Tuvo CDMX su primera prueba de movilidad rumbo al Mundial

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  • La movilidad de la Ciudad fue puesta a prueba ayer ante la reinauguración del Estadio Azteca, de cara al Mundial de Futbol.
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CIUDAD DE MÉXICO.- La movilidad de la Ciudad fue puesta a prueba ayer ante la reinauguración del Estadio Azteca, de cara al Mundial de Futbol.

Desde antes de las 15:00 horas, cuando iniciaría el servicio de transporte hacia el inmueble, aficionados ya hacían fila para abordar y trasladarse al inmueble que, durante el torneo, albergará cinco encuentros.

En ese momento, autoridades ya realizaban los primeros cierres a la circulación en el perímetro del Azteca, por lo que vialidades como Periférico y Calzada de Tlalpan comenzaron a registrar los primeros asentamientos vehiculares.

Tren Ligero, servicios de estacionamiento y transporte, taxi por aplicación o transporte particular fueron las posibilidades de arribo, al menos hasta la zona de la última milla.

“Venimos en Metro y posterior lo que es el Tren Ligero. Nos bajamos en El Vergel y caminamos como un kilómetro”, aseguró Duván, quien arribó al recinto desde la 15:00 horas para evitar contratiempos.

Otros usuarios optaron reservar viajes de taxi por aplicación.

“Ya lo teníamos planeado. Hay mucho tráfico, entonces nos tuvimos que bajar antes, ya sólo estamos esperando a que llegue otra persona para ingresar”, aseguró otro aficionado.

Para acelerar su llegada al Estadio, Ricardo optó por estacionar su vehículo en un estacionamiento aledaño a la zona.

“Nos aventamos como dos horas de camino y buscamos un lugar para estacionarnos para evitar el tráfico. Caminamos desde el Corporativo Banorte hasta acá”, apuntó.

Algunos de los aficionados optaron por dejar sus vehículos en Plaza Acoxpa, a unos metros del puente que lleva al estadio.

Carlos Zúñiga, en tanto, contó que dejó el auto en el estacionamiento del Auditorio Nacional, enseguida abordó un autobús gratuito de RTP que tardó 57 minutos para llegar al estadio.

El chofer le contó que no sabía por dónde llegar y por radio le saban instrucciones.

Mario Cuevas se estacionó en el centro comercial Santa Fe, en donde tendría que pagar el servicio y tomó al autobús de RTP, que se retrasó por una manifestación en Periférico.

A LA SALIDA

Antes de que el encuentro finalizara, aficionados comenzaron a salir del Estadio Azteca. El propósito era evitar las aglomeraciones en el transporte público disponible.

“Solamente a los que dejaron estacionados sus carros en algún lugar de estacionamiento y los trajo el camioncito de ayuda Park and Ride, y ese mismo las va a llevar a su estacionamiento.

“Es lo único. Dos o tres horas después de que termine el partido se abren completas las vialidades”, dijo un funcionario de la Secretaría de Gobierno presente afuera del recinto.

Con el pitidio final, comenzó el desaforo del inmueble.

Los accesos al Tren Ligero lucían abarrotados, con filas de varios metros.

“Nos vamos a ir en Metro, pero no vivimos aquí, vamos a un Airbnb (). Vamos a la estación Chapultepec. Esperamos que sea un trayecto largo. Muchas aglomeraciones y pues un poco de desorden”, dijo un usuario.

En tanto, filas de camiones del Trolebús aguardaban a los aficionados.

Los operadores de algunas de las unidades, sin embargo, mencionaban que trasladarían a aficionados hacia puntos como Bellas Artes o Plaza Carso.

Otros más, buscaban en sus celulares alternativas en los servicios de taxi por aplicación.

Algunos de los aficionados tuvieron que caminar entre 5 y 10 minutos desde el Estadio Banorte para poder tomar un taxi por aplicación, cuyo precio fue, en promedio, de $700.

“(La experiencia fue) mala, uno ya caminó bastante. Para entrar (al estadio) ya tuvimos que caminar mucho y también para llegar hasta acá. Y tampoco llegan los Uber, entonces estamos pensando en caminar más”, señaló Mario, visitante.

Y EL AMBULANTAJE

En zonas aledañas al Coloso de Santa Úrsula también se registró la presencia de comerciantes informales y venta de alimentos por parte de vecinos.

Playeras, máscaras de luchador, cobijas y hasta estampas con los rostros de los jugadores fueron algunos de los productos que ofertaban bajo el puente peatonal de la estación El Vergel del Tren Ligero.

“Playeras 250, gorras 50 y 100”, anunciaban pese a la presencia de elementos de la Guardia Nacional.

Desde este punto, los vendedores se extendían hasta Calle Tlalmanalco.

“Ya (en el Estadio) no nos dejaron vender, pero ni modo”, aseguró una comerciante.

A unos metros del acceso al recinto, vecinos utilizaron sus cocheras para vender alimentos.

En uno de los domicilios, los residentes improvisaron una taquería con un puesto semifijo, una mesa y sillas de plástico.

Asimismo, ofrecían servicio de sanitarios por cinco pesos, venta de dulces y pañuelos desechables.

Al terminar el partido, en el área del Centro de Transferencia Modal Huipulco, vendedores ambulantes ofrecían a los asistentes cobijas impresas con el logotipo de la Selección Mexicana.

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