La derrota que no fue derrota

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POR KUKULKAN

HAY ALGO que la derecha mexicana ha perfeccionado con una disciplina casi admirable: la capacidad de sostener dos narrativas contradictorias al mismo tiempo… y defender ambas con absoluta convicción. El episodio de la reforma electoral de Claudia Sheinbaum es el ejemplo más reciente de ese curioso fenómeno.

DESDE que la Cámara de Diputados enterró la iniciativa —con 259 votos a favor y 234 en contra, insuficientes para alcanzar la mayoría calificada— comenzaron a circular dos interpretaciones en el ecosistema opositor. Dos versiones que, por cierto, no podrían contradecirse más entre sí.

LA PRIMERA es la más dramática. Según esta lectura, el voto en contra del Partido Verde y del PT representa una ruptura histórica dentro del bloque gobernante. Un quiebre que pondría en riesgo la continuidad del proyecto de la Cuarta Transformación y marcaría el inicio del declive de Morena.

EN ESA narrativa, la coalición que llevó a la 4T al poder habría comenzado a fracturarse desde dentro.

EL ARGUMENTO suena contundente… hasta que aparece la segunda versión. Al mismo tiempo, en las mismas redes sociales, en los mismos espacios mediáticos y muchas veces en boca de los mismos opinadores, comenzó a circular otra teoría completamente distinta. Según esta segunda versión, todo habría sido una jugada maestra cuidadosamente diseñada.

UNA ESPECIE de ajedrez político donde la presidenta asumiría el costo de impulsar una reforma polémica mientras los aliados —el Verde y el PT— cargarían con el costo mediático de votar en contra. El plan, según esta fantasía estratégica, consistiría en que la derecha amplificara el escándalo en medios y redes, convirtiéndose, sin pretenderlo en parte del teatro político.

EN OTRAS palabras: todos habrían caído en la trampa.

Y AQUÍ es donde la narrativa empieza a doblarse sobre sí misma como serpiente mareada.

PORQUE si la primera versión habla de ruptura y debilitamiento del gobierno… la segunda sugiere que todo fue una maniobra calculada desde el poder. Una describe un gobierno fracturado. La otra, un gobierno tan astuto que manipula incluso a sus adversarios.

AMBAS cosas al mismo tiempo no pueden ser ciertas. Pero eso no ha impedido que ambas circulen con entusiasmo en el ecosistema mediático opositor.

EL PROBLEMA con la teoría de la conspiración es que ignora un detalle bastante elemental: el enfrentamiento entre Morena y sus aliados fue real. Si hubiera existido un acuerdo secreto para simular el conflicto, difícilmente la presidenta habría decidido exhibir el tema en plena conferencia mañanera.

AHÍ, frente a cámaras, Claudia Sheinbaum sacó la calculadora política y explicó cuánto cuesta sostener el actual modelo legislativo. El dato fue directo: 31 millones de pesos por diputado federal. Multiplicado por los 500 legisladores, la cifra se vuelve lo suficientemente escandalosa como para explicar por qué varios partidos —incluidos los aliados— prefieren que el sistema se quede como está.

NO HACE falta demasiada imaginación para entender por qué los partidos pequeños no se entusiasman con reformas que amenacen su supervivencia presupuestal. Así que no: no parece una conspiración sofisticada. Parece más bien política en estado puro.

AHORA bien, más allá del pleito parlamentario, hay una pregunta mucho más interesante: ¿qué tan grande es realmente esta “derrota” para Morena y qué tan gran “victoria” es para la oposición? La respuesta, curiosamente, es menos épica de lo que algunos quisieran. Lo único que ocurrió en términos concretos es que las reglas electorales federales se quedan exactamente como están.

NI MÁS. Ni menos. Las mismas reglas que hoy rigen el sistema electoral mexicano. Y aquí aparece otra ironía deliciosa del momento político. Esas reglas —las que hoy la oposición celebra haber defendido— fueron diseñadas, impulsadas y aplicadas por los mismos partidos que gobernaron durante el periodo neoliberal. Fueron sus reformas. Sus instituciones. Su arquitectura electoral.

EL PEQUEÑO detalle es que con esas mismas reglas terminaron perdiendo el poder frente a la 4T. Es decir, el sistema que ellos construyeron terminó volviéndose en contra de sus propios creadores.

DE AHÍ la contradicción permanente: durante años denunciaron que Morena supuestamente se beneficiaba de un sistema electoral “injusto”, pero ahora celebran que ese mismo sistema permanezca intacto.

EN ESTE Nido de Víboras hay una conclusión bastante simple. La derecha mexicana puede sostener que el gobierno está colapsando… y al mismo tiempo que controla todo con astucia maquiavélica. Puede denunciar que las reglas electorales son injustas… y celebrar cuando esas mismas reglas se mantienen. Puede afirmar que Morena está debilitado… y al mismo tiempo describirlo como una maquinaria política perversa.

AL FINAL, las contradicciones no importan demasiado. Y es que cuando el objetivo principal es desprestigiar al adversario, la coherencia suele ser el primer daño colateral.

Y EN política mexicana, como bien saben las serpientes que habitan este nido, la narrativa casi siempre importa más que la lógica.

@Nido_DeViboras

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