- Entre la vegetación costera y la orilla, los voluntarios fueron rescatando lo que el descuido humano dejó atrás; el resultado final del esfuerzo colectivo fue impactante: 191.5 kilogramos de residuos sólidos retirados de la zona.
IGNACIO CANUL
MÉRIDA, YUC.- El sol apenas comenzaba a calentar la arena blanca de San Crisanto cuando el movimiento inusual rompió la calma habitual del puerto.
No eran turistas buscando el azul del mar, sino un ejército de casi 100 voluntarios armados con costales, guantes y una misión clara: devolverle la pureza a su costa.
Bajo la coordinación de la Oficina de Representación de la Semarnat en Yucatán, y como parte de la Estrategia Nacional de Limpieza de Playas y Costas, la comunidad se convirtió en el escudo de su propio ecosistema.
La jornada no fue solo un acto de recolección, sino un mensaje contundente sobre la protección de la biodiversidad mexicana.
A medida que avanzaba la mañana, lo que a lo lejos parecía una playa impecable empezó a revelar su “otra cara”.
Entre la vegetación costera y la orilla, los voluntarios fueron rescatando lo que el descuido humano dejó atrás; el resultado final del esfuerzo colectivo fue impactante: 191.5 kilogramos de residuos sólidos retirados de la zona.
Desde plásticos hasta desechos de difícil degradación, cada gramo recolectado representó una amenaza menos para la flora local y la fauna marina que habita estas aguas.
“Esta acción no es solo limpieza, es prevención; evitamos que estos desechos entren en la cadena alimenticia de nuestras especies o contaminen los nidos de las tortugas que visitan estas tierras”, comentaron representantes de las organizaciones participantes.
La jornada en San Crisanto destaca por la unión de voluntades; la participación ciudadana, de la mano con las autoridades federales, demuestra que la Estrategia Nacional tiene su mayor fuerza en el tejido social.
Al finalizar el día, con la espalda cansada pero el litoral renovado, los participantes contemplaron una playa distinta. Los 191.5 kg de basura ya no están ahí para asfixiar el paisaje.
Ahora, San Crisanto respira un poco mejor gracias a quienes decidieron cambiar el descanso por la acción ambiental.


