Virgen de Guadalupe

Fecha:

  • Una plegaria creada a partir del diálogo entre Nuestra Santísima Virgen de Guadalupe y Juan Diego

Elmer Ancona Dorantes

Madre Compasiva, Madre del Verdadero Dios por quien se vive, Madre del Creador.

Tú prometiste al más pequeño de tus hijos, a nuestro amado Juan Dieguito, que darías todo tu amor personal, tu mirada compasiva, tu auxilio, tu salvación, a toda la gente, a todos los hombres de la tierra, a tus amadores, a quienes a ti clamen, a quienes te busquen, a los que en ti confíen.

Tú prometiste que escucharías nuestro llanto, nuestra tristeza, para remediar, para curar todas nuestras penas, nuestras miserias, nuestros dolores.

Tú prometiste que nos escucharías con calma y bien, desde el principio; que verías por lo que has venido, porque ese es tu deseo, tu voluntad, tu aliento, tu palabra, tu querer.

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Tú prometiste que mucho agradecerías, que pagarías, que enriquecerías, que glorificarías, que compensarías el servicio, el cuidado, el trabajo, el cansancio emprendido, lo que estuviera de nuestra parte para que seas escuchada, para que se haga tu voluntad.

Tú dijiste que es nada lo que nos aflige; que no se perturbe nuestro rostro, nuestro corazón; que no temiéramos la enfermedad ni ninguna otra cosa punzante o aflictiva; que no nos apriete con pena la enfermedad.

Tú nos dijiste: “¿No estoy aquí, yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?

Por eso, Santísima Madre, yo voy a ti, yo me dirijo a ti, y es en ti en quien deposito mi confianza para que me auxilies, para que me socorras, para que me ayudes en esta necesidad que lastima y entristece mi corazón.

Madre Santísima, mi Señora, Señora mía, Señora Niña, Muchachita mía, mi Muchachita, Hija mía la Menor, Hija mía la Más Pequeña, Niña mía, Niña Celestial, mi Jovencita, Reina del Cielo, Virgencita mía, Señora mi Ama, Santa María, Niña Reina del Tepeyac.

Al igual que a Juan Dieguito, tu hijo el menor, te pido de todo corazón, mucho te suplico que escuches mi ruego, que escuches mi plegaria, que atiendas mi necesidad.

Te lo pido por la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, Tu Amadísimo Hijo, que fue derramada por todos nosotros como un acto de profundo amor. Así sea.

* Plegaria creada por este autor, tomada del diálogo entre Nuestra Santísima Virgen de Guadalupe y Juan Diego, en el Cerro del Tepeyac, de acuerdo con el texto Nican Mopohua.

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