- Quintana Roo se enfrenta a una paradoja climática que ha encendido las alarmas de las autoridades: mientras los frentes fríos se resisten a abandonar el territorio, las olas de calor comienzan a golpear la entidad.
EUGENIO PACHECO
CHETUMAL, Q. ROO.- Quintana Roo se enfrenta a una paradoja climática que ha encendido las alarmas de las autoridades: mientras los frentes fríos se resisten a abandonar el territorio, las olas de calor comienzan a golpear la entidad.
Esta combinación, lejos de ser refrescante, está “cocinando” un escenario crítico para la Temporada de Incendios Forestales 2026.
Guillermo Núñez Leal, titular de la Coordinación Estatal de Protección Civil (Coeproc), ha sido enfático al advertir que el frío no siempre es aliado de la selva.
La humedad retenida se evapora rápidamente con las primeras ondas de calor, dejando a su paso una cantidad masiva de “basura orgánica”.
Esta vegetación seca actúa como un combustible de alta eficiencia que, ante la menor chispa, podría desencadenar siniestros de grandes proporciones.
Ante la inminente sequía que se recrudecerá de marzo a junio, el Plan Estatal de Manejo de Fuego ha puesto en marcha un despliegue importante como el monitoreo en tiempo real de “puntos rojos”, vía satélite, para una detección temprana antes de que el fuego sea incontrolable.
También la activación de brigadas de compensación distribuidas estratégicamente en todos los municipios.
En marzo se instalará formalmente el Comité Estatal de Manejo del Fuego, uniendo a los tres órdenes de gobierno en la protección de zonas urbanas y reservas naturales.
La historia reciente de Quintana Roo sirve como una advertencia de la volatilidad del ecosistema; el 2025 cerró con una cifra alentadora de 6 mil 727 hectáreas afectadas en 29 siniestros.
Mientras que el recuerdo del 2020 sigue presente como el peor escenario posible, cuando el fuego devoró más de 157 mil hectáreas, alcanzando joyas ecológicas como la Reserva de la Biósfera de Sian Ka’an.
Las zonas identificadas como de alto riesgo para este ciclo incluyen la Reserva de la Biósfera de Sian Ka’an, así como los municipios de Felipe Carrillo Puerto, Bacalar (zona de Ichkabal) y Othón P. Blanco, donde predomina la selva baja, la cual compone 95 por ciento de la superficie quemada históricamente.
La autoridad recuerda que la selva baja, que representa 95 por ciento de la superficie quemada históricamente en el estado, es vulnerable principalmente a la actividad humana.
Las colillas de cigarro en carreteras y las fogatas mal extinguidas son los principales enemigos.
Para el sector agrícola, la regulación es estricta y las quemas deben realizarse únicamente entre las 6:00 y las 10:00 de la mañana, siempre bajo supervisión, con permiso de Ecología y considerando la dirección del viento.
“La prevención no es solo tarea de las brigadas; es una responsabilidad compartida para salvar nuestro patrimonio natural”, explicó Núñez Leal.


