NIDO DE VÍBORAS

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Por KUKULKÁN

ANTES de concluir su mandato en septiembre de 2022, el gobernador Carlos Joaquín González quiso congraciarse con los habitantes de la capital de Quintana Roo anunciando la ‘solución definitiva’ para los problemas de inundaciones y encharcamientos en Chetumal. Con gran pompa y circunstancia, aseguró que se invirtieron casi 138 millones de pesos en la construcción del drenaje pluvial, una obra que, según sus palabras, transformaría la vida de miles de chetumaleños.

EL PROYECTO, vendido como la panacea para las inundaciones de la ciudad, incluía un colector principal de 1.5 kilómetros y varios secundarios de 1.9 kilómetros, destinados a acabar con las eternas lagunas urbanas. Las zonas más afectadas, desde Constituyentes y Erick Paolo Martínez hasta Ignacio Manuel Altamirano, serían liberadas de su acuática maldición. Los beneficios sonaban tan bien que incluso prometieron más de 300 empleos directos, y un impacto positivo para más de 19,000 habitantes.

PERO, ¡oh sorpresa! En la primera gran tormenta del 2024, el monumental drenaje se quedó más corto que una promesa de campaña. En apenas cuatro horas de lluvia intensa, Chetumal se convirtió en una Venecia improvisada, con 120 de las 147 colonias inundadas. Las imágenes eran dignas de una película de desastre: calles transformadas en ríos, autos flotando como barcos, y refrigeradores volcando su contenido en improvisadas lagunas dentro de los hogares.

Y MIENTRAS elementos del ejército y funcionarios del estado intentaban rescatar a los afectados en lanchas, el exgobernador Joaquín probablemente disfrutaba de un café caliente en su cómoda y, sobre todo, seca residencia en Canadá como embajador de México, muy lejos de la catástrofe que dejó atrás. Porque claro, es mucho más fácil prometer cuando no se tienen que enfrentar las consecuencias de su vil engaño.

HARTOS y empapados, los habitantes vieron cómo sus autoridades locales, encabezadas por la secretaria de gobierno Cristina Torres, trataban desesperadamente de desazolvar las coladeras obstruidas, tareas en las que participaron trabajadores residentes de la capital. La gran ausente en las duras faenas fue la presidenta municipal Yenssuni Martínez, quien a duras penas y gracias a la marca Morena logró su reelección en medio de un proceso electoral cuestionado e impugnado por su adversaria Lidia Rojas Fabro.

ES IRÓNICO ver cómo los políticos utilizan obras públicas como trampolín electoral, sólo para dejarlas caer en el olvido (o en este caso, en el agua) una vez alcanzado su objetivo. El drenaje pluvial de Chetumal es un recordatorio doloroso de que la política es a menudo más sobre apariencias que sobre realidades. Por lo pronto, los chetumaleños seguirán luchando contra las inundaciones, esperando que algún día, alguien cumpla sus promesas sin esconderse detrás de un título diplomático en un país lejano.

EL LEGADO de Carlos Joaquín González no es el de un héroe que salvó a su pueblo de las inundaciones, sino el de un astuto político que supo simular para escapar justo a tiempo, dejando a los ciudadanos con las consecuencias de sus promesas vacías. Desde su trinchera en Canadá, seguramente se ríe de la ironía mientras los chetumaleños, seguirán sumergidos en su gran engaño ante la amenaza de que el mal tiempo continuará las siguientes semanas. Así que, a seguir nadando, Chetumal, porque la tormenta política parece no tener fin.

@Nido_DeViboras