El horóscopo energético de los falsos profetas 

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POR KUKULKAN

HUBO un tiempo, no hace tanto, en que algunos gurús de la política mexicana parecían haber descubierto una nueva rama de la ciencia: la astrología energética. No era economía, tampoco geopolítica. Era algo más cercano al arte milenario de leer el futuro en los astros… o en las baterías de litio. Armados con gráficos, pronósticos y una fe casi mística en el advenimiento del coche eléctrico, varios personajes de la oposición nacional comenzaron a levantar su carta astral del petróleo. Y el veredicto era siempre el mismo: el crudo tenía los días contados.

ENTRE los más entusiastas intérpretes del zodiaco energético destacaba Ricardo Anaya, quien en sus videocolumnas parecía observar el firmamento tecnológico con la serenidad de un astrólogo del Renacimiento. Según su lectura de los astros industriales, el ascenso de Tesla marcaba el tránsito definitivo hacia una nueva era: la gasolina estaba destinada a convertirse en fósil… incluso antes de salir del subsuelo. Construir una refinería en ese contexto —decía— era poco menos que abrir un taller de herraduras cuando el mundo ya circulaba en automóvil.

EN ESE mismo firmamento discursivo brillaba también la excandidata del PRIAN Xóchitl Gálvez, quien se sumó al coro de pitonisas energéticas anunciando que la refinería de Dos Bocas era una obra inútil, costosa y destinada a quedar obsoleta antes de nacer. La predicción era clara: el planeta estaba a punto de alinearse bajo la constelación eléctrica. Los combustibles fósiles entrarían en fase de eclipse y México, pobre de él, se quedaría con una refinería convertida en monumento al pasado. El problema fue que el universo energético, como suele ocurrir con el universo real, no siempre obedece a los horóscopos.

MIENTRAS en México algunos políticos consultaban sus cartas astrales sobre el destino del petróleo, el resto del planeta parecía estar leyendo otro tipo de predicciones. Más terrenales. Más geopolíticas. Menos zodiacales. Porque hoy, mientras los viejos pronósticos siguen flotando en el ambiente como predicciones fallidas de un almanaque astrológico, lo que ocurre en el mundo es exactamente lo contrario: una feroz disputa global por el control del petróleo.

EUROPA pelea por su suministro energético desde que las tensiones con Rusia alteraron el tablero del gas y el crudo. Estados Unidos refuerza su presencia estratégica en regiones petroleras que curiosamente nunca han dejado de interesarle. China, por su parte, compra petróleo con la disciplina de quien sabe que el futuro energético es una transición larga, no una revelación súbita de horóscopo. Y en Medio Oriente, donde la geopolítica siempre ha tenido algo de lectura astral, las potencias siguen moviendo piezas alrededor del mismo astro que ha gobernado la economía mundial durante más de un siglo: el petróleo.

CURIOSA manera de abandonar una energía obsoleta ¿no? De todas maneras, los profetas del apocalipsis petrolero ya habían echado las cartas. Para ellos, Dos Bocas era un error cósmico. Un proyecto condenado por las estrellas del progreso tecnológico. Una refinería nacida bajo un signo equivocado del zodiaco energético. La realidad, sin embargo, tiene la mala costumbre de no consultar a los astrólogos. 

SI ALGO ha demostrado la historia energética es que las transiciones no ocurren por decreto ni por predicción. El carbón no desapareció cuando apareció el petróleo. Y el petróleo tampoco se evaporará simplemente porque existan autos eléctricos. Las transformaciones energéticas se parecen menos a una revelación mística y más a un proceso lento, lleno de contradicciones. 

POR ESO hoy vemos a países que predican energías limpias mientras invierten miles de millones en exploración petrolera. Gobiernos que anuncian el futuro eléctrico mientras aseguran reservas estratégicas de crudo. La geopolítica, a diferencia de la astrología, suele guiarse por necesidades muy concretas. 

ASÍ QUE mientras ilusos políticos mexicanos siguen esperando que se cumpla el horóscopo que anunciaba el inminente eclipse del petróleo, el resto del planeta parece demasiado ocupado peleando por él. Quizá la lección sea sencilla: en política energética conviene más mirar los mapas que las constelaciones. Cuando se trata de petróleo, el destino del mundo rara vez está escrito en las estrellas.

@Nido_DeViboras

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