- La estructura de la Secretaría del Bienestar en Yucatán ha sufrido un terremoto político.
IGNACIO CANUL
MÉRIDA, YUC.- La estructura de la Secretaría del Bienestar en Yucatán ha sufrido un terremoto político.
Lo que comenzó como rumores de pasillo terminó en una intervención directa desde la Ciudad de México: la propia secretaria federal, Ariadna Montiel Reyes, tuvo que viajar a Mérida para sellar el destino de Rogerio Castro Vázquez.
Su salida, presentada formalmente como una “renuncia por motivos personales”, oculta tras de sí una estela de señalamientos, despidos masivos y un cambio de timón que dejará a los cuadros políticos locales fuera de la jugada.
El pasado 11 de febrero de 2026, Ariadna Montiel arribó a la capital yucateca con una misión clara; tras reunirse con Castro Vázquez, se confirmó lo que ya era un secreto a voces: el delegado dejaba el cargo de manera fulminante.
Aunque en su discurso de despedida Rogerio Castro aseguró que su decisión fue “platicada” y sin presiones, la presencia de la titular federal sugirió un protocolo de cese institucional para evitar un vacío de poder en una de las delegaciones más estratégicas del país.
La gestión de Rogerio Castro, quien fuera una de las figuras fundadoras de la 4T en el estado, se vio empañada por acusaciones que escalaron hasta Palacio Nacional por la supuesta violación a derechos humanos.
Acusaciones que fueron presentadas en la misma Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) por parte de Benjamín Ravell y Jorge Collí, así como reportes de presuntos desvíos de recursos y otorgamiento de contratos a familiares.
De hecho, Rogerio Castro arrastraba señalamientos desde su paso por el Infonavit, donde se le vinculó con irregularidades millonarias relacionadas con el llamado “Cártel de los Mañe”.
Así como con el cese masivo de personal operativo que generaron inestabilidad en la atención de los programas sociales.
La relevancia de esta delegación no es menor; para este 2026, el gobierno federal proyectó un presupuesto histórico superior a los 66 mil millones de pesos para Yucatán.
Administrar este flujo de efectivo convierte a la Delegación en una de las carteras más poderosas y, a la vez, más vigiladas del estado.
La noticia que más ha calado en la clase política local es que la sucesión no favorecerá a ningún perfil de la región. Ariadna Montiel fue tajante: no hay nombres propuestos.
Por ahora, Benito Antonio Mateo Rodríguez ha quedado como encargado de despacho; no es yucateco, es un cuadro técnico proveniente del área central de la Ciudad de México y con experiencia previa en Campeche.
Este movimiento marca el inicio de una gestión controlada directamente desde la CDMX, desplazando a los grupos locales que buscaban posicionarse para los próximos ciclos electorales.
La caída de Rogerio Castro, quien aspiraba a un escaño en el Senado para 2030, deja un vacío en el ala fundadora de Morena en Yucatán.
Mientras tanto, el gobernador Joaquín Díaz Mena ha optado por la sana distancia, calificando el relevo como un “asunto estrictamente federal”.
La era del “delegado local” parece haber llegado a su fin en Yucatán, dando paso a una supervisión centralizada que busca, según la Secretaría, garantizar que el millonario presupuesto de los programas sociales llegue a su destino sin las distracciones de las ambiciones locales.


