calor caribeño, se convierte en un terreno donde las promesas electorales deben ser protegidas con barricadas y guardias, como si el diálogo y las propuestas no pudieran defenderse por sí mismas en el debate público.

BAJO ESTE CONTEXTO, el gobierno ha montado una operación de seguridad digna de un thriller político. Cristina Torres Gómez, secretaria de Gobierno, asegura que desde hace meses se han estado preparando para que los candidatos puedan hacer su show sin sobresaltos. Cada lunes, en la Mesa de Seguridad, se afinan los detalles para garantizar que los eventos de campaña se desarrollen en un ambiente controlado.

SIN EMBARGO, la ironía no se ha hecho esperar. Mientras los candidatos de todos los colores políticos están pidiendo protección como si fuera pan de cada día, el PRD ha decidido subir la apuesta exigiendo protección para todos y cada uno de sus candidatos (la requieran o no) usando la seguridad como estrategia de campaña, añadiendo un toque de espectacularidad a su performance electoral. Y la Guardia Nacional, no queriendo ser menos, promete igualdad de condiciones ofreciendo un “acompañamiento” generalizado que más parece un tour de rockstars que un protocolo de seguridad.

AL ENFOCARSE tanto en la seguridad, se corre el riesgo de que las verdaderas cuestiones que deberían estar en el centro del debate electoral queden eclipsadas. Los ciudadanos de Quintana Roo merecen campañas que se centren en soluciones reales a problemas persistentes como la pobreza, el desempleo, la violencia y la degradación ambiental. Las elecciones deberían ser una oportunidad para discutir y decidir sobre el futuro de la región, no sólo un espectáculo de seguridad y una competencia de popularidad.

CON TANTOS recursos dedicados a la protección de quienes buscan un puesto, uno no puede evitar preguntarse si acaso no estamos ante una distracción costosa y teatral que desvía atención y recursos de los verdaderos problemas que enfrentan los ciudadanos día con día. Con suerte, la ironía y el humor quintanarroense ayudarán a mantener un espíritu crítico frente a este despliegue abrumador. Al final de la jornada cotidiana, este frenesí electoral y su despliegue de seguridad ¿son realmente para proteger la democracia o simplemente para asegurar que el show debe continuar? Es pregunta sin malicia.

@Nido_DeViboras