Cuando la alianza deja de “hacer historia”

Fecha:

POR KUKULKAN

DICEN que en política los amigos duran lo que dura la votación. Y en la Cámara de Diputados acaba de quedar demostrado con números fríos y sin metáforas: 259 votos a favor, 234 en contra. Insuficientes. La mayoría calificada se esfumó y, con ella, la ilusión de que la llamada alianza de la Cuarta Transformación seguiría marchando al mismo ritmo.

PORQUE una cosa es repetir el eslogan de campaña —ese de “juntos seguiremos haciendo historia”— y otra muy distinta es apretar el botón verde cuando el tablero electrónico empieza a contar los votos. Y ahí, justo en ese momento incómodo en que las consignas se enfrentan con la realidad parlamentaria, el Partido Verde y el PT decidieron votar en contra de la reforma electoral de Morena.

NO FUE necesaria una abstención diplomática, ni salida elegante del recinto, ni voto diferenciado para simular armonía. No. Fue voto en contra, directo y sin rodeos. Resultado: reforma frenada. Y también, de paso, una señal política que en San Lázaro se leyó con claridad: la coalición puede ser electoral, pero no necesariamente legislativa.

DURANTE años, Morena construyó una narrativa poderosa: la de un movimiento que venía a romper con las prácticas de la vieja política. La promesa era simple y seductora: terminar con los acuerdos cupulares, con el reparto de cuotas y con las alianzas de conveniencia que caracterizaron al régimen anterior. La realidad electoral terminó imponiendo su propia lógica.

PARA derrotar al viejo bloque del PRIAN —y a los intereses de la vieja oligarquía política y económica— Morena optó por el camino del pragmatismo absoluto. Se alió con quien fuera necesario para ganar elecciones: partidos satélite, liderazgos regionales reciclados, operadores que antes militaban en la acera de enfrente y políticos con un historial ideológico más flexible que una liga.

DIGAMOS que la estrategia funcionó. Ganaron elecciones, conquistaron congresos y consolidaron mayorías que parecían inexpugnables. Se olvidó que el pragmatismo tiene un precio. Y a veces la factura llega en el momento menos oportuno. Lo ocurrido en la Cámara de Diputados no es sólo el fracaso de una reforma electoral; es también la evidencia de que la mística del movimiento no necesariamente permeó en todos los que hoy portan el fervor del triunfo guinda.

EL CRECIMIENTO de Morena fue rápido. Demasiado rápido. Y en ese crecimiento acelerado entró de todo: militantes convencidos, sí, pero también morenistas conversos, políticos que hasta hace pocos años comulgaban con los partidos que hoy integran la oposición. Muchos de ellos no llegaron por convicción ideológica, sino por instinto de supervivencia en los negocios políticos.

BIEN se sabe que las mañas, como los viejos vicios del poder, no se quedan en la puerta al momento de cambiar de partido. Se mudan con todo y maletas. Así que cuando el tablero electrónico del pleno marcó los votos, lo que realmente quedó al descubierto fue algo más profundo que un desacuerdo legislativo: la fragilidad de una alianza construida más por cálculo electoral que por coincidencia política real.

SIMPLEMENTE el Partido Verde y el PT hicieron lo que cualquier aliado pragmático haría: defender sus propios intereses antes que la narrativa del movimiento. Si algo han demostrado ambos partidos a lo largo de su historia es una habilidad casi camaleónica para sobrevivir a cualquier cambio de régimen. Han sido aliados del PRI, del PAN, del PRD… y ahora de Morena.

Y COMO ser aliados no es sinónimo de discípulos, la escena parlamentaria dejó una imagen simbólica difícil de ignorar: mientras Morena intentaba sacar adelante una reforma clave, sus propios socios legislativos se colocaban del otro lado del tablero. No es una ruptura formal —nadie ha anunciado divorcios políticos ni cambios de coalición electoral—, pero sí una señal de advertencia.

UNA ESPECIE de recordatorio de que las alianzas construidas para ganar elecciones no siempre funcionan cuando llega la hora de gobernar. Una cosa es compartir campaña y otra muy distinta compartir el poder. En política, las lealtades suelen ser tan sólidas como los intereses que las sostienen. Y cuando esos intereses dejan de coincidir, las consignas dejan de ser suficientes.

QUIZÁ por eso, después de la votación, el viejo eslogan de la coalición empezó a sonar distinto en los pasillos de San Lázaro. “Juntos seguiremos haciendo historia”, decía. Lo que quedó claro fue que la historia ya no la están escribiendo juntos. Y en este Nido de Víboras todos saben algo elemental: cuando los aliados comienzan a votar como adversarios, la política deja de ser épica y vuelve a ser lo que siempre ha sido. Un juego de poder. 

@Nido_DeViboras

Guardar esta Publicación

Compartir:

Suscríbete

Lo + Popular

Más como esto
Relacionado

Jueves 12 de marzo del 2026

Jueves 12 de marzo del 2026

Estados Unidos, el mayor traficante de drogas que amenaza a México

Zósimo Camacho En un acto de gran factura teatral celebrado...

Verde y PT dan espalda a Sheinbaum; no pasa reforma electoral

Finalmente, el Partido Verde y el Partido del Trabajo (PT) decidieron darle la espalda a la presidenta Claudia Sheinbaum y votaron en contra de la iniciativa de reforma electoral propuesta por el Ejecutivo federal.

Y el Senado aprueba la reducción de pensiones ‘doradas’

La iniciativa presidencial para acotar las pensiones ‘doradas’ a 6 mil 297 exburócratas fue aprobada de forma unánime en el Senado de la República

Continuar leyendo ...
Relacionado