NIDO DE VÍBORAS

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Por KUKULKÁN

BIENVENIDOS, damas y caballeros, al Gran Circo Electoral Mexicano, donde los partidos políticos y sus dirigentes nacionales se disputan el trofeo del mayor despropósito con un fervor digno de gladiadores romanos, aunque queda claro que en esta arena no se lucha por la gloria de Roma sino por la gloria personal, a costa de cualquier vestigio de integridad o respeto por sus votantes.

EN EL CENTRO de este coliseo, tenemos a los perdedores de la contienda electoral, una vez más enfundados en sus togas de víctimas, clamando fraude a diestra y siniestra. ¡Qué ironía! Los mismos que hace apenas unos meses defendían con uñas y dientes la integridad del Instituto Nacional Electoral (INE) ahora lo atacan con la furia de un león herido, acusándolo de ser el artífice de su desgracia electoral.

A ESTOS ‘nobles’ líderes de la derrota, poco les importa ahora mancillar la labor de miles de ciudadanos que, como humildes esclavos en la arena, contaron los votos de manera honesta y transparente. El ex emperador del INE, Lorenzo Córdova, quien previamente acompañó la lucha por la defensa del árbitro electoral, se ha erigido como el Cicerón de nuestra época, defendiendo con elocuencia la labor de los ciudadanos y acusando de irresponsabilidad a quienes ahora vilipendian al instituto.

SU DISCURSO resuena en el foro: “Hablar de fraude es acusar al millón de ciudadanas y ciudadanos de actuar en contra de la democracia”. Pero, ¿qué importa la verdad en esta tragedia griega donde la ambición personal y la permanencia en el poder son las únicas leyes? Los líderes de la alianza Fuerza y Corazón por MéxicoMarko Cortés, Alejandro Moreno y Jesús Zambrano— se retuercen en su derrota como gladiadores desarmados. Su incompetencia para presentar una oposición seria y un programa de gobierno alternativo ha sido su estocada final.

SIN EMBARGO, cual emperadores vencidos, se niegan a aceptar su responsabilidad y optan por culpar a todo y a todos menos a sí mismos. La paradoja se profundiza cuando observamos cómo estos dirigentes, incapaces de ganar en las urnas, se aseguran su permanencia en el senado por la vía plurinominal. En contraste, Mario Delgado, líder de Morena, observa desde las gradas, habiendo ganado la mayoría de los votos, pero sin un puesto asegurado en el senado tan sólo porque las reglas internas de su partido son diferentes.

Y ASÍ, entre acusaciones y defensas, el INE, esa figura central del proceso electoral, se convierte en el chivo expiatorio. Los verdaderos responsables de la derrota, aquellos que no lograron convencer al electorado, ahora levantan la voz en un intento desesperado por desviar la atención de su propia incompetencia. Sus acusaciones de fraude no sólo son un insulto a la inteligencia de los votantes, sino un ataque directo a la democracia misma.

ANTE tal paradoja, el pueblo observa, atónito y cansado, cómo sus supuestos representantes se comportan como patricios decadentes, más interesados en mantener sus privilegios que en servir al bien común. La autocrítica brilla por su ausencia en el discurso de estos políticos, que prefieren seguir con la farsa antes que enfrentar la realidad de su fracaso.

ES MOMENTO de que estos partidos se replanteen su existencia, de que abran sus puertas a nuevos actores y dejen de ser meras herramientas de los grupos que se creen dueños de ellos. De lo contrario, su desaparición será tan inevitable como la caída de Roma. Pero, ¿quién tiene la valentía de admitir la derrota y cambiar de rumbo en este circo de vanidades? Hay algunos que ya levantaron la voz en favor de un cambio, pero habrá que esperar que no sean lanzados a los leones.

MIENTRAS los derrotados siguen buscando culpables, los ciudadanos, los verdaderos gladiadores de esta historia, continúan esperando una clase política que realmente los represente y defienda sus intereses. Porque, al final del día, es el pueblo quien sufre las consecuencias de estas luchas de poder que sólo sirven para alimentar el ego de quienes sin merecerlo resultaron ser los ganones de esta batalla, sin sufrir un solo rasguño.

@Nido_DeViboras