El escape orbital de la realidad

Fecha:

POR KUKULKAN

¿TIENE sentido colonizar la Luna cuando hay crisis en la Tierra? La pregunta flota, como satélite incómodo, en la órbita mediática que dejó el lanzamiento de Artemis II. Mientras los motores RS-25 rugían y la cápsula Orión trazaba su trayectoria translunar, aquí abajo —en este pequeño punto azul pálido— la gravedad de los problemas sigue siendo ineludible.

LA ESCENA del lanzamiento fue impecable: fuego, vapor, cuenta regresiva y una narrativa cuidadosamente ensamblada para el consumo global. Estados Unidos volvió a apuntar hacia la bóveda celeste con la épica de quien no sólo lanza una misión, sino un mensaje. Artemis II no despega únicamente del Centro Espacial Kennedy; despega también de una realidad terrestre que resulta cada vez más difícil de administrar. Y como todo buen espectáculo orbital, necesita espectadores mirando hacia arriba.

Y ES QUE mientras la nave se inserta en su órbita de transferencia, aquí abajo las economías entran en trayectorias inestables, los conflictos geopolíticos alcanzan temperaturas de fusión y el cambio climático deja de ser pronóstico para convertirse en atmósfera. Nada de eso tiene la fotogenia de una nave cruzando el vacío.

LA NUEVA carrera espacial —esa que ya no enfrenta a Washington contra Moscú sino a Washington contra Pekín— se disfraza de cooperación internacional, inclusión y avance científico. Y sí, Artemis II lleva diversidad en su tripulación y un discurso globalista en su carga útil simbólica. Sin embargo, bajo ese barniz, el cálculo es más frío que el espacio profundo: posicionamiento estratégico, dominio tecnológico y control de los futuros corredores interplanetarios.

LA LUNA, ese viejo satélite que parecía condenado a la contemplación romántica, ha vuelto a convertirse en territorio en disputa. No por su polvo regolito ni por sus paisajes desolados, sino por lo que representa: una plataforma logística, un nodo en la arquitectura de futuras misiones a Marte y, sobre todo, un símbolo de supremacía. Quien establezca presencia sostenida en la superficie lunar no sólo gana terreno físico, sino también gravitacional en la política global.

NO OBSTANTE, la narrativa oficial insiste en vendernos la misión como un paso natural en la evolución de la humanidad. Como si la especie que aún no resuelve sus desigualdades estructurales estuviera lista para expandirse más allá de su órbita natal. Como si el problema fuera de espacio —y no de prioridades. Artemis II funciona, en ese sentido, como un eclipse conveniente: oscurece momentáneamente lo urgente con la promesa de lo extraordinario. 

ASÍ, mientras discutimos sobre trayectorias, módulos y ventanas de lanzamiento, dejamos en segundo plano temas que no admiten retrasos ni cuenta regresiva: pobreza, migración, violencia, colapso ambiental, guerras. No es casualidad. Las grandes potencias han entendido que el espacio no sólo se conquista con cohetes, sino con narrativa. La exploración espacial siempre ha sido, en parte, propaganda de alta tecnología. Durante la Guerra Fría, era la demostración de superioridad ideológica. Hoy, es la validación de liderazgo en un mundo multipolar donde el poder ya no se mide sólo en armas, sino en innovación.

CHINA lo sabe. Su programa lunar avanza con precisión casi quirúrgica, construyendo su propia estación en la superficie y tejiendo alianzas alternativas. Estados Unidos responde con Artemis y los llamados Acuerdos Artemisa, que no son otra cosa que un intento de establecer reglas —y aliados— antes de que el tablero esté completamente ocupado. En medio de esa pugna, el ciudadano promedio observa el espectáculo como quien mira una lluvia de estrellas: con asombro, pero sin capacidad de intervenir en su trayectoria. Se nos invita a celebrar el progreso mientras se nos pide paciencia en lo terrenal. A mirar hacia el cosmos mientras el suelo se agrieta bajo los pies.

Y NO, no se trata de negar la importancia de la exploración espacial. La ciencia, el conocimiento y la expansión de fronteras han sido motores legítimos de la humanidad. Pero conviene preguntarse —sin romanticismos ni efectos especiales— si este impulso responde a una necesidad colectiva o a una estrategia de distracción bien calibrada.

AL FINAL, mientras Orión completa su viaje alrededor de la Luna y regresa a casa, la mayoría de nosotros seguimos aquí, atrapados en una órbita mucho más difícil de abandonar: la de una realidad que no se resuelve con combustible criogénico ni con ventanas de lanzamiento. Tal vez el verdadero desafío no sea conquistar otros mundos, sino aprender a habitar este sin la necesidad constante de mirar hacia otro lado.

@Nido_DeViboras

- Anuncio -
Guardar esta Publicación

Compartir:

Suscríbete

Lo + Popular

Más como esto
Relacionado

Jueves 09 de abril del 2026

Jueves 09 de abril del 2026

Imponen Los Ardillos su ‘gobierno’ en la Montaña Baja de Guerrero

Zósimo Camacho Este 6 de abril, la comunidad de Xicotlán,...

Concluye FGR: trenazo en Istmo fue culpa de la tripulación

La FGR concluyó que ningún integrante de Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, adscrito a la Semar, tiene responsabilidad penal por el accidente del Tren Interoceánico que dejó 14 muertos y un centenar de heridos, el 28 de diciembre pasado.

La tregua entre EU e Irán provoca una ola de dudas

Sin haberse cumplido siquiera un día de la tregua que tiene en pausa la guerra, el presidente del Parlamento de Irán, Mohammad Baqer Qalibaf, declaró que se violaron tres cláusulas de la propuesta de 10 puntos de su país.

Continuar leyendo ...
Relacionado